Tras una investigación de varios años, científicos de la UNAM confirmaron que las bebidas con altos contenidos de azúcar detonan el síndrome metabólico, que conlleva la presencia de obesidad abdominal, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, hipertensión, incremento de triglicéridos y colesterol.

Ante ello, Fiorella Espinosa de Cándido, investigadora en salud alimentaria de la organización El Poder del Consumidor, advirtió que “no es suficiente un impuesto, se requiere una política integral que genere una transición de esta alimentación inadecuada que está teniendo la población a una más saludable a base de alimentos frescos y nutritivos”, acompañada de agua natural, infusiones o bebidas con bajo contenido de azúcar.

Ciudad de México, 19 de julio (SinEmbargo).- El consumo regular de bebidas azucaradas es causa de cáncer, diabetes tipo 2, hipertensión, incremento de triglicéridos y colesterol, secreción excesiva de insulina, resistencia a dicha hormona e intolerancia a la glucosa, confirmó el Departamento de Neurociencias Cognitivas de la División de Neurociencias, del Instituto de Fisiología Celular (IFC) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Tras una investigación de varios años, científicos de la máxima casa de estudios revelaron que las bebidas con altos contenidos de azúcar detonan el síndrome metabólico, definido, por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), como el conjunto de factores de riesgo asociados en una misma persona que conlleva a la presencia de los males enumerados.

La mitad de los adultos mayores de 20 años padecen el síndrome metabólico, de acuerdo con el Departamento de Fisiología de la Nutrición del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán (INCMSZ), que el mes pasado dio a conocer los resultados de un estudio aplicado a 1 mil 65 personas en la Ciudad de México.

La doctora Marcia Hiriart Urdanivia, del Instituto de Fisiología Celular, informó que a fin de conocer los efectos y secuelas de los productos bebibles azucarados implementaron un modelo con ratas a las que dieron una bebida similar a los jugos y refrescos, es decir, con azúcar blanca de mesa al 20 por ciento.

Tras dos meses de consumir la bebida, los roedores presentaron aumento de la grasa abdominal, los triglicéridos, insulina, resistencia a la misma e intolerancia a la glucosa.

Investigadores de la UNAM revelaron que las bebidas con altos contenidos de azúcar detonan el síndrome metabólico. Foto: UNAM.

La investigadora explicó que el crecimiento de la grasa abdominal origina mediadores químicos llamados adipocinas y atrae glóbulos blancos que producen citocinas. Esos procesos, agregó, son percibidos por el organismo como una inflamación.

Advirtió que la diabetes tipo 2 aparece cuando las células beta -encargadas de sintetizar y segregar la insulina– han sido estimuladas de forma excesiva durante algún periodo de tiempo y se agotan, después se vuelven incapaces de producir suficiente insulina para mantener la concentración de glucosa en niveles normales.

Los resultados del análisis cobran fuerza en un país inmerso en una epidemia de sobrepeso, obesidad y diabetes que fue decretada en noviembre de 2016, sin que al momento existan medidas suficientes y efectivas para mitigarla.

Datos de la última Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) revelaron que 34.9 por ciento de los niños, 36.3 por ciento adolescentes y 71.2 por ciento adultos viven con exceso de peso y 9.4 tienen diagnóstico de diabetes.

En resumen: 3 de cada 10 niños, 3 de cada 10 adolescentes y 7 de cada 10 adultos padecen sobrepeso u obesidad y 1 de cada 10 mexicanos presenta diabetes.

Con un gran Frankenstein integrantes de la Alianza por la Salud se manifestaron afuera de la Secretaría de Salud, en la cual denunciaron que en este sexenio ha habido más muertes por diabetes en México que las muertes por la guerra en Siria. Foto: Moisés Pablo, Cuartoscuro

URGEN MEDIDAS 

Especialistas en materia de salud y organizaciones de la sociedad civil han alertado que el consumo de bebidas azucaradas ha sido uno de los factores responsables de la emergencia epidemiológica por dichas enfermedades no transmisibles:

De acuerdo con cifras de 2014 presentadas por el doctor Dariush Mozaffarian, director de la Escuela Friedman de Ciencia y Políticas Nutricionales, en la República Mexicana las bebidas azucaradas son responsables de más de 24 mil muertes anuales y además provocan entre el 22 y el 33 por ciento del total de los decesos relacionados con diabetes, enfermedades cardiovasculares y obesidad.

Sin embargo, los mexicanos consumen refrescos en exceso: la misma Ensanut de 2016 señaló que el 81.5 por ciento de los niños, 83.9 por ciento de los adolescentes y 85.3 por ciento de los adultos consumen con regularidad bebidas azucaradas no lácteas.

Una Coca Cola de 600 mililitros, según El Poder del Consumidor (EPC), contiene poco más de 12 cucharadas cafeteras de azúcar, o sea, más del 180 a 252 por ciento de lo que un adulto debería consumir en todo un día, en apego a las recomendaciones de la Asociación Americana del Corazón.

En enero de 2014, el Gobierno mexicano puso en marcha el Impuesto Especial (IEPS) del 10 por ciento para las bebidas azucaradas y aunque la medida ha sido reconocida por especialistas y organizaciones también se ha solicitado que se aumente al doble, tal como lo recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Cabe mencionar que durante el primer año de implementación del IEPS, los mexicanos redujeron en 6 por ciento la compra de las bebidas no saludables y ya para finales de 2014 se llegó a una reducción promedio de 12 por ciento, además la compra de agua natural aumentó 4 por ciento durante el mismo periodo de tiempo.

El gravamen, de acuerdo con un estudio publicado en la revista especializada PLOS Medicine de Estados Unidos, podría salvar unas 18 mil 900 vidas de adultos de entre 35 y 94 años y reducir el impacto de la diabetes y otras enfermedades en el país en el transcurso de una década.

Ante el panorama expuesto, Ana Larrañaga Flota, de la organización civil Salud Crítica, y Fiorella Espinosa de Cándido, investigadora en salud alimentaria en EPC, en entrevista para SinEmbargo subrayaron la urgencia de la intervención del Estado para reducir el consumo de bebidas azucaradas y con ello se contribuya a la mitigación de la epidemia de obesidad y diabetes.

Sobre el análisis realizado por el Instituto de Fisiología Celular, Larrañaga expuso que el Estado tiene  un papel fundamental en la protección de la salud de los ciudadanos, por lo que señaló la importancia de contar con este tipo de información científica para que los tomadores de decisiones la consideren al momento de hacer cualquier tipo de alianza con actores que puedan representar conflictos de interés, pues en diversas ocasiones la organización a la que pertenece y otras como EPC han denunciado que existe un contubernio entre las refresqueras y el Gobierno.

“Es importante que sus acciones se enfoquen en resolver y prevenir este problema. A final de cuentas la evidencia científica de calidad debe ser la base de la política pública”, manifestó.

En su oportunidad, Espinosa de Cándido remarcó que el estudio refuerza la necesidad de dar un mensaje a la población de evitar y no sólo reducir el consumo de bebidas azucaradas y acompañarlo de regulaciones en la disponibilidad y publicidad.

“No es suficiente un impuesto, se requiere una política integral que genere una transición de esta alimentación inadecuada que está teniendo la población a una más saludable a base de alimentos frescos y nutritivos”, acompañada de agua natural, infusiones o bebidas con bajo contenido de azúcar, dijo.

Ambas especialistas en nutrición enlistaron una serie de recomendaciones dirigidas al Estado mexicano para paliar la problemática:

-Etiquetados claros.

-Prohibición de publicidad de estos productos en horarios de consumo televisivo infantil.

-Programas educativos sobre alimentación saludable en las escuelas.

-Implementación de bebederos en lugares públicos.

-Aumento del doble del impuesto a las bebidas azucaradas y dirigir los recursos a la prevención de las enfermedades no transmisibles.

-Prohibición de la venta de bebidas y alimentos chatarra dentro de las escuelas a todos los niveles.

-Atención médica de calidad en el primer nivel.