Luego de caminar 14 días, las y los jornaleros de San Quintín arribaron en una caravana a la Ciudad de México; aquí coincidieron con el comité de familiares de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa y en un mitin que compartieron, hablaron de las injusticias, de sus condiciones de vida y en cómo a ambos, el actual gobierno federal les debe compromisos que firmó, pero que a pesar de los años no ha cumplido.

Ciudad de México, 18 de marzo (SinEmbargo).- Hace dos años, en 2015, Olivia Ramírez se emocionó al ver cómo en el Valle de San Quintín empezaron las protestas de sus compañeros jornaleros. Pensó de manera inmediata que por fin les aumentarían el sueldo. Recuerda que se puso contenta al ver que alguien ya se había animado a protestar y ella de inmediato apoyó el movimiento porque supe que lo que resultara, sería benéfico para todos.

Pero dos años después, Olivia llegó en una caravana que duró 14 días, que salió de Baja California, recorrió siete entidades y llegó a la Ciudad de México para exigir que sus triunfos obtenidos de protestas y paros de labores en 2015, se cumplan, como lo prometió y lo firmó el Gobierno federal.

El Valle de San Quintín está ubicado en el municipio de Ensenada y conglomera a cerca de 20 zonas agrícolas del país que se especializa en la producción y exportación de hortalizas y fruta.

El 17 de marzo de 2015, las y los jornaleros de San Quintín realizaron un paro de labores histórico y denunciaron que las condiciones en que trabajaban eran una “esclavitud moderna”. Cerca de 80 mil trabajadores decidieron abandonar el silencio e hicieron públicas las condiciones de trabajo que se forjaron durante 30 años. Mujeres, hombres y menores trabajan hasta 15 horas en los campos de fresas, pepino, arándano, chile, tomate, mora y calabaza, están expuestos de manera directa a los químicos, trabajan diario y sin ninguna prestación, viven en casas de cartón y plástico por las que además deben pagar una renta, con un salario de máximo 150 pesos diarios.

También se hicieron públicos los casos de hostigamiento y abuso sexual a trabajadoras por parte de los capataces de los campos.

Olivia, una mujer de 40 años, que trabaja ahí en San Quintín en la pisca de fresa, tomate, calabaza, pepino, tomatillo, cherry, frambuesa, mora y más, se fue de Oaxaca, lugar donde nació, cuando tenía 12 años. Desde entonces no ha dejado de trabajar ahí y se fue porque siempre se le dijo que los empleos cerca de la frontera eran mejor pagados.

Diario, ella, por ser mujer, se despierta a las 3 de la mañana y hace tortillas y comida. A las 4:45 toma el camión que la lleva al trabajo, porque entra a las 6:30 y sale hasta las 18 horas.

Luego llega a su casa, se baña  y prepara la cena. Dice que si bien le va, podrá lavar ropa, sino tendrá que tomarse un día para lavar.

–¿Su día de descanso lo usa para lavar?

–¡No! Ahí no hay día de descanso, nosotros lo tomamos y ni siquiera es para descansar, es para lavar toda la ropa, a limpiar la casa y claramente es un día sin pago. Entonces hay veces que me termino durmiendo hasta las 12, aunque me tenga que despertar tres horas después, con tal de no faltar al trabajo.

Olivia explica que luego del aumento que los patrones les dieron, que fue de 40 pesos, sirvió de poco porque vino luego un incremento forzado en su producción diaria.

“Cuando nos pagaban a 120 pesos, entrábamos a las 6:30 y salíamos a las 15 horas. Ahora, que ya pagan 150 pesos, salimos hasta las 18 horas. Si antes con 15 cajas ya se sacaba el día, ahora ya son 18 o 20 cajas, 50 u 80 botes. Todo diario”, dice.

El trabajo lo realizan con la mínima protección. Utilizan un paliacate en la cabeza arriba de una gorra y otro que se lo ponen en el rostro, que los cubre de la nariz para abajo. Sólo con eso se protegen de la fumigación que realiza la empresa a pesar de que ellos estén ahí y los químicos sean dañinos.

Todos tenemos la cara muy maltratada por lo mismo, aunque nos tapemos, pero el calor ahí es demasiado que llega un momento en que te quitas el trapo, sino a veces la gente se desmaya por tanto calor”, comenta Olivia.

En el mitin, los jornaleros que tomaron el micrófono no se refirieron a otra cosa más que al cumplimiento de las exigencias que hicieron públicas hace dos años.

“Cueste lo que cueste hay que ganar. Ya empezamos la lucha y con nuestro triunfo terminará”, dijo uno de los jornaleros a otro abajo del templete.

Olivia comenta en entrevista que sólo quieren que se les cumpla lo que prometieron hace dos años, no más: “A nosotros nos dolió dejar nuestra casa, nuestros hijos, todo, y venir en la caravana, pero tenemos que hacer algo, ¿cree que es bonito andar durmiendo en el piso, comer una vez al día? No. Los ricos a lo mejor dicen que estamos locos, pero ellos ganan bien, tienen 20 mil a la quincena y eso no lo ganamos nosotros ni en un año. Muchos dirán que qué hacemos aquí, pero qué más quisiera yo que estar en mi casa a gusto, comer a mis horas mis frijoles y dormir en mi cama, pero lo que hemos sufrido estos 14 días, lo vale. Tenemos que seguir adelante. Ni un paso atrás, dicen”.

Fidel Sánchez Gabriel, uno de los líderes de los jornaleros, refirió que este es uno de los grupos más vulnerados del país y que prácticamente no goza de ningún derecho.

“No tenemos seguridad social, no recibimos atención médica, de por sí el gobierno evade su responsabilidad a través del seguro popular. Esta situación se está dando en todo el país y lo vimos en nuestro recorrido. Ya hicimos compromisos con nuestros compañeros jornaleros de Sonora, Hermosillo, Obregón. También con nuestros hermanos de la nación Yaqui, de que este año los pueblos originarios de México debemos de unificarnos más, no nos veamos por separado, caminemos juntos hacia un futuro mejor tuna patria nueva”, comentó.

Puso como ejemplo el caso de Hermosillo, donde hay 17 mil jornaleros, en Obregón 20 mil, que ni siquiera conocen qué es aguinaldo, vacaciones, prima vacacional, reparto de utilidades, ni descanso en los días festivos y que no están afiliados al IMSS.

“Queremos una condición de vida diferente. Pero con los años seguimos arrastrando lo mismo, es la misma demanda de muchas generaciones, la diferencia es que con sacrificios, con encarcelamiento, represión, pudimos conseguir el registro de un sindicato independiente nacional de jornaleros y jornaleras, primera vez en la historia de nuestra patria”, agregó.

La mayoría de los campesinos del Valle, son oriundos de estados como Oaxaca, Guerrero, Chiapas, Veracruz, Michoacán y Nayarit, la mayoría de origen indígena.

El estudio “La industria del tomate en Baja California, México”, realizado por el Proyecto sobre Organización, Desarrollo, Educación e Investigación (PODER, por sus siglas en inglés) y el Proyecto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales A.C. (Prodesc), retrata con casos algunas de las condiciones laborales de los jornaleros.

En la comunidad de Flores Magón, por ejemplo, los residentes tienen acceso sólo a una escuela primaria, pero no cuentan con guarderías gratuitas ni con escuela secundaria. Hay un centro de salud, un centro de desarrollo de la familia y un centro para los derechos de las mujeres indígenas, pero los residentes no tienen acceso a servicios de salud básicos como una farmacia o un hospital.

Los encargados de la administración de las granjas se niegan a contratar a mujeres embarazadas y que despiden a las que lo están.

“La principal violación de los derechos humanos de muchas trabajadoras en el Valle de San Quintín se relaciona a la imposibilidad de acceder a un salario suficiente y beneficios. En primer lugar, la ley mexicana requiere que los empleadores paguen a sus trabajadoras en moneda de curso legal, a menos que la trabajadora solicite otros métodos de pago. Sin embargo, las empleadas de Arbejas de la Costa y de Monsanto Seminis informan que se les paga a través de una tarjeta que sólo les permite recibir sus pagos en el banco HSBC. Según las trabajadoras, no se les permite recibir su pago de ninguna otra manera. Debido a que las trabajadoras no cuentan con fácil acceso a una sucursal del HSBC en muchas partes del valle, han pedido una forma alternativa de pago pero sin éxito89. Estos empleadores, mediante la imposición de estos planes de pago, violan de manera recurrente el derecho de las trabajadoras de recibir el pago directamente en la moneda de curso legal”, dice el documento.

También hay trabajadoras que reciben en forma de pago cheques sin fondos; algunos ranchos hacen convenios con un mercado local para que los trabajadores puedan usar sus cheques para comprar cosas únicamente allí. Asimismo, los empleadores en el valle violan sistemáticamente el derecho al sueldo mínimo y las empleadas se ven obligadas a realizar horas extras bajo la amenaza de no cobrar el sueldo mínimo o ser despedidas.