El centro de exhibición de productos chinos más grande fuera de China, autorizado por el gobierno mexicano para instalarse en Cancún, tuvo un símil en Suecia. Para autoridades de ese país, aquello fue un mal sueño

En medio de una idílica región boscosa, en la ciudad de Kalmar, al sureste de Suecia, yace un terreno vacío, inerte. Allí estuvo alguna vez  el proyecto chino Fanerdun.

Fue una tarde veraniega de agosto de 2006 cuando ante la oficina del alcalde de Kalmar, Joan Persson, se presentó un dinámico hombre de negocios chino de nombre Luo Jinxing. La oferta propuesta sobre el escritorio de Persson era clara y precisa: Luo Jinxing crearía un espacio para que empresas chinas  ofrecieran y comercializaran sus productos en Suecia  y los consumidores suecos accedieran a estos productos de primera mano y sin necesidad de hacer el largo camino  aduanal e industrial hasta China; bastaría ir a Kalmar, región que entre otras cosas no es famosa por sus vías de comunicación o carácter cosmopolita.

Para realizar tal proyecto, el chino Luo se ofreció a comprar siete mil metros cuadrados de terreno en Kalmar y llamar a todas las oficinas de Hangzhow para importar lo mejor de la manufactura asiática y ser un parteaguas en la economía escandinava.

Para el alcalde de Kalmar, la idea parecía bajada del cielo, ya que en esa región, el trabajo hacía falta, y aunque la propuesta del chino Luo  fijaba como mayoritariamente china la población que sería empleada por su empresa (algunos cientos), las posibilidades de que el empleo se repartiera entre los locales suecos era un hecho, por lo que el alcalde Persson enseguida dio inicio a los trámites necesarios para la venta del predio sugerido por Luo.

La respuesta de las autoridades de la localidad sueca fue  sorprendentemente positiva, ya que con celeridad aprobaron la venta  y explotación de predios con el fin de que el señor Luo y el proyecto  Fanerdun establecieran un centro comercial, un hotel, y edificios suficientes para albergar 900 departamentos para ciudadanos chinos. El costo del terreno ascendió a 20 millones de coronas suecas, algo asi como 40 millones de pesos mexicanos.

En el acuerdo firmado entre el señor Luo y las autoridades suecas se estableció que la mano de obra, así como los expertos en construcción que darían forma al proyecto serían trabajadores chinos aunque  siempre quedaba abierta la posibilidad de que se empleara mano de obra sueca cuando lo requiriera la carga de trabajo. Los sueldos que  percibirían los trabajadores chinos serían de acuerdo con el tabulador  sindical sueco.

FANERDUN LLEGABA A TIANANMEN

Al tiempo que el empresario chino Luo  Jinxing cerraba tratos con las autoridades suecas, su proyecto Fanerdun en China comenzaba una campaña de promoción por TV y radio. Se buscaban empresarios dispuestos en invertir en la civilizada Suecia.

En plena vorágine publicitaria, en China, el periodista sueco Ola Wong quien se encontraba cubriendo Asia como reportero para el diario sueco Barometern decidió acercarse un poco más y ver de cerca lo que Luo y Fanerdun proyectaban hacer en Suecia. Así, mediante una llamada telefónica en la que Ola Wong se hizo pasar como un ciudadano chino que buscaba trabajo en el proyecto, obtuvo promesas   tales como que tendría un salario mensual equivalente a 25 mil pesos, que lograría un permiso de residencia y hasta una identidad nacional que le permitiría votar, escuela gratis para los niños, un departamento y seguro social. En conclusión, una vida de ensueño.

El reportaje de Ola Wong explotó como bomba en Suecia y las críticas contra el proyecto no tardaron en hacerse llegar, los inversores chinos pasaron de ser vistos como empresarios a parásitos, la reacción de Luo al darse a conocer el audio de la entrevista telefónica de Ola y la empresa Fanerdun, fue amenzar con expulsar de China al osado periodista sueco quien a parecer de Luo, los había engañado con toda mala intención.

Para el invierno del 2006, Luo convocó a una reunión a potenciales inversores chinos y medios  de comunicación. Los citó en un salón privado anexo al Parlamento chino en el corazón de la plaza de Tiananmen en Beijing, durante la sesión de preguntas y respuestas al preguntarle cómo es que él podría hacer promesas a trabajadores cuyo cumplimiento no estaba claro en tanto que no dependía de él, sino del gobierno sueco, Luo contestó que la secretaria que había contestado la llamada del periodista Ola Wong no tenía autorización de dar esa información y que “las respuestas vertidas por la chica  eran producto de su corta imaginación”.

Y EN SUECIA, LA ESTÉTICA YA ERA PROBLEMA

El Señor Luo tenía suficiente con su misión de convencer inversores chinos como para preocuparse por la arquitectura del hotel que se  erguía en Kalmar, como la primera parte del proyecto Fanerdun. La crítica iba en el sentido de que el hotel en cuestión a criterio de los suecos, parecía “muy comunista” y eso desentonaba con la estética de la ciudad. Así también, que los sueldos que se pagarían a los trabajadores chinos no serían iguales a los que percibiría un sueco, sino sólo el 60 por ciento.

En ese momento, la Universidad de Estocolmo y otras ciudades como Gotemburgo y Lund habían visto incrementada su matrícula de estudiantes para estudiar chino, lo que hacía evidente de que había un real interés por parte de la comunidad sueca en aprender chino y  contactarse de algún modo con ese país.

El mismo interés que tenían los jóvenes suecos en aprender chino,   pusieron los líderes sindicales suecos en bloquear la incipiente obra  en Kalmar. Dejaron de pagar a los trabajadores chinos que ya se encontraban asentados allí hacía meses, con el argumento de que los deficientes estándares de la construcción ponían en riesgo la integridad física de los trabajadores, por lo que procedieron a paralizar la obra de manera indefinida.

Para septiembre de 2007, con el cascarón del centro comercial a medio construir, el señor Luo insistía en que el proyecto todavía era viable, cosa que se encargó de desmentir el jefe de finanzas sueco Peter Fust, cuando declaró que el gobierno chino no había dado la aprobación para que el dinero necesario para concretar el proyecto Fanerdun, saliera del país.

Luo abandonó la obra y el proyecto, y dejó una deuda de casi 20 millones de pesos  en sueldos adeudados a trabajadores chinos que  tomaron  el camino de vuelta a casa. De los 100 potenciales  inversionistas chinos, sólo uno había concretado la compra de local y Luo, maleta en mano, desapareció del  panorama político y  empresarial sueco para siempre.

Hace seis meses el  todavía alcalde de Kalmar, Joan Persson, fue entrevistado por el diario Östran y ante la pregunta de cómo había sido posible que él fuera tan positivo con un proyecto escandaloso como el de Fanerdum contestó: “Llega un hombre con todas sus ganas a  querer hacer negocios en tu pueblo. Tú, como alcalde, no vas a decirle, ¿estas loco? ¡Nadie ha invertido en este lugar hace años, estamos lejos de todo y de todos!”