Genaro García Luna es un personaje polémico, rechazado por amplios sectores de la sociedad civil, cuestionado por presuntos nexos con el crimen organizado, denunciado por corrupción. ¿Por qué entonces Felipe Calderón lo sostiene en su puesto de secretario de Seguridad Pública?, dice un reportaje de Sanjuana Martínez publicado este domingo por la revista Día Siete.

“Gris, arrogante, inseguro, huraño y sin carisma, García Luna (Ciudad de México, 1968) es uno de los funcionarios del gobierno calderonista que más repudio ha acumulado durante el presente sexenio. Es un prestidigitador que cruza con impunidad la delgada línea que divide lo lícito de lo ilícito. Su ostentación de riqueza, su desprecio por los derechos humanos, su indolencia ante casos emblemáticos de injusticia, sus abusos de poder, sus relaciones inconfesables y sus históricos montajes televisivos, lo convierten en una persona non grata, en una figura oscura bajo sospecha permanente… en el indeseable del actual gobierno”, dice el reportaje.

Sanjuana Martínez señala que García Luna pertenece al equipo personal de Calderón. “Ambos han incursionado en proyectos ambiciosos de todo tipo. Y ambos se conocen mutuamente su talón de Aquiles. Las manchas del expediente laboral de García Luna son muchas, pero el Ejecutivo no puede ni quiere, prescindir de su amigo, su cómplice, su más estrecho socio; testigo irreemplazable de sus aciertos y errores. García Luna conoce el pasado y presente de Felipe Calderón. Es el gran operador del sexenio. Él que manda en la sombra. El valido del Emperador sostenido por el Ejército y la Iglesia. El Sumo Pontífice de los sacerdotes-policías-cívicos”, agrega.

“García Luna es el Vice Presidente de facto de México”, dice a la reportera el analista político John M. Ackerman, investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, “ha habido cambios en todo el gabinete, pero él es inmovible. Calderón es al parecer el que sigue órdenes”.

Para el politólogo, agrega, las fuerzas militares y las fuerzas de seguridad pública, junto con la Iglesia son los que terminan mandando: “Son los pilares del autoritarismo. Y con el sacerdocio-cívico de los policías denominado por Calderón se condensa el régimen autoritario. Son los curas-cívicos mezclados en uno solo. Al final de cuentas, García Luna termina siendo el Arzobispo del orden y la paz de México”.

Nacido el 10 de julio de 1968 en el Distrito Federal en el seno de una familia de clase media baja, García Luna creció en la calle Herón número 6 de la popular colonia Primero de Mayo de la delegación Venustiano Carranza. “Fue siempre un chico introvertido. Tiene un problema de tartamudez que le dificultó relacionarse abiertamente con la gente y que se tradujo muy pronto en resentimiento social”, dice el reportaje.

Estudió ingeniería mecánica en la Universidad Autónoma Metropolitana. Se casó y tiene dos hijos, Luna y Genaro. “Por cuestiones del destino nunca explicables le llegó su primer puesto de seguridad, algo muy alejado aparentemente de su vocación profesional. Se convirtió en espía del Cisen (Centro de Investigación y Seguridad Nacional) y allí trabajo diez años y fue subdirector de Protección, jefe del departamento de Investigación de Servicios Técnicos e investigador de la Subdirección de Asuntos Extranjeros Aprendió las más avanzadas técnicas de espionaje telefónico, contrainteligencia en asuntos militares, policiacos y especialmente contra grupos subversivos. Allí se formó y obtuvo las mañas suficientes para construir subterfugios en su vida”, señala el reportaje publicado hoy por la revista dominical con un tiraje superior a los 250 mil ejemplares.