Regresa al ruedo con un disco de inéditos a cargo de jóvenes autores del continente. Foto: Francisco Cañedo, SInEmbargo

Regresa al ruedo con un disco de inéditos a cargo de jóvenes autores del continente. Foto: Francisco Cañedo, SInEmbargo

Ciudad de México, 19 de agosto (SinEmbargo).- La voz del corazón es el nuevo trabajo discográfico de la cantante y actriz Daniela Romo, cultora de la balada romántica y de las canciones “ardidas” con que ha cimentado una carrera artística de más de cuatro décadas.

El título del disco responde a la canción homónima, autoría de la guitarrista Sheila Ríos, una joven que integra un sólido y talentoso grupo de autores de las nuevas generaciones, con que Romo se dispone a conquistar el mercado, luego de su regreso con un disco de éxitos (Para soñar), después de que superara el cáncer de mama que la afectó gravemente en el pasado reciente.

En entrevista con SinEmbargo, Daniela admite ser una persona que siempre ha escuchado la voz del corazón, aun cuando no esté muy segura de que eso a lo que llamamos “voz interior” se encuentre en algún lugar determinado del cuerpo.

Actriz de teatro y de cine, fue en 1971 cuando debutó en la comedia Contigo pan y cebolla y despuntó en telenovelas que la consagraron ante el público masivo con trabajos como Alborada y la reciente La tempestad.

Víctor Victoria representó su encumbramiento en el género de la comedia musical para una artista de capacidades múltiples y una mujer caracterizada por su fuerte personalidad y un instinto infalible para detectar qué hacer en el momento adecuado de su carrera.

LA ENTREVISTA

–¿Siempre escuchas la voz del corazón?

–Creo que es la voz que más tenemos que escuchar. No hago diferencia entre la voz de la mente o la del corazón, pienso que son la misma voz. Es una tradición de la vida que se diga que las emociones vienen del corazón. Es un símbolo, pero a esa voz de adentro hay que hacerle caso porque generalmente tiene más razón que uno.

–Aunque a veces también nos engaña…

–Sí, hay que aprender. Es hermoso; así como lo veo, esos autoengaños también constituyen una belleza experiencia.

Debemos volver a hablar de las cosas importantes, llorar y reír juntos. Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

Debemos volver a hablar de las cosas importantes, llorar y reír juntos. Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

–El nuevo disco honra la balada romántica a la que siempre has sido fiel

–Antes se hacían las cosas de una manera diferente y yo estoy en un proceso de reaprendizaje. Todo es moderno y tecnológico ahora. Todavía me estoy adaptando, porque en realidad soy, y a mucha honra, una analfabeta del siglo XXI. Antes buscabas las canciones entre los autores y los conocías. Después de varias pláticas te daban un tema. Ahora, es curioso, casi todos los autores de mi disco son muy jóvenes y no los conozco personalmente a casi ninguno. A Leonel García y a Giammarco los he visto una vez en mi vida, aunque siempre he admirado su trabajo. El hecho de que ellos desde su talento me hayan dado sus canciones me maravilla. De algún modo ellos saben cómo pueden sonar las canciones a través mío. Y les gusta.

–Leonel García es como un joven viejo, amante de la canción desgarrada

–Es clásico. Lo que me gusta de él. Me mata cuando lo oigo cantar porque me hace acordar a mí cuando recién empecé. Era muy jovencita y cantaba canciones de Lolita de la Colina, me cortaba las venas y me rasgaba las vestiduras. Por la edad la gente esperaba que cantara cosas más alegres. Siempre en el tango, en el arrabal. Leonel es muy intenso y me hace acordar a mí…

–Una intensidad que no todos los desamores se merecen

–(risas) Efectivamente, son dos o tres, pero finalmente esa intención me fascina.

–¿Tu amor es más pausado ahora?

–No sé. La letra de “La voz del corazón” es de Sheila Ríos, a quien conocí por mis músicos, por el productor Memo Gil. Fue invitada a tocar y me llamó mucho la atención, porque es raro ver a una mujer tocando la guitarra. Una noche después de un show en Guadalajara y me entregó un disco con sus canciones. Eran las tres de la madrugada y enseguida sentí que “La voz del corazón era para mí”. Es una bellísima canción. Le cantas a una ausencia y le dices quién se va a hacer cargo de ti como lo hacía yo…

–¿Has sufrido mucho por amor?

–Ya sufrí por amor. A veces también como dices nos autoengañamos y creemos que fue amor lo que no lo era. Sufrir verdaderamente ya sé lo que es. Es verdad que a veces sientes ese vacío por lo que causas o te causan, pero al final del día hay que agradecer las cosas vividas, los amores que han estado ahí y esas personas que aunque ya no estén a tu lado siempre formarán parte de tu vida. También es cierto que siempre me he reído de mí y nunca me importa nada. De todos modos, ahora me importa mucho menos. La vida es muy corta y hay que disfrutarla. Soy Virgo y un poquito tiquismiquis, un poco clavada, pero las cosas pasan. Intento disfrutar cada momento y cada cosa que me toca hacer.

–¿Cómo vives los momentos difíciles de México?

–Efectivamente, es un momento muy difícil para México, es obvio y es evidente. Creo que aparte de lo político, hay una gran dosis de insensibilidad. El mayor mal que le dejó al mundo el siglo XX es la indiferencia. Han pasado tantas cosas y el ser humano no reacciona. El hecho de haber tenido cáncer, de librar una batalla tan fuerte, te recuerda otras batallas libradas en otros momentos que siempre valen la pena y debemos retomar.

Me siento agradecida y honrada de poder hacer la tarea que hago con mi música, mezclarme con las emociones de los otros, intentar entenderlas. Eso me ha facilitado tender puentes, que es lo que hace falta. Oigo demasiados denuestos, demasiada pobreza en el corazón humano, poca humildad y voy tratando de tender puentes para hablar de las cosas importantes, llorar y reír juntos. La música es maravillosa, el ritmo se inventó con el ritmo del corazón humano. En los momentos malos de un país al que felizmente pertenezco, la música cumple el papel de engrandecer la cultura que nos identifica, al igual que la literatura y el teatro. Este momento es grave y difícil, pero pasará, porque todo pasa, hasta la ciruela.