Rupturas y Hartazgo
Coahuila es uno de los cuatro estados dónde se llevarán a cabo elecciones para Gobernador 4 de junio, al igual que en el Edomex existen varios aspectos que llaman la atención de estos comisión, mismos que son retomados en El Universal, por el periodista Salvador García Soto, quien escribe que esto sucede, “primero porque el estado es el único de la frontera norte del país que nunca ha vivido la alternancia política y hay en el ambiente la percepción de que ésta sería la primera ocasión en la historia política de la entidad que un partido distinto al PRI podría llegar al gobierno del estado. El hartazgo social contra la corrupción y el desgaste de la marca priísta que permea en el país también existe entre los coahuilenses […]. La percepción sobre una alternancia posible se ahonda […], en la ruptura que sufrió el PRI con la salida del Diputado federal Javier Guerrero, que hoy es candidato independiente a la gubernatura […], hay quienes prevén que el ex priísta podría crecer con parte del voto tricolor y capitalizando también la molestia social por la corrupción y el endeudamiento excesivo en los dos últimos sexenios en la entidad coahuilense. El candidato del PRI, Miguel Riquelme, cuenta con todo el apoyo de la maquinaria moreirista en el estado, que a pesar de la división de los hermanos, continúa siendo una sólida estructura de operación y de un acabado clientelismo que, aunque en su momento fue creado por Humberto Moreira, con el apoyo de su entonces operador Rubén Moreira, hoy ese aparato se encuentra bajo el control total del Gobernador, quien sabe operar muy bien política y electoralmente […]. Porque aunque el PAN ha crecido en la entidad y aprovecha el descontento social contra la dinastía de los Moreira, la realidad es que su candidato Guillermo Anaya, compadre del ex Presidente Felipe Calderón, pero impulsado ahora por el dirigente nacional panista, Ricardo Anaya, no tiene hasta hoy la fuerza ni la contundencia para enfrentar a la maquinaria moreirista […]. La diferencia ahora puede ser la capacidad de Acción Nacional y su candidato Anaya para capitalizar el descontento social contra la corrupción y la continuidad del moreirismo en el poder, en la persona del candidato priísta Miguel Riquelme”.

Acerca del tema en El Universal, el periodista y escritor, León Krauze, escribe que: “en términos generales, las campañas políticas siguen uno de dos rumbos narrativos: o abogan por continuar las políticas del gobierno en funciones o promueven un cambio […]. Trump, […], tuvo la astucia suficiente como para presentarse como candidato de transformación, primero dentro del partido republicano y después en la batalla contra Clinton. El resto es historia. Es desde esa perspectiva que resulta previsible el triunfo de Andrés Manuel López Obrador el año que viene […]. López Obrador […] dice ser el catalizador personalísimo de un cambio económico, social e incluso moral que sacudirá al sistema político mexicano […]., López Obrador podrá esgrimir su mensaje de siempre con la confianza de que seis años de peñanietismo le han dado la razón […]. El PAN enfrenta una disyuntiva interesante que comienza con un problema mayúsculo: Margarita Zavala, su candidata más probable, no ha decidido aún si quiere ser disruptiva y hasta transgresora o prefiere presentarse como la continuación de al menos algunas de las políticas que su partido defendió durante los dos sexenios que ocupó la presidencia y que luego compartió con el PRI en los años de Peña Nieto […]. Al final, queda la impresión de que Margarita Zavala no sabe si su historia es de cambio o continuidad ni ha decidido si quiere asumir los costos […] de defender el legado del calderonismo o pretende romper no solo con la estrategia de seguridad de su esposo sino con el rumbo que, al menos en ese tema, ha seguido el gobierno mexicano en los últimos doce años[…]. En la era de la síntesis, un político enredado es un pasivo inadmisible en una campaña presidencial. Si quiere vender a López Obrador – más vulnerable de lo que imagina, como quedó claro tras el fiasco noeyorquino – Zavala tiene que encontrar una respuesta convincente a la que atenerse en esos momentos de apuro que van a sobrar. Debe aclarar – para sus adentros, al menos – si buscará desafiar el ‘status quo’ o pretende continuarlo. Si insiste en ese desorden narrativo que transmite debilidad, el PAN podría comenzar a mirar hacia otro sitio rumbo al 2018, sobre todo teniendo enfrente a un hombre como López Obrador, al que puede acusársele de lo que sea menos de defender un mensaje confuso”.

La operación cicatriz de AMLO
Luego de que AMLO comentara la semana pasada que las Fuerzas Armadas fueron las culables de la desaparición de los 42 normalistas de Ayotzinapa, en El Universal, su columna de trascendidos Bajo Reserva, asegura que: “todo parece indicar que el Presidente nacional de Morena, Andrés Manuel López Obrador, inició una operación cicatriz en la búsqueda de limar asperezas con las Fuerzas Armadas. Ayer, en el acto político de López Obrador en Querétaro, destacó la presencia en las primeras filas del general de brigada Diplomado del Estado Mayor en retiro, Luis Vicente Domínguez, quien estuvo 47 años en activo y fue Agregado Militar y Comandante de la 40/a. Zona Militar. El general suscribió ayer junto con ex panistas y ex priístas un “acuerdo político” por el que AMLO suma apoyos para Morena en el 2018. López Obrador dijo que siempre ha contado con el voto de los soldados y hasta ofreció mejorarles el sueldo si llega a la Presidencia de la República en 2018. Las mismas palabras fueron repetidas más tarde por el líder de Morena en San Luis Potosí ¿Restañando heridas?”.

¡Ni los peló!
También en el diario Reforma, su columna de trascendidos Templo Mayor, habla sobre el tabasqueño y asegura que: “a lo mejor Andrés Manuel López Obrador ya se olvidó de mandar al diablo las instituciones, pero sin duda sigue aplicando aquello de ‘ni los veo ni los oigo’. Al menos eso sintieron cuatro consejeros electorales del INE que quisieron saludarlo el otro día en el vuelo AM-0549 rumbo a Veracruz, pero el líder de Morena, que estaba a una fila de ellos, ¡ni los peló!”

Lo que no y lo que sí de militares
En Milenio, el periodista Carlos Marín, escribe que: “la encuesta Ley de Seguridad Interior que levantó el Centro de Estudios Sociales de la Cámara de Diputados reporta que 74.1 por ciento de los entrevistados lo menos que quiere es que se faculte a los militares a replegar manifestaciones públicas. El 55 por ciento rechaza la intervención del Ejército y la Marina Armada en comunicaciones y recolección de información privada, y 21.1 por ciento de los entrevistados niega que la presencia militar fortalezca a las instituciones en el combate al crimen organizado. Lo notable, sin embargo, es la desconfianza que más de la mitad tiene en las policías estatales y municipales del país y que ocho de cada diez confían (‘mucho’ o ‘algo’) en las fuerzas armadas. Sobre si debe o no dárseles un marco legal para su actuación (Ley de Seguridad Interior) contra la delincuencia, 77.3 por ciento está en pleno acuerdo y 64.6 considera que son útiles los patrullajes militares en las zonas de mayor incidencia criminal. De donde se colige: oponerse a la legislación es apoyar a las bandas que expolian y asesinan a la población civil”.

Nuevos consejeros
En Milenio, su columna de trascendidos Trascendió, asegura que: “la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados, presidida por el perredista Francisco Martínez Neri, tendrá ya este lunes en sus manos las tres listas de cinco nombres cada una que los especialistas del Comité Técnico de Evaluación integraron para seleccionar a tres nuevos consejeros del INE. No obstante, debido al fin de semana largo los líderes parlamentarios fueron citados a reunión hasta mañana para abrir los sobres y conocer la relación de los 15 finalistas del proceso que culminará con el relevo de los consejeros electorales salientes Arturo Sánchez, Javier Santiago y Beatriz Galindo el próximo 5 de abril”.

Trump en todas partes
Sobre la enorme presencia que Donald Trump ha cobrado en los últimos años. En Milenio, el periodista Carlos Puig, escribe que “en 2014, el alcalde, Rahm Emanuel, y Donald Trump […], se trenzaron en una buena bronca cuando el hoy Presidente ‘decoró’ su edificio en esta ciudad con cinco letras enormes, en verdad enormes, en la fachada de su hotel: TRUMP. En medio de edificios impresionantes, históricos, dignos de premios y elogios, Trump puso su apellido para que se viera por todas partes. Es horrible. Emanuel dijo que buscaría maneras legales para quitar el espantoso apellido de la fachada […]. Las letras siguen ahí. Son un buen símbolo de la sensación con la que uno se queda después de visitar Estados Unidos en estos nuevos tiempos: Trump está en todas partes. Domina la mayoría de las conversaciones, los noticiarios, las planas de los diarios, los miedos de los inmigrantes y los entusiasmos de sus votantes. Cuando uno pregunta por específicos, nadie puede mencionar una redada, una serie de arrestos peor que las de otros años, pero todo mundo está convencido de que hay redadas, o que las habrá mañana. Hablé con maestras que cuentan cómo sus alumnos están temerosos de que al llegar a sus casas, sus padres hayan sido levantados por ICE. Ayer, al tomar el avión de vuelta a México, después de los filtros de seguridad, al final del gusano, en la puerta del Boeing 737 de Aeroméxico, dos agentes de CBP (la migra) vuelven a revisar los pasaportes, buscan mi visa, la de todos. ¿Para qué? No pregunto, yo también tengo miedo. Nunca, en muchos años de viajar a Estados Unidos, me había sucedido algo así. Trump está en todas partes. Es muy jodido”.