No puedo decir que es totalmente bello, pero tiene mi edad (nació en 1962) y un aire juvenil que va más allá de la edad. Foto: luisgemartin.es

No puedo decir que es totalmente bello, pero tiene mi edad (nació en 1962) y un aire juvenil que va más allá de la edad. Foto: luisgemartin.es

Jorge F.Hernández tiene una actividad extraliteraria: poner los escritores que admira y que quiere (a veces no son el mismo) con una foto en la que dice: ¡Viva!

Me encanta seguirlo y ver en qué anda su hobbie; el otro día descubrí una foto de Beatriz Rojas, la mujer de Jean Meyer, que no se muestra mucho y una foto de él riendo, algo que no es muy distintivo.

Descubrí al escritor Luisgé Martín por medio de una nota. Hablaba de su última novela, El amor del revés (Anagrama), donde cuenta sus muchos mecanismos antes de aceptar la homosexualidad, un hecho que vivía a escondidas haciéndolo sentir un hombre “como una cucaracha”.

Me quedé leyendo la nota y me interesó mucho. Una por las cosas de las que hablaba y otra por su rostro: “Fue en esa época cuando comencé a pensar que la belleza física, en contra de lo que habitualmente se afirma, posee mayor valor humano que las virtudes intelectuales y que aunque se deba a la herencia genética y no al esfuerzo y al mérito, la recompensa que ofrece a quien la contempla es de una índole superior, casi sagrada. Treinta años después sigo creyendo lo mismo”, dice Luisgé en la telenovela La vida equivocada.

No puedo decir que es totalmente bello, pero tiene mi edad (nació en 1962) y un aire juvenil que va más allá de la edad y, oh sorpresa, en mi biblioteca (estoy desmontando mis estantes pero todavía encuentro algunas cosas) encontré La vida equivocada. Y me lancé a leerlo: un gozo absoluto. En el medio de las cosas que debo leer para el trabajo, me hago tiempo para leer sobre la vida de Max, de Elías, del amor equivocado sobre un hombre homosexual y otro flexible que no tenía temor en acostarse con él para complacerlo y la vida de cada uno: mientras uno se hace escritor –aunque no conoce a Vargas Llosa-, el otro después de 25 años se hace feo y sin ninguna dote para la literatura. He llegado adonde Max se muere y donde él se queda con los materiales de Max que le permiten iniciar una novela y por supuesto me haré con todas las novelas de Luisgé Martín.

Nació en Madrid, donde ha vivido siempre. Estudió durante once años en un colegio de curas, donde descubrió que Dios no existe o que, en el caso de que exista, es mucho mejor permanecer lejos de él. Fue también boy scout, lo que le permitió tener al menos en una época de su vida contacto con la naturaleza. Al final de su adolescencia sintió un impulso irresistible hacia el periodismo y formó parte de los equipos fundadores de dos revistas culturales (todavía no se hablaba de fanzines), Esperpento y Perchero.

Su primer libro publicado, en 1990, fue Los oscuros, una colección de cuentos que mostraba los rastros literarios de Jorge Luis Borges. Posteriormente ha ido publicando las novelas La dulce ira (Alfaguara, 1995), La muerte de Tadzio (Alfaguara, 2000, galardonada con el Premio Ramón Gómez de la Serna), Los amores confiados (Alfaguara, 2005), Las manos cortadas (Alfaguara, 2009), La mujer de sombra (Anagrama, 2012). En 2002 publicó un segundo libro de cuentos con el título El alma del erizo. Yo digo ahora: ¡Viva Luisgé Martín!