Foto: Facebook

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Ciudad de México, 18 may (Sin Embargo).- Con la arrogancia aristocrática a la que sólo da derecho la edad, la fuerza salvaje de un verbo que comienza a buscarse apasionadamente en los albores de una palabra que se presiente nutrida e imprecisa, la joven escritora veracruzana Fernanda Melchor, deslumbra con su primer libro de crónicas Aquí no es Miami.

Se trata del segundo volumen de la colección impulsada por el escritor y editor mexicano J.M.Servín, luego de que el año pasado diera a conocer el muy recomendable Historias del más allá para un México de hoy, a cargo de Gerardo Lammers, en su sello El salario del miedo, que ha comenzado a distribuir Almadía.

Nacida en 1982, Melchor es licenciada en periodismo por la Universidad Veracruzana y tiene una mención en ciencias políticas por el Institut d’Études Politiques de Rennes.

Ha sido reportera y editora en medios de comunicación locales y estatales. En 1995 fue finalista del Premio Sergio Pitol (cuento) de la Universidad Veracruzana. Ese mismo año recibió una beca de Estímulo a la Creación Artística del Gobierno de Veracruz para escribir la novela inédita Morir en viernes. En 2002 obtuvo el Premio al Estudiante Universitario Jorge Cuesta en la categoría de cuento.

Actualmente, vive en Puebla y entre otras muchas cosas que hace coordina el blog olasdesangre.wordpress.com.

Precisamente, de ese proyecto nació el libro. Estamos realmente ante un fenómeno editorial más que interesante. La manera en que una joven autora se abre paso sin ningún problema para llegar a tener más temprano que tarde su propio libro en las manos es la muestra clara del peligro real que representan las nuevas tecnologías.

Mientras se discute si el libro electrónico reemplazará al de papel o si los medios digitales acabarán con la prensa escrita, muchos nuevos escritores, entre ellos la talentosa Fernanda Melchor, se sirven de las nuevas herramientas para expresar lo que piensan y comenzar a construir una obra sin pedir permiso a sus mayores.

Nace una generación de escritores para quienes dar a conocer sus textos es un paso superado incluso antes de comenzar a hacerlo, lo que merece más de un análisis, aunque el tema no sea el centro de este reportaje.

Porque el tema es Fernanda y su libro Aquí no es Miami, que la propia autora ha definido como el compendio de crónicas sobre Veracruz que “Fidel (Herrera) no quiere que leas.

Se trata de un volumen devastadoramente salvaje y rústico que conmociona y nos hace girar la vista hacia fronteras y paisajes que a menudo ignoramos.

Melchor es una joven escritora con todo lo que implica ser una joven escritora. A veces se le notan demasiado las estrategias por medio de las cuales teje sus historias y no suele dosificar la ansiedad que despierta en una autora primigenia el saberse frente a un hecho que quiere narrar tal cual lo vive.

Es en esa frescura, en esa honestidad brutal, donde Fernanda deslumbra y nos hace cómplices de su palabra devastadora: quiere contar y aquí estamos, como lectores, para escucharla.

“Lo que me interesa es contar una historia, encontrar una forma que sea atractiva para el lector, que sea emocionante”, dice en entrevista exclusiva con SinEmbargo.

UNA HISTORIA ES COMO UN BUEN CHISME

“Una historia al fin y al cabo es como un buen chisme, te tiene que atrapar de principio a fin”, dice Fernanda Melchor, para la que muchos de los trabajos que se llevan a cabo actualmente en el marco de la crónica periodística, “carecen de esa sabrosura y por tanto resultan insípidos”.

“Por ejemplo, me gusta mucho la nota roja, es decir, las historias que terminan mal, pues. Generalmente, cuando las encuentras en los periódicos, te das cuenta de que están narradas a través del estereotipo y con mucha prisa”, dice.

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–          ­Diríamos en ese sentido que Aquí no es Miami es un compendio de historias sin urgencias, al menos sin la premura del cierre…

–          Sí, claro. Pasó que lo que quería era escribir una novela, pero no estaba lista para hacerlo. De pronto comenzaron a llegarme esas historias y quise encontrarles una forma narrativa interesante. Precisamente, no me preocupaba tanto el tema de mi propia escritura, pues no eran historias salidas de mí, sino de la gente que me las contaba. La de la reina del carnaval que mata a sus hijos, nadie había hecho una investigación al respecto. No tenía prisa y aunque el proceso de escritura fue un poco más rápido que el de investigación, no tenía atrás a un editor corriéndome.

–          Aquí no es Miami es un mazazo porque no se agarra con uñas al paisaje para construir un naturalismo de postal…no es Miami, es Veracruz, aunque podría ser Marsella…

–          El problema de todo lo que se escribe sobre Veracruz es que abunda en esa retórica del puerto bullanguero, desmadroso, las cantinas, que me aburre un poquito, la verdad. No porque Veracruz no sea eso, que lo es, sino porque es un montón de cosas más a las que a menudo no se hace referencia.

–          Contar una historia nos ayuda a entender y a encontrar alguna respuesta a hechos que no tienen respuesta, ¿verdad?

–          Es que la vida no es buena ni mala, somos todos un poco de cada cosa. Contar una historia, escuchar las distintas versiones que la gente da de un hecho, nos permite ver cómo casi todo lo que pasa se inserta a menudo en marcos mucho más amplios. Alguien me preguntaba el otro día porqué la crónica en torno a la mujer que mata a sus hijos concluye con un final abierto y la verdad es que en la vida esa historia no ha terminado. Te puedes topar con ella en cualquier momento, caminando por el puerto de Veracruz…Por otro lado, el guión de la vida suele ser repetitivo, son las circunstancias que rodean a cada caso lo que conviene explorar, lo que uno puede aportar como narrador es ese detalle, las variaciones sobre cada tema.

–          Las historias así narradas, además, nos ayudan a darnos cuenta de que podríamos ser los protagonistas de lo que cuenta…

–          Sí, eso lo quise remarcar sobre todo en la crónica “Veracruz se escribe con Zeta”. Hubo un periodo en Veracruz de mucha violencia, con balaceras a diario, pocos meses antes de los 40 cadáveres abandonados en la plaza pública, a plena luz del día. Todo el mundo obviamente hablaba de ello pero como si fuera sólo un asunto entre los malos, coincidiendo con la respuesta de (Felipe) Calderón, en el sentido de que “se están matando entre ellos”. En 2010 le dieron un doctorado Honoris Causa a (Héctor) Aguilar Camín, quien entre otras cosas dijo que no tenemos que preocuparnos por el narco, pues el narco lleva adentro de sí la semilla de su propia destrucción. Pensé inmediatamente que eso no es así, que cuando los Zetas llegan a Veracruz se insertan en una red criminal que ya existía y que aprovecharon. Es una sociedad esquizofrénica. Alguien te cuenta que acaba de sobornar a un agente de tránsito y al mismo tiempo hace votos para que se termine la violencia, sin aceptar o ver que todo está ligado.