Mancera en 2016. Foto: Cuartoscuro

Mancera en 2016. Foto: Cuartoscuro

Caían los últimos votos al PREP de la elección pasada cuando desayuné con un conocido. Conversamos de los temas que tenía en el buche y después, de la nada, me dijo:

–Tengo mucha curiosidad por saber lo que piensan en el Gobierno de Mancera. Deben estar muy sacados de onda.

Le pregunté, obvio, por qué lo de “sacados de onda”. Pensé que ahondaría en la derrota del PRD, que no fue tan dramática, en la capital. Y sí, de eso me habló.

Luego, mientras caminaba hacia mi oficina fui haciendo un recuento del resultado de la elección y su impacto en las aspiraciones presidenciales de varios.

Vicente Fox dijo la semana pasada que Margarita Zavala tiene enormes posibilidades a partir del ascenso del PAN, y yo dije por qué no es así. Expresé, en mi anterior columna, que la candidatura que intenta imponer su marido, Felipe Calderón, podría significar la derrota adelantada. Dije que Calderón sólo ganó 2006 y en los siguientes años cayó una maldición sobre el PAN que lo envió a un tercer sitio en las preferencias. También dije que hay nuevos jugadores panistas que resultaron triunfadores y que en su momento fueron tratados a madrazos por Calderón.

Pero de que el PAN va encarrilado, va. Después de la elección 2016 ha opacado a Morena, cuyo cuasi-candidato, Andrés Manuel López Obrador, iba solo. Esto tendrá una recomposición dependiendo quién sea el candidato del PRI y de los parásitos que le pagamos entre todos (el “Verde” “Ecologista” y los otros).

Mi gran duda es qué pasará con el PRD.

Si va con el PAN, adiós candidatura de Miguel Ángel Mancera porque el PRD no podrá imponer al suyo en una alianza.

Veo difícil que los perredistas vayan con Morena pero si se diera, también sería un adiós a la candidatura de Mancera.

Si el PRD va solo, con la debacle del partido y con los niveles de aceptación del Jefe de Gobierno capitalino, el PRD aceleraría su ruta hacia el abismo; una ruta que a veces parece ser acelerada por los propios perredistas: Agustín Basave se va, dejando el partido en manos de esa jauría conocida como “las tribus”.

Está la opción, claro, de que Miguel Ángel Mancera no sea candidato “natural”. Esto sería, en sí mismo, un hecho histórico: desde 1994 (y en 2000, 2006 y 2012) siempre hubo un “natural” en el PRD desde dos o tres años antes: primero Cuauhtémoc Cárdenas, luego Andrés Manuel López Obrador.

Pero si no hay otra opción que Mancera, y el PRD va con él hasta el final, ambos (partido y candidato) tienen otra opción. No es buscar la Presidencia: es jugar a buscar la Presidencia para obtener un premio de consolación. Lo explico adelante.

***

Calculan bien los que aconsejan a Mancera que debe lanzarse en 2018. Yo no le veo posibilidades de ganar, por supuesto; varios de los que lo rodean (con algunos he conversado en los últimos meses) tampoco. Pero, razonan, Mancera podría cargar votos muy valiosos. Votos de oro.

Así sea un uno por ciento de la votación total (estoy exagerando, quizás, no sé), ése uno por ciento valdrá oro.

Uso los datos de 2012:

En esa elección hubo un total de 50 millones 323 mil 153 votos efectivos, descontando un millón 241 mil 154 votos nulos.

Se trató, como sabemos, de una elección más cerrada que la que vendieron distintos medios y sus encuestadoras. Enrique Peña Nieto se llevó, dijo la autoridad electoral, 19 millones 226 mil 784 votos. Andrés Manuel López Obrador, su más cercano contrincante, 15 millones 896 mil 999 votos.

La diferencia entre ambos fue de 3 millones 329 mil 785 votos.

Regresemos a 2016.

Todas las encuestas presidenciales difundidas hasta hoy indican que López Obrador va adelante.

Digamos que, bajo esa lógica, AMLO puntea en 2018 y tiene un segundo que le pisa los talones (que podría ser el que salga por el PAN).

El PRD sí tendría unos 3 millones 329 mil 785 votos con Mancera como candidato. Digo, es un 6.6 por ciento de los votos de 2012: Cuauhtémoc Cárdenas, en su última elección (la de 2000), obtuvo 16.64 por ciento, es decir, diez puntos porcentuales más.

Esos votos de Mancera en 2018 (3 millones 329 mil 785 votos o un 6.6 por ciento supuesto, la diferencia entre AMLO y EPN en 2012) podrían permitir que cualquiera de los punteros gane.

De esta manera, los votos de Mancera serían los que hacen a alguien Presidente. Son, literal, votos de oro.

***

La anterior fórmula se amarra en un supuesto: que Mancera sea candidato. Algunos perredistas con los que he platicado empiezan a dudarlo. Porque, ¿qué opciones tiene el PRD?

1. Una candidatura independiente poderosa.

2. Una alianza.

Y en ambos casos, Mancera queda fuera.

Sin embargo, si es Mancera el candidato porque las tribus afines se imponen, entonces no le quedará otra que vender sus votos de oro.

Esos votos de oro pueden comprárselo cualquiera de los tres candidatos: el del PAN, el de Morena y el del PRI.

El PRD ha afianzado sus relaciones con el PAN; Mancera, con el Gobierno federal (PRI). Ambos (PRI y PAN) ODIAN a López Obrador. Entonces, si se trata de vender el voto, los que pagarán más serán el PAN y el PRI.

Así pues, si Mancera es candidato –aunque ya hay serias dudas–, ya sabe usted hacia dónde podría ir su voto si es que todavía está pensando que el Jefe de Gobierno y el PRD pueden significar una opción seria para México.

Todo está por verse. Todo. Igual y Mancera de repente se espabila y sorprende con algo que revierta más de tres años de tobogán; más de tres años de dilapidar los votos, los muchísimos votos que lo llevaron al Gobierno de la capital. Si fuera así –aunque lo veo muy, pero muy peregrino–, los votos de oro serían para él y el partido que lo ha adoptado.