“Hacer ganar a Enrique Peña Nieto. Ese es el desafío más importante de Humberto Moreira”, resume Ilán Bizberg, investigador del Colegio de México (Colmex), especializado en procesos electorales en México. Para lograrlo, hasta hace unos días, su principal tarea consistía en convertirse en escudo del candidato que encabeza las encuestas presidenciales y en ariete para fustigar a sus enemigos. Parecía una dupla hecha para durar, afirma Denisse Maercker en su artículo “¿Dónde está Moreira?”, publicado en El Universal. “Uno respondía con enjundia norteña y el otro se mantenía fuera de la polémica y –literalmente- casi sin despeinarse”.

Pero el escándalo de enriquecimiento súbito de Vicente Chaires, brazo derecho del ex gobernador, ha sumido a Humberto Moreira en el silencio. Una nota difundida por el diario Reforma la semana pasada revela que Chaires se convirtió en dueño de medios de comunicación en Coahuila y propiedades inmobiliarias en Texas. Una fortuna inverosímil si se considera el patrimonio inicial y los salarios devengados por este ex secretario particular del exgobernador. Las acusaciones de corrupción en contra del ahora presidente nacional del PRI no se han hecho esperar.

Los senadores panistas Federico Doring y Rubén Camarillo Ortega han interpuesto una demanda formal en contra de su rival político. Le señalan enriquecimiento ilícito en el mercado inmobiliario de Texas, a través de un prestanombres: Vicente Chaires Yáñez.

Frente a la acusación, Moreira no ha emitido palabra, salvo para decir que se trata de golpes preelectorales. Ha sostenido que no hablará sobre el tema hasta después de los comicios. Pero su silencio es más amplio: ha dejado de hablar sobre cualquier otro tema. El caso Chaires parece haber conseguido algo que parecía difícil: silenciar a Humberto Moreira, el llamado “gober bailador”.

 

Chaires, de padre a hijo

Vicente Chaires Yáñez es hijo de uno de los mentores de Humberto Moreira, Antonio Chaires Costilla, elegido como líder del Movimiento Reivindicador del SNTE y fallecido unos días después de su nombramiento en 1989, en un accidente automovilístico cuyas condiciones aún no han sido esclarecidas. Se desempeñó como director de Administración del Gobierno del estado de 2005 a 2010.

Al momento de la demanda, Chaires Yáñez era el coordinador administrativo del CEN del PRI. En el siguiente minuto, fue borrado del directorio de la página web del partido. Su paradero hasta el momento es desconocido.

El esclarecimiento de la fortuna de este alfil no es el único desafío de Humberto Moreira. Debe, también, dilucidar la deuda de 8267.1 millones de pesos del gobierno de Coahuila en el ejercicio de 2010, cinco veces mayor a la reportada en 2009 (1561.6 millones de pesos), de acuerdo con la Unidad de Coordinación con Entidades Federativas de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Y hay otra deuda que le corresponde saldar: la de dolor por la tragedia de Pasta de Conchos, ocurrida en 2006 cuando él era gobernador de Coahuila y sobre la cual dijo: “No habrá olvido ni perdón”.

 

Amor familiar

Por ahora, Humberto Moreira ha inmortalizado a algunos miembros de su familia. El nombre de la madre Moreira –Evangelina Valdés- lo tiene un jardín de niños de la colonia Mirasierra de Saltillo; el de su hija, de 16 años, -Alba Elena Moreira Guerrero (a quien procreó con su primer esposa Irma, además de otros cinco vástagos)-, es el de una casa hogar para niños y el de su actual esposa, Vanessa Guerrero de Moreira lo ostenta el Centro de Adultos Mayores en el ejido de San José de Aura, en Progreso.

“Él, que hace veinte años era profe”, dicen algunas voces en Saltillo. Son voces de personas mayores. En general, pocos –casi nadie-  desean hablar de la historia de los Moreira. Algunos reporteros regionales eligieron como estrategia profesional abstenerse del relato de la trayectoria de este clan. Pese a los silencios, en la vida de los Moreira se combinaron la acumulación de bienes inmuebles (los siete hermanos habitan en propiedades de mediana a alta valuación), la hábil utilización del bajo perfil y el liderazgo.

 

Todo desde el magisterio

Cuando el profesor de Matemáticas, Rubén Humberto Moreira Flores falleció a los 49 años de edad en Saltillo, Coahuila, su viuda y sus siete huérfanos ya sabían que la vida era eso que llaman una vida dura y que todo podía empeorar.

Su viuda, la profesora Evangelina del Socorro Valdés Dávila, acompañó a Moreira Flores en tres décadas de matrimonio. El 23 de septiembre de 1988 lo despidió por última vez. De pronto ella se encontró en una pequeña casa de una colonia popular y un presente quebrado.

Colaboradores, personas cercanas, periodistas en la región ubican a 1988 como un año complicado para los Moreira. Con sueldos de profesores, pocas horas de trabajo y la ausencia del padre, los días se agolpaban. Humberto, con 22 años, se desprendía de su labor como profesor de secundaria y del movimiento magisterial, para vender paletas de hielo en el clima de 40 grados de Saltillo.

A los Moreira, algunos conocidos les adjudican una característica fundamental: se mantuvieron unidos aunque el cielo parecía caerse, y si vivieron desencuentros, jamás fueron notables.

En la casa paterna, Rubén, el primogénito, con 25 años de edad en ese septiembre de 1988, tomó el papel del padre. Rubén se había distinguido por una personalidad irreverente que podía llegar a ser violenta. “Varias veces utilizó los puños cuando lo contradecían. Algunos le llamaban “El Porro””, dice una fuente de los tiempos en la Normal Superior de Coahuila, que no desea acreditar sus palabras. En el ambiente de los Moreira se instaló la promesa de renunciar para siempre a la pobreza, recuerdan en Saltillo.

Rubén Ignacio Moreira Valdez, heredero hoy a la gubernatura de Coahuila, se mantenía como impulsor sistemático de Humberto. En apariencia, parecía adivinar que llegaría un momento en el que el poder sería destino para los dos y que las penurias se alejarían para siempre.

 

La magia del bajo perfil

Al PRI, Humberto llegó a los 14 años. Solo y a pie. Se ofreció a pegar calcomanías, hacer pintas y formar vallas. Como emulación de su hermano mayor, había obtenido el título de profesor de Primaria en la Benemérita Escuela Normal de Coahuila; después logró una licenciatura en Educación Media con especialidad en Ciencias Sociales, en la misma escuela.Tenía 19 años cuando empezó la carrera profesional en la Secundaria Técnica Abel Suárez de León. Desde entonces se incluyó en el movimiento magisterial.

En 1988 – el mismo año en que murió su padre- ocurrió uno de los conflictos más emblemáticos en la historia del SNTE. Humberto pertenecía al llamado Movimiento Reivindicador, que abogaba por una elección democrática en esa organización gremial.

Surgido tras el deceso de su dirigente Eliseo Lorea, los integrantes de ese movimiento debían nombrar al sucesor mediante el procedimiento estatutario. Pero las reglas no se respetaron. Antonio Chaires Costilla fue impuesto. En esta parte de la historia, Humberto Moreira lo adoptó como tutor político. La tragedia lo ensombreció todo: Chaires falleció en diciembre de 1989 en un accidente automovilístico en condiciones que dejaron muchas dudas. Tras esa muerte, el movimiento se disolvió. Entre otros, Humberto Moreira fue expulsado del SNTE.

Así llegó al Distrito Federal donde ocupó varios cargos en el sector educativo hasta convertirse en secretario particular de Gilberto Guevara Niebla, subsecretario de Educación durante la administración presidencial de Ernesto Zedillo. Viajaba en el Metro y según sus propias palabras, se hizo adicto a los tacos “El Califa de León”, en San Cosme.

En 1994, regresó a Coahuila como delegado del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe) y del Instituto Nacional de Educación para los Adultos (INEA).

Tres años después, en Coahuila, pudo verse a un Humberto Moreira táctico: entregaba tarjetas de presentación en cuyo reverso se leían los logros alcanzados en la certificación nacional de adultos, tanto de primaria como de secundaria. “Primer lugar en diplomas entregados:,51 mil 323”, era la leyenda al dar vuelta  a la tarjeta. Para analistas de la región esa cifra es inverosímil.  En ese mismo año, en el Distrito Federal se certificaron a 27 mil 781 personas, lo cual representa apenas la mitad de lo obtenido por los coahuilenses, no obstante que la población en la capital del país es cinco veces mayor. Algunos detractores señalan que las plantillas fueron llenadas con nombres de estudiantes falsos, pero de aquello no hay pruebas.

En la trayectoria de cómo un profesor se convierte en gobernador y dirigente de un partido, el investigador Ilán Bizberg, del Colmex encuentra una explicación: “En una democracia tan joven como la de México, el sindicato de maestros es el único órgano con presencia nacional que responde a los lineamientos de su propio liderazgo. Los demás ya no. Los maestros siempre fueron muy importantes. Son los únicos que saben leer y por lo tanto son los presidentes de las casillas electorales. Tienen mucha importancia para negociar e influir en las elecciones. Al conocer este entorno, ellos mismos pueden convertirse en representantes populares. El paso de Moreira por el INEA, en este sentido, es clave”.

 

Cómo se hacen relaciones

Humberto Moreira Valdés -un político curtido en el sindicalismo normalista con una liga directa con la maestra Elba Esther Gordillo gestada desde el Movimiento Reivindicador-, se convirtió en el ex gobernador de Coahuila con mayor influencia nacional, después de Nazario Ortiz Garza y Raúl López Sánchez, secretarios de Agricultura y la Marina en el gabinete de Miguel Alemán Valdez (1946-1952).

Ambos fueron presidenciables. Pero ninguno empezó de la nada. Otra diferencia con Moreira es que ninguno mostró una intención particular de crear vínculos con personajes determinados desde el gobierno.

Desde el primer día como primer mandatario estatal, Moreira tejió relaciones con la descendencia de políticos emblemáticos de Coahuila. Como rompecabezas, rearmaba el gabinete en forma continua. Cuatro secretarios de Gobierno, cuatro de Finanzas, cuatro de Obras Públicas, cinco de Desarrollo Social. Hoy, cuando a Coahuila lo gobierna el sustituto Jorge Torres, los únicos titulares originales son los de Salud, Función Pública y el fiscal.

Al iniciar su gestión, una de sus primeras decisiones fue la incorporación de predecesores. Francisco José Madero se quedó con la dirección del Instituto de Adultos Mayores y Eliseo Mendoza Berrueto, dirigió el PRI del estado (hoy lo acompaña en el CEN).

Mientras gobernó, los hijos, sobrinos, nietos y otros familiares de exgobernadores ocuparon diputaciones locales y algunos cargos en la administración estatal. Los descendientes de Enrique Martínez, Rogelio Montemayor, José de las Fuentes, Óscar Flores Tapia, Eulalio Gutiérrez, Braulio Fernández Aguirre, Raúl Madero y Román Cepeda integraron el guión de la política en Coahuila durante esa etapa moreirista.

 

Los Moreira

“Era un hombre extraordinario. Mis hijos heredaron mucho de él. De su sentido social. De mí sacaron el físico y la estatura”, expresó de su esposo fallecido, Evangelina (Mamá Moreira) a la periodista María Guadalupe Durán –la única que puede entrevistarla- en agosto de 2010 para el periódico Zócalo de Saltillo. En esa ocasión dijo también: “Ahora que Humberto se ha dejado crecer el bigote lo veo muy parecido a él”.

Agregó que su marido hubiera disfrutado tanto como ella los logros de sus hijos. “Monse se parece a él en la estatura y los ojos color miel; Álvaro en la estatura. Cuando mi suegra veía que mis hijos nacían con ojos de color, me decía: ‘Ya, Eva, ya queda bien con los Moreira, ten un hijo con ojos café, no con ojos descoloridos como estos’, y quedé bien cuando nació Monse”.

Evangelina sale todos los días a barrer la calle y trae en su cuello una cadena con la fotografía de quien fuera su esposo en una suerte de medalla. Ambos detalles sobresalen en el ambiente político de Coahuila.

Porque el destino viró a la vuelta de veinte años: los Moreira ascenderían a las posiciones más altas del escalafón político del estado. Y su apellido se transformaría en un tópico en la nómina del gobierno y los cargos de representación popular. Humberto Moreira logró convertirse en el gobernador con más popularidad en el país (según los propios gobernados). Y ahora intenta convertir la popularidad del apellido en dinastía estatal.

Antes diputado federal y dirigente del PRI en esa entidad, su hermano mayor, Rubén, se ha convertido en candidato de ese partido a la gubernatura. Álvaro Moreira fue secretario de Desarrollo Social en Saltillo hasta febrero, cuando pidió licencia sin goce de sueldo para colaborar con su hermano mayor en la campaña. “Persona muy cercana a la gente. Ejemplo que debemos seguir muchos funcionarios del municipio”, dijo de Álvaro, el presidente municipal de Saltillo, Jorge Torres (hoy gobernador sustituto). Este Moreira debe regresar a la dependencia que dejó una vez consumado el proceso electoral.

Otro hermano, Carlos Ariel dirige las secciones 5 y 38 del Sindicato Nacional de Trabajadores del Estado. Iván, el menor, es el director del Instituto Estatal de Capacitación y Actualización del Magisterio. Elisa se desempeña como jefa del área para Jubilados, Pensionados y Adultos Mayores en la Secretaría de Educación de Coahuila. Monserrat, la hermana de ojos diferentes, también cobra con cargo al erario. Ella es coordinadora del programa “Sí a la vida”, del DIF estatal.

 

La esperanza: Pasta de Cochos

Todo se acabó aquel día. Y yo había rezado mucho para que nos enviara por lo menos una esperanza. Nos envió al gobernador Humberto Moreira que sí quería iniciar el rescate, pero está visto: todo terminó en palabras. El gobernador agarró su camino. Nosotros seguimos con los mismos muertos”. Son las palabras de una mujer  que lo perdió todo a partir de la explosión de la mina de Pasta de Conchos. Primero perdió a su esposo –uno de los mineros- y después perdió el dinero en la batalla porque le regresen el cuerpo de ese minero.

Insiste en que de nada vale dar su nombre, que lo importante es volver a reclamar el cuerpo de su compañero porque desde entonces, en su terruño ya no existe la tranquilidad. “Moreira, sí se lo digo, fue una esperanza. En aquel tiempo se puso bravío”. Esta nostalgia es la misma de los otros damnificados de Pasta de Conchos.

Aunque el tema ya no se encuentra en la agenda política de Humberto Moreira, la esperanza –ese halo ganado en aquellos días de Pasta de Conchos- se mantiene como lugar común de las canciones que integran su sound track biográfico.

En youtube, las canciones que amenizan su vida, desde giras en escuelas primarias hasta su segunda boda con Vanessa, son canciones de superación y de amor. Las interpretan Diego Torres, Franco de Vita o el grupo Camila. Son melodías que dan cuentan cómo se transforman los bajos perfiles. Por ejemplo, la de Diego Torres dice: “Saber que se puede, saber que se quiere”.

 

Moreira conquista el centro

Amparado en su popularidad, su buena relación con la poderosa Elba Esther Gordillo y un control político sobre su entidad envidia de todos los gobernadores, Moreira se convirtió en un activo que pronto atrajo el interés de los jerarcas del partido. Peña Nieto entendió que podía ser el hombre ideal para liderar al bloque de gobernadores que comenzó a aglutinar en torno suyo desde hace dos años. Su facilidad para relacionarse, el hecho de no pertenecer a una facción priista en particular, y la libertad de movimientos que le ofrecía el control, de su estado, permitió a Moreira convertirse en el mejor embajador de la precampaña del mexiquense, particularmente en el norte del país.

Cuando la tensión entre el equipo de Peña Nieto y la dirigente del PRI, Beatriz Paredes, comenzó a acentuarse y la fecha del recambio en el partido a aproximarse, Humberto Moreira se convirtió en el único candidato para convertirse en mandamás del tricolor. Una vez en el puesto, el ex gober bailador se transformó en escudo para detener los golpes a Peña Nieto y en el más agudo y estridente crítico del gabinete panista. Dicharachero y ocurrente, sus confrontaciones verbales comenzaron a ocupar las ocho columnas de los diarios. Parecía el escudero perfecto para acompañar al trono a Enrique Peña Nieto. Hasta que su propio éxito, repentino y vertiginoso, regresó para alcanzarlo bajo la figura de un probable prestanombres: Vicente Chaires.

 

Moreira S.A.

Empresas adjudicadas a Vicente Chaires, señalado por los senadores panistas Federico Doring y Rubén Camarillo como prestanombres de Humberto Moreira

Medios electrónicos en Coahuila

  • XESJ-AM de Saltillo
  • XHRE-FM de Piedras Negras
  • XHSL-FM de Piedras Negras
  • 100.7 de Ciudad Acuña
  • Canal 22 de Piedras Negras

Inmobiliarias en Texas

  • Vicap Global Investments, LLC.
  • Procon Marketing, LLC.
  • Transnational Construction
  • Real Estate Co., LLC.

Fuente: demanda interpuesta ante la PGR por Federico Doring y Rubén Camarillo