Ahora, el gobierno de Quirino Ordaz Coppel se encuentra en una encrucijada donde cada una de las pistas es igualmente difícil para cualquier aterrizaje: Foto: Cuartoscuro.

Hay quienes afirman que con el asesinato del querido amigo y colega Javier Valdez, terminó el tiempo en que el crimen organizado  “no se metía con la gente” y, ahora una vez levantado el telón protector, todos, absolutamente todos, estamos expuestos a ser sacrificados.

No estoy de acuerdo del todo con esta afirmación de fondo porque el origen de este doloroso crimen, -al que habrá que agregar el de los cinco maestros, el del regidor navolatense y el del abogado Miguel Ángel Sánchez Morán-, esta sostenido en aquella tesis  etarra de que entre más cuerpos se ponen sobre la mesa, mejor a la hora que el adversario tomara decisiones, mejor para imponer sobre su propia voluntad, mejor para que el gobierno unilateralmente arreara su estrategia de seguridad y mejor para que las cosas vuelvan  a ser igual que en el pasado y entonces, si así son las cosas, estamos hablando de que estos ataques fueron fríamente calculados.

El gobierno que encabeza Quirino Ordaz Coppel optó, aunque sería más preciso decir que se le asignó un camino distinto al que se había transitado a lo largo de sexenios, aquel donde las cosas del gobierno y las de la delincuencia organizada parecían transitar paralelamente sin estorbarse entre sí, cada cual tenía su espacio y eso provocaba un equilibrio virtuoso en beneficio indirecto de la sociedad –con todos los asegunes que se quiera- y que ahora no existe más.

Las cosas han cambiado radicalmente, la puesta en marcha de un programa de seguridad pública militarizado ante la evidente impotencia de las policías estatales y municipales.

Ahora, el gobierno de Quirino Ordaz Coppel se encuentra en una encrucijada donde cada una de las pistas es igualmente difícil para cualquier aterrizaje:

La primera sería renunciar a la estrategia asignada y volver al esquema de cohabitación que se sostuvo hasta el gobierno de Malova, lo que sería un paso atrás en la lucha que el gobierno ha desplegado que si nos vamos por los números no hay nada que indique una mejoría sensible por el contrario hay un incremento. Asalta, además, la pregunta  de si es una decisión que pueda tomar un gobierno estatal sin considerar a quienes realmente deciden los temas de seguridad nacional, que dicho de paso va más allá del ámbito nacional, del Presidente, las instituciones.

La segunda es que el gobierno sostenga la estrategia tope con lo que tope y que esto escale de manera de que si ahora los caídos son periodistas, maestros o abogados, mañana podrían ser personas igualmente honorables de otras profesiones u oficios incluidos políticos, empresarios o altos funcionarios públicos.

Está visto que las balas de la última semana estuvieron destinados a actores sociales de mayor o menor visibilidad pública pero todos ellos de honda sensibilidad pública, y claro, buscaban sacudir al gobierno federal, elevar el nivel y tono de las protestas sociales. Se trataba, en fin, de hacer notoria capacidad de reacción ante la nueva estrategia que significó la detención de dos de sus líderes.

Sostener la militarización del estado es reconocer sin más, como diría un político en funciones, la reedición de la célebre Operación Cóndor ejecutada en los ya lejanos años setenta y que provocó una diáspora con daños colaterales profundos especialmente en la región del Triángulo Dorado y hoy, sin duda, de corroborarse tiene y tendría efectos mayores sobre la vida pública.

Lo cierto es que las cosas no pueden seguir así y solo esperamos una luz al final de este camino tortuoso. Ese que Javier recorrió recuperando historias, que como los relatos de Honorato de Balzac, describe la naturaleza de la sociedad y la vida misma.

El Gobernador tiene enfrente a franjas de una sociedad insatisfecha, molesta, irritada, desesperada, el proyecto económico tambaleante, desde antes de que se cometieran estos últimos crímenes que como dice Riodoce “le ha pegado en el corazón”. Los mismos que se acumulan a los cientos de este año y aquellas franjas sociales tienen la percepción de que el discurso oficial solo quiere ganar tiempo para imponer el olvido. Pero, creo, le falla el cálculo.

En definitiva, cualquiera que sea la decisión tomado en esa reunión del gabinete de seguridad pública nacional habrá de ser la “posible” en un contexto de opciones escasas y acotadas.

Mientras eso ocurre, la zozobra que genera estar indefenso, hace más grande la figura de Javier que sin duda la entregó a su pasión por México y en especial al mejor de los periodismos que sin duda, es el de carne y hueso, el de los barrios y las calles.

Y, aun con todo y el miedo, puso a la gente en la calle.