“¿Cómo puede entenderse que al mismo tiempo asesinen a otros seres humanos?”. Foto: Especial

Tanto soñé contigo que pierdes tu realidad. ¿Habrá tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo y besar sobre esa boca el nacimiento de la voz que quiero? Tanto soñé contigo que mis brazos habituados a cruzarse sobre mi pecho abrazan tu sombra, quizá ya no podrían adaptarse al contorno de tu cuerpo.

Éstos son los últimos versos que escribió Robert Desnos. Encerrado en el campo de concentración de Terezin, sometido a las peores privaciones y vejaciones, dedicó sus días finales a escribir un poema. En él no habla del horror, no habla de la violencia, no habla del dolor ni del hambre que padecía. El poeta surrealista creó en esas circunstancias de muerte uno de sus más delicados poemas de amor.

Tanto soñé contigo, tanto caminé, hablé, me tendí al lado de tu sombra y de tu fantasma que ya no me resta sino ser fantasma entre los fantasmas, y cien veces más sombra que la sombra que siempre pasea alegremente por el cuadrante solar de tu vida.

A pocos días de la liberación, un estudiante checo lo reconoció entre otros hombres moribundos, y vio que del bolsillo de su traje a rayas asomaba un papel: Tanto soñé contigo… estaba escrito en él.

Raúl Zurita retomó esta historia al recibir el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2016. Dijo entonces: …Opongo entonces la infinita devoción de ese poema, su insobornable pureza, a todas las crueldades de la historia, porque si la poesía de Robert Desnos no existiera, si el arte no existiera, probablemente la violencia sería la norma. Pero existe, y el solo hecho de que alguien en medio del holocausto, pueda escribir algo tan increíblemente bello como “Tanto soñé contigo que pierdes tu realidad”, hace que el crimen sea infinitamente más crimen y el asesino infinitamente más asesino.[1]

En un par de días, el 21 de marzo, se celebrará el Día Mundial de la Poesía; una iniciativa de la UNESCO que me permite recordar hoy esta fuerza de vida que lleva a los poemas a oponerse a la violencia, al dolor, a la muerte. En la Europa del nazismo, en el Chile de la dictadura (el propio Zurita escribió esos versos que me ponen la piel chinita.

La pregunta crucial que plantean los grandes poemas es: si los seres humanos son capaces de escribir el Cántico de todas las criaturas de San Francisco, de pintar los retablos de Fra Angélico o la mujer con flores de Diego Rivera, si pueden ejecutar con zampoñas la música más profunda y bella del planeta, la música boliviana, ¿cómo puede entenderse que al mismo tiempo asesinen a otros seres humanos? Si la sobrecogedora voz de Isabel Aldunate cantó frente al país destrozado “El ayuno”, si Violeta Parra, sabiendo que se iba a matar, compuso ese himno que se llama “Gracias a la vida”, ¿cómo, con qué palabras puede explicarse que otros hayan hecho de los estadios mataderos de hombres? Si el poeta Robert Desnos, uno de los fundadores del surrealismo, cruzó los campos de exterminio, ejecutando, en las condiciones más infernales que se puedan concebir, el acto absolutamente delicado de corregir un poema de amor, ¿cómo pueden comprenderse las gasificaciones masivas, los hornos crematorios, Auschwitz? Un estudiante adicto al surrealismo, que había entrado con los partisanos checos, Josef Stuma, reconoció a Desnos entre los moribundos y recogió el poema. No contenía ninguna referencia a los campos ni a las circunstancias en que fue escrito. Era solo un poema de amor, pero precisamente porque era solo eso; un poema de amor en medio del infierno, constituye la denuncia más feroz que alguien haya hecho del horror del genocidio.

“Tanto soñé contigo que pierdes tu realidad. ¿Habrá tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo y besar sobre esa boca el nacimiento de la voz que quiero? Tanto soñé contigo que mis brazos habituados a cruzarse sobre mi pecho abrazan tu sombra, quizá ya no podrían adaptarse al contorno de tu cuerpo. Y frente a la existencia real de aquello que me obsesiona y me gobierna desde hace días y años seguramente me transformaré en sombra. Oh balances sentimentales. Tanto soñé contigo que seguramente ya no podré despertar. Duermo de pie, con mi cuerpo que se ofrece a todas las apariencias de la vida y del amor y tú, la única que cuenta ahora para mí, más difícil me resultará tocar tu frente y tus labios que los primeros labios y la primera frente que encuentre. Tanto soñé contigo, tanto caminé, hablé, me tendí al lado de tu sombra y de tu fantasma que ya no me resta sino ser fantasma entre los fantasmas, y cien veces más sombra que la sombra que siempre pasea alegremente por el cuadrante solar de tu vida.”

 …Opongo entonces la infinita devoción de ese poema, su insobornable pureza, a todas las crueldades de la historia, porque si la poesía de Robert Desnos no existiera, si el arte no existiera, probablemente la violencia sería la norma. Pero existe, y el solo hecho de que alguien en medio del holocausto, pudo escribir algo tan increíblemente bello como “Tanto soñé contigo que pierdes tu realidad”, hace que el crimen sea infinitamente más crimen y el asesino infinitamente más asesino.[2]

 

[1] http://www.elclarin.cl/web/noticias/cultura/19668-discurso-de-agradecimiento-del-poeta-raul-zurita-al-recibir-el-premio-iberoamericano-de-poesia-pablo-neruda-2016.html

[2] http://www.elclarin.cl/web/noticias/cultura/19668-discurso-de-agradecimiento-del-poeta-raul-zurita-al-recibir-el-premio-iberoamericano-de-poesia-pablo-neruda-2016.html