Por Roberto Ponce

MÉXICO, D.F. (apro).- Obesa, rubia, vanidosa pero de noble corazón, la excelsa diva de la ópera italiana Bianca Castafiore, alias El ruiseñor milanés, es el único personaje femenino destacado de Las aventuras de Tintín, la famosa serie de 24 álbumes de caricaturas que inventara el dibujante belga Hergé (Georges Prosper Remi) entre 1929 y 1983.

Hace casi tres décadas, el director de cine norteamericano Steven Spielberg (Cincinnati, 18 de diciembre 1946) contactó telefónicamente al creador del joven reportero “Tintín” para comprarle los derechos de autor de la revista El secreto del unicornio (1956) y filmar esta historieta en la pantalla grande; pero Hergé falleció dos semanas después, el 3 de marzo de 1983 a los 75 años de edad, por lo que aquel proyecto de película permaneció en el limbo.

Hergé le había dedicado al Ruiseñor milanés en 1963 el álbum detectivesco Las joyas de la Castafiore (donde el misterio es resuelto por “Tintín” gracias a una pista que sigue por la trama operística de La urraca ladrona) y para 1983 llevaba muy avanzada una última historieta (la 24) Ttintín y el Arte-Alfa que no alcanzó a concluir, otorgándole un rol central.

Spielberg retomó aquel viejo proyecto el año pasado, una vez que obtuvo de la segunda esposa de Hergé, Fanny Vlamynck (1934) los derechos para filmar en dibujos animados de 3ª Dimensión una trilogía de Las aventuras de Tintín, con Peter Jackson de Vita Digital Nueva Zelanda, cuya primera cinta El secreto del unicornio estrenó en México este año.

Para esta reciente película en 3D, Spielberg introdujo la figura de la Castafiore quien, ante el jeque de Bagghad e invitados, interpreta (en voz de la soprano texana Kim Stengel) las arias “Cavatina´s Rosina” de El barbero de Sevilla (1816) de Gioachino Rossini (1792-1868) y “Je veux vivre” de la ópera Romeo y Julieta (1867), del francés Charles Gounod (1818-1893). Al alcanzar una nota muy aguda, Castafiore quiebra todos los cristales de la sala y desencadena emocionante persecución final del filme.

La nueva película incluye elementos de El tesoro de Rackham El Rojo (1938) y de La jaiba de las pinzas de oro (1941) para que los lectores de Las aventuras de Tintín se enteren que uno de los ancestros del intrépido capitán Archibaldo Haddock (quien no tolera oir los trinos de La Castafiore), Francisco de Hadoque, había heredado en 1684 del Rey Sol Luis XIV el castillo de Moulinsart, donde termina esta primera saga.

HERGÉ , ¿MISÓGINO QIE ODIABA LA ÓPERA?
El ruiseñor milanés siempre ha intrigado a los tintinólogos de sobremanera, pues Hergé casi no incluía en su retratística de personajes masculinos a mujeres y detestaba escuchar óperas.

Algunos estudiosos del cómic refieren que influyó en su gusto musical el dibujante Edgar P. Jacobs (Bruselas, 30 de marzo de 1904-20 de febrero de 1987), franco apasionado del canto en el equipo de coloristas de los Estudios Hergé (que incluía a su amante Fanny, con quien el creador de “Tintín” se casaría en 1974) ayudándolo a iluminar y corregir textos de las tiras cómicas e historietas que en blanco y negro Hergé había publicado hasta 1944 en el periódico de Bélgica Le soir, de filiación nazi.

Ciertos biógrafos aseguran que su amistad creció cuando P. Jacobs lo convenció para que juntos asistieran a una función operística, por el año 1947, aumentando las escenas de La Castafiore en sus cómics. De ahí la pregunta, ¿quién fue la soprano cuya inspiración dio vida a Bianca Castafiore?

Se apuntan varias cantantes en la disputa de tal privilegio: la francesa Emma Calvé (Decazeville, 15 de agosto 1868-Montpellier, 6 de enero de 1942), considerada “la Margarita más popular de todos los tiempos” (http://balearoculta.blogspot.mx/2011/04/emma-calve-superior-desconocido.html), o Aino Ackté, finlandesa nacida en Helsinski el 23 de abril de 1876 y fallecida en Vihti, el 8 de agosto de 1944.

También, la italiana Renata Tebaldi (Pésaro, 1° de febrero 1922-San Marino, 19 de diciembre 2004) y, por supuesto, su “enemiga” griega Ana María Cecilia Sofía Kalogeropoúlu (NY, 2 de diciembre 1923-París, 16 de septiembre 1977), o sea, La Divina María Callas.

Al extremo opuesto y sarcástico, se incluye la norteamericana Narcisa Florence Foster-Jenkins (Pennsylvania, 19 de julio 1868-NY, 26 de noviembre 1944), “la peor cantante de ópera en el mundo”.

Bianca Castafiore debutó en la revista Las aventuras de Tintín en el álbum El cetro del rey Ottokar, de 1937. “Tintín” y su fiel perrito Milou la conocen rumbo a Klow, capital del país imaginario de Syldavia (Checoslovaquia), cuando ella los recoge en su auto, informa que dará un concierto esa noche y les canta el “Aria de las joyas”.

El reencuentro con su voz en un espectáculo de variedades provoca aullidos de rechazo a “Milou” (Las 7 bolas de cristal, 1943), y en El affaire del profesor Tornasol (1956), ella los oculta en su camerino salvando sus vidas y la del capitán Haddock, a quien apenas conoce y para enojo de éste, lo llama “capitán Koddack”. El ruiseñor milanés sale en Tintín y Los Pícaros (1976), cuando ella es detenida por conspirar contra el dictador Tapioca, y la libera el general Álvarez. Su lejano cantar se escucha dos veces por la radio: en el espacio interplanetario (Destino: La Luna y Alunizaje,1953) y en la cumbre de los Himalaya (Tintín en El Tíbet, 1960).

Finalmente, roba cámara en Las joyas de la Castafiore. Se instala con su pianista Igor Wagner y su asistente Irma en el castillo de Moulinsart para pasar allí sus vacaciones, muy a pesar del iracundo capitán Haddock, quien al tratar de huir de su presencia resbala con una cáscara de plátano, se rompe la pierna izquierda y convalesciente en silla de ruedas, es confundido por la prensa de una revista parisina tipo Paris Match como Chester (el cojo), nuevo prometido de La Castafiore. Hergé se justificó con el periodista Numa Sadoul (Entretiens avec Hergé. Castelman, 1989), así:

“Resulta simpático dibujar a un tipo que se resbala con una cáscara de plátano y se quiebra una pierna, pero no pasa lo mismo si dibujase a una mujer. Para mí las mujeres no tienen nada que hacer en el mundo de Tintín, que es un reino de amistad puramente masculino. Como los boy-scouts.”

INVESTIGACIONES SORPRENDENTES
La interpretación más polémica sobre La Castafiore fue planteada en 1985 por el psicoterapeuta francés Serge Tisseron con su estudio Tintin chez le psychanalyste (“Tintín en el diván”), y Tintin et le secret d’Hergé (1993).

Según Tisseron, ella simboliza la encarnación de dos mujeres “guardianas de un secreto familiar”, pues siempre le ocultaron al padre de Hergé la identidad de su papá: una, la abuela paterna de Hergé, María Dewigne, quien trabajaba como sirvienta en un castillo belga propiedad de la Baronesa de Dudzeele (la otra “mujer guardiana”).

De la Baronesa, “Bianca tiene su aire de gran dama, fruto sin duda de la forma en que Hergé, de pequeño, imaginaba a la gran condesa cuando se hablaba de ella”. Y como La Castafiore entona siempre la misma aria, «Ah, cómo me río al verme tan bella en este espejo…», Tisseron abunda:

“La Margarita de Gounod tiene muchas cosas en común con Marie Dewigne (abuela paterna de Hergé)… es una joven de origen muy modesto que ve un día a un hermoso príncipe, Fausto, del que se enamora perdidamente, pensando nunca poder interesarlo. Entonces, el diablo pasa por allí y coloca en el jardín de Margarita un cofre con joyas. Margarita… se pone las joyas. Después se mira en el espejo, lo interroga, y le hace decir que está verdaderamente irreconocible, hermosa, seduce a Fausto y queda encinta pero, abandonada por él, muere. Así, el destino de la Margarita de Gounod se acerca al de la abuela de Hergé, que murió muy joven, llevándose su secreto a la tumba.”

Las figuras femeninas atormentaban a Hergé. “No se trata de misoginia, sino de la obra de un creador que trabaja con los enigmas de su propia infancia”, afirma Tisseron.

Por otro lado, “la prueba de que la Castafiore es la guardiana del secreto, es que nunca llama a Haddock por su verdadero nombre, sino siempre por otros similares: Karkpock, Barbock, Darpiock, Marpock, etc. Hergé dijo en varias ocasiones que Haddock era el personaje que lo representaba a él, de ahí que la Castafiore no pueda nunca darle su patronímico. Es su manera de lamentarse de que ni Marie Dewigne ni la baronesa de Dudzeele dijeran nunca el nombre de su abuelo paterno” (todo el rompecabezas genealógico de la teoría de Tisseron en páginas virtuales).

Pero la investigación más puntual y “casi científica” sobre El ruiseñor milanés fue desarrollada por Mireille Moons en el libro de 2006 Bianca Castafiore. La diva du vingtième siècle, “La diva del siglo XX”. Esta periodista belga analiza las transformaciones físicas del personaje en sus peinados, vestimenta o joyas, a lo largo de cada una de las viñetas (incluidas en su estudio) que dibujara Hergé desde su primera aparición en el cuadro segundo de la página 28 de El cetro del rey Ottokar, de 1938, hasta las del inconcluso Arte-Alfa cuando el dibujante murió en 1983.

La excepcional crónica del 3 de septiembre del 2011 redactada por una chica catalana en su blog kuaderno de la niña problemas (sic) revela predilección por las esmeraldas y el perfume Arpège, de Levine. Comenta uno de los 15 vestidos, el rojo con que Hergé la engalanó para Las joyas de la Castafiore (1960) y que le fascina a la autora Elisabet Gimeno Aragón, por ser “copia exacta” del diseño que Biki Milán, nieta de Puccini, realizó para María Callas; acaso se trate de un vestido muy similar que luce en la película de Spielberg.

Y señala que en El affaire Tornasol (1956) Hergé diseñó para la Prima Donna “un favorecedor modelo color Burdeos”, con las indicaciones en torno a las primeras representaciones de Fausto.

“Tomando como referencia el vestuario para teatro, Mireille Moons nos descubre que si Bianca Castafiore fuese una mujer de carne y hueso sin duda habría rivalizado con la Callas y la Tribaldi. En Stock de Coque (1958) la soprano viaja a bordo del Shéhérezade, barco que guarda gran parecido con el (supermegayate) Christina de (Aristóteles) Onassis. Justo en el momento en el que el barco salva al Capitán Haddock, a “Tintín”, a Milou y al piloto aviador de un naufragio, se celebra una fiesta de disfraces.

“Para el evento, la Diva de la Scala de Milán se ha transformado en María Antonieta gracias a un vestido prácticamente igual al que La Divina llevaba para interpretar la Armida de Rossini (El turco en Italia, 1814) en Florencia en 1952… Hergé convierte a la Castafiore en una virtuosa, ya que pocas sopranos pueden cantar este papel debido a su gran dificultad.”

(Leer la amena crónica ilustrada sobre esta investigación de Moons por Elisabet Gimeno Aragón).

Una soprano puede emitir una altísima nota aguda y quebrar copas de cristal, candelabros y una caja de vidrio donde esté resguarado algún tesoro, como sucede en la película El secreto del unicornio de Spielberg (http://enroquedeciencia.blogspot.mx/2010/02/que-es-la-resonancia.html).

–¡Misericordia! –gritaremos entonces con nuestra amada soprano milanesa.