“Con sus recientes declaraciones nos queda claro que no tiene problemas de salud mental”. Foto: Especial

Sabíamos que había duda sobre la salud mental de Vicente Fox Quezada.

Su incontinencia verbal la hemos atribuido a un problema de medicación. Y sus escandalosas opiniones a una pérdida de valores, sobre todo, democráticos y éticos.

Pero con sus recientes declaraciones nos queda claro que no tiene problemas de salud mental, más bien, tiene un problema llamado deshonestidad y otro conocido como exceso de cinismo.

Fox no está loco como muchos piensan, al contrario, está bastante cuerdo y sabe lo que quiere para seguir recibiendo las prebendas del poder traducidas en dinero constante y sonante para llenar sus cuentas bancarias en el extranjero y particularmente en paraísos fiscales.

Él y su esposa Martha Sahagún debieron haber sido enjuiciados por corrupción, por negocios ilícitos, por el robo al erario a manos llenas, por los negocios sucios a través de sus hijos, hijastros, los Bribiesca.
A Fox se le debió procesar, pero como estamos en el reino de la impunidad, pues se le dejó libre creyendo que se iba a retirar a su rancho listo para la producción de marihuana.

Se equivocaron quienes pensaron que Fox quería un retiro tranquilo, una jubilación de reyes con su pensión vitalicia pagada por todos los mexicanos. Se equivocaron los que creyeron en él, los que apostaron por su honradez, por sus principios democráticos.

No señoras y señores, Fox no está loco, está infectado por un virus llamado poder. Si alguien dudaba que el poder enferma, solo basta que eche un vistazo al historial de los últimos años del ex presidente panista o priísta, ya no se de qué partido es. Fox es el paradigma de esa patología llamada avaricia, generada por el enriquecimiento ilícito.

Fox quiere seguir haciendo caja y llenando sus cuentas bancarias. Y para ello se ha inventando un personaje locuaz, aparentemente inofensivo; delirante a veces, descabellado en otras ocasiones, pero al fin y al cabo, un loquillo que va haciendo declaraciones para escandalizar, que va dando la nota, el titular.

A Fox le gusta que la gente se reía, que se divierta con sus idioteces propias de un payaso. Le encanta salir en los periódicos, que lo entrevisten para la tele, hablar y hablar en la radio.
Gracias a esa atención mediática que le brindan los medios más cercanos al poder, él hace dinero a manos llenas. Los escándalos siempre han vendido y Fox lo sabe y lo explota. De esa manera se cotiza más alto. Después de cada declaración escandalosa, la tarifa para sus nefastas e inocuas conferencias sube.

Fox ya encontró su favorito modus vivendi, ya se convirtió en diletante, ya supo lo que se siente no trabajar y ganar dinero, ya aprendió a disfrutar de los intereses bancarios que le dan sus millones mal habidos. Le agarró sabor pues, a la holgazanería. Está hecho un auténtico gandul, un haragán, un vago con vida de lujo.

Pero este vividor del sistema, este corrupto disfrazado de loquillo inofensivo, tiene un objetivo claro: acabar con Andrés Manuel López, impedir que llegue a la presidencia. Ya lo ha logrado en dos ocasiones. Él y sus amigos poderosos, enriquecidos con el trabajo y el sudor del pueblo mexicano, por supuesto que van a seguir luchando contra el líder nacional de Morena, porque por primera vez en la historia reciente de México, existe un candidato a la presidencia que ofrece algo distinto a los otros, alguien que está dispuesto a quitarle sus privilegios.

Fox acaba de declarar que se encargará personalmente y no va a permitir que López Obrador llegue a la presidencia. Dice que por ese motivo se ha “reactivado políticamente”.

El descaro total fue cuando Fox dijo sin ambages, sin tapujos, dijo que por “amor a México”, él tiene sus “mañas” para impedir que López Obrador sea presidente: Si no el pueblo de México, yo me voy a encargar, yo personalmente, de que ese cuate (AMLO) no llegue, no queremos otra Venezuela aquí, no queremos más populismo y demagogia. Yo tengo mis mañas, yo tengo mis mañas.

¿Y cuáles son esas mañas que ya practica Vicente Fox? Me imagino que son las mismas mañas que practica el INE y su presidente, el deleznable Lorenzo Córdova Vianello. Me imagino que sus mañas son las que siempre han tenido los dueños del dinero, los empresarios explotadores, hambreadores, esos empresarios que han dado un pellizquito de su fortuna a otros partidos a otros candidatos, que han comprado ilegalmente la voluntad de pueblo para atajarle el paso a López Obrador.

Efectivamente son un grupo de “mañosos” contrarios a los valores democráticos. Fox y sus amigos, priistas y panistas, incluso algún que otro perredista, son enemigos de la libertad, de la justicia y la decencia. Están empeñados en mantener a los mexicanos bajo el yugo de su poder económico y político, generador de pobreza y miseria.

Fox dice estar muy preocupado por México porque no quiere que se convierta en otra Venezuela. No es necesaria su preocupación, México ya esta convertido en Bangladesh o un país africano donde gracias a él y sus amigos, existen 70 millones de pobres. México está peor que Venezuela y si no me creen busquen las estadísticas de la distribución de la riqueza acumulada en 400 familias, busquen las estadísticas de la nula movilidad social: un albañil ha estado condenado a que sus hijos sean albañiles durante las últimas tres o cuatro generaciones. Busquen las cifras de la perdida del poder adquisitivo de los trabajadores a niveles del 90 por ciento con minisalarios de 1760 pesos al mes. Eso es estar peor que Venezuela.

Fox y sus aliados constituyen “la maña” una palabra utilizada para definir a los delincuentes aquí en el Norte del país. Fox y sus amigos son la mafia en el poder, esa mafia que está empezada en seguir hundiendo a México a cambio de sostener sus muchos beneficios.

El mañoso Fox, ese hombre que con astucia y engaño, con su locuaz verbo pretende convencer a los mexicanos que él y sus amigos siguen siendo una opción “democratica” para México, puede estar tranquilo, sus palabras caen irremediablemente en el pozo de la suciedad del sistema político que aglutina a sus socios.

Los mexicanos ya no queremos “mañas” de nadie, ya no queremos loquillos salvadores, orates delirantes, chiflados de poder, enajenados con el dinero, perturbados por tanta medicación sin control profesional, trastornados por el enriquecimiento ilícito, frenéticos a consecuencia de la impunidad de la que gozan, monomaníacos sin ética, enloquecidos por ser parte del sistema político de impunidad.

Fox se dibuja a sí mismo cada vez que habla, cada vez que lo entrevistan los merolicos alcahuetes y aparece en su real dimensión como un furioso enemigo de la democracia, un peligro para México.

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