Un grupo multidisciplinario de investigadores mexicanos publicaron un libro que agrupa todas las actividades turísticas que se desarrollan en Yucatán, en el que se abarcan las actividades en la costa, litorales y manglares.

Por Marytere Narváez

Ciudad de México, 21 de abril (SinEmbargo/AgenciaConacyt).– La costa de Yucatán está integrada por paisajes naturales desarrollados en forma de bandas que se extienden paralelamente al litoral. En su interior, se conforman lagunas rodeadas por manglares y petenes (formaciones vegetales en formas de pequeñas islas en medio del manglar) que, entre muchos factores, han permitido el desarrollo turístico asociado a la costa de la región.

Con el objetivo de describir las características de las modalidades en que se desarrolló la actividad turística en las zonas costeras de Yucatán y proponer elementos para su monitoreo y manejo, investigadores del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav IPN), unidad Mérida y del Instituto Tecnológico de Mérida (ITM), que forma parte del Tecnológico Nacional de México (Tecnm), elaboraron un estudio interdisciplinario que dio como resultado el libro La costa de Yucatán en la perspectiva del desarrollo turístico.

“Este libro surge a partir de que trabajamos como grupo de investigación en el Ordenamiento Ecológico de la Costa, tuvimos una serie de discusiones y surgió la propuesta de trabajar el tema de turismo porque indudablemente este trabajo nos llevó a ver que el turismo desempeña un papel importante en sus varias modalidades a lo largo de toda la costa”, indicó Ana García de Fuentes, investigadora del Cinvestav Mérida.

El proyecto se realizó de 2005 a 2007 con el financiamiento de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) y tuvo una actualización en 2010. Al tener como origen la perspectiva del Ordenamiento Ecológico, el eje de trabajo fue el impacto del turismo en la conservación de la costa de Yucatán.

Para Manuel Xool Koh, profesor del Posgrado en Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la importancia del proyecto radica en que fue el primer libro de su tipo en agrupar todas las actividades turísticas que se desarrollan en la costa y permite observar el panorama general de todas sus modalidades.

“Podemos ver cruceros, casas de segunda residencia, empresas sociales que se dedican a actividades turísticas, hoteles, restaurantes, así como una serie de indicadores importantes como el número de empleos que generan. En una mirada rápida podemos observar una gran cantidad de actividades vinculadas al turismo que están en la costa”, apuntó.

DE LAS CASAS DE VERANEO AL TURISMO ALTERNATIVO

Los flamencos rosados son la principal atracción de Celestún, Yucatán. Foto: Shutterstock

De acuerdo con García de Fuentes, adscrita con nivel II al Sistema Nacional de Investigadores (SNI), el libro abarca todos los puertos de la costa ya que el turismo no se limita a las zonas de mayor riqueza económica como la ciudad de Progreso, ubicada al noroeste del estado, o a las zonas de casas veraniegas que se extienden desde el puerto de Chelem hasta el puerto de Telchac.

“En todos los puertos, desde Celestún hasta el Cuyo, se ha ido desarrollando la actividad turística. En el libro se marcan las áreas de influencia porque si bien algunos están vinculados con el turismo internacional como Celestún, otros responden a un área de influencia muy concreta, usualmente conformada por municipios donde la gente que vive tierra adentro viaja a un puerto cercano que es su lugar de descanso de fin de semana o de veraneo”, anotó.

“Posteriormente surge lo que hemos llamado el turismo alternativo, que son grupos generalmente conformados por pescadores que empiezan a incursionar en la oferta de actividades turísticas de una escala mucho menor, como paseos en lancha por las rías y lagunas costeras, observación de fauna, entre otros”, indicó.A lo largo de la costa predomina el turismo veraniego local, por lo que la construcción de casas de veraneo ha implicado un proceso de urbanización. Los hoteles y restaurantes, por otra parte, están concentrados en determinados lugares y conforman un turismo más masivo que se intensifica los fines de semana.

ORDENAMIENTO ECOLÓGICO TERRITORIAL DE LA COSTA

Alfonso Munguía Gil, profesor investigador del Instituto Tecnológico de Mérida, señaló que el Ordenamiento Ecológico de la Costa de Yucatán se desarrolló entre 2005 y 2007 bajo la coordinación del Cinvestav Mérida y la participación de múltiples investigadores que estudiaron diferentes problemáticas para realizar una caracterización amplia de lo que se define como costa, y desde entonces se ha ido modificando.

“Se trabajó a través de muchos talleres con las poblaciones locales para integrar información tanto científica como de conocimiento de las comunidades”, apuntó. Con esto, se decretó el ordenamiento para regular el uso del territorio a partir de los criterios de regulación ecológica que, de acuerdo con su disponibilidad de uso, los clasificaban en cinco tipos de territorio: tres de conservación y dos de aprovechamiento.

“Los primeros esfuerzos de ordenamiento iniciaron en las áreas naturales protegidas, que implicaba ordenar espacios mucho más delimitados. A partir de esto, el siguiente esfuerzo fueron los ordenamientos territoriales y uno de los primeros fue el de la costa de Yucatán, que se hizo prácticamente al mismo tiempo que el ordenamiento del estado”, señaló Xool Koh.

En 2012 se decretó el ordenamiento general de territorio a nivel nacional y posteriormente se decretó el ordenamiento marino del golfo de México y del mar Caribe, por lo que actualmente el territorio de Yucatán está regulado por cuatro ordenamientos.

UNIDADES DE GESTIÓN AMBIENTAL, PAISAJES Y ACTIVIDADES

Dr. Manuel Xool Koh, Dra. María Dolores Cervera Montejano, Dra. Ana García de Fuentes y Dr. Alfonso Munguía Gil. Foto: Agencia Conacyt

De acuerdo con García de Fuentes, la idea que plantea el ordenamiento es hacer una caracterización y un diagnóstico de toda la costa, empezando por definir lo que se entenderá por costa. “Después nosotros proponemos una división de pequeñas unidades territoriales que se denominan Unidades de Gestión Ambiental (UGA) y proponemos qué tipos de usos pueden estar permitidos en cada una y cuáles no”, indicó.

En este contexto, el turismo es una de las actividades más dinámicas entre todas las que se practican en la costa y la que puede transformarla en mayor medida. Para establecer las UGA, los investigadores partieron de dos criterios: el primero abordó los paisajes que conforman esta costa y que corren paralelos al litoral, mientras que el segundo fueron las actividades pesqueras.

Como primer paisaje de la costa se presenta la isla barrera y la planicie sumergida colindante al litoral, que son acumulaciones de arena con dunas costeras cubiertas de vegetación y resultan muy frágiles debido a que conforman la primera resistencia frente a huracanes y tormentas tropicales.

“El siguiente paisaje es el de las lagunas litorales y el tercero son los manglares, ecosistemas muy importantes desde el punto de vista ambiental para toda la población tanto por la protección como por su papel en la depuración del ambiente y en la reproducción de muchas especies de aves y peces. Después tenemos los humedales, hay una franja de terreno que se inunda periódicamente y está cubierta por pastizal o selva baja. Luego empieza el territorio seco que sería de selva baja y algunas porciones de selva mediana”, indicó.

En cada paisaje se establecieron UGA y se jerarquizaron las posibilidades de uso. Las C1 fueron predominante de conservación; las C2 fueron de conservación con un mínimo de uso; y las C3 fueron de conservación con aprovechamiento. En cuanto a las de aprovechamiento, se definieron de acuerdo con las categorías de aprovechamiento moderado y aprovechamiento medio, pues en la costa no existían las condiciones para un aprovechamiento intensivo.

“El criterio para ver qué unidad se asignaba a cada territorio partía de esta jerarquía, viendo la fragilidad del territorio y los problemas que podrían implicar ciertos usos en cuanto a contaminación. Indudablemente en la isla barrera, el uso más intenso que estaba impactando era el turismo y por eso decidimos estudiarlo de manera específica. El otro era la pesca, pero las infraestructuras ya estaban hechas y no representaban mucha modificación”, indicó.

EVALUACIÓN DE CONDICIONES DE VIDA 

María Dolores Cervera Montejano, investigadora del Departamento en Ecología Humana del Cinvestav Mérida, participó en el proyecto con el tema de condiciones de vida y salud. “Incorporé a la discusión la evaluación del impacto que tienen programas y políticas del impulso al turismo, sobre todo en el contexto de esta noción de que el turismo nos va a salvar de la pobreza a todos”, indicó.

De acuerdo con Cervera Montejano, quien forma parte del Sistema Nacional de Investigadores con nivel I, para evaluar el impacto de un proyecto turístico generalmente se toma como criterio el cambio en los ingresos, pero esto no significa que haya un mejoramiento de las condiciones de vida (alimentación, salud, vivienda y educación).

“Tampoco se han evaluado cuáles fueron las expectativas y visiones que tienen los participantes con respecto a la propia actividad, cómo pueden mejorar o por qué no podrían, ese es otro aspecto que propongo que debería ser parte en las evaluaciones sobre el impacto real que tiene el turismo en el bienestar de la población”, comentó.

Según la evaluación realizada por los investigadores, la cadena de valores ligada a la pesca desde el sector primario hasta el terciario representaba 60 por ciento del valor de la costa, por lo que para María Teresa Munguía Gil, investigadora de la Universidad Autónoma de Yucatán, es un proceso clave. “No se puede aislar solo el turismo porque está ligado al territorio, a la salud y a la extracción de recursos naturales locales, entre otros aspectos. Es un entramado que hay que analizar de forma integral”, apuntó.

El libro La costa de Yucatán en la perspectiva del desarrollo turístico puede ser consultado en línea a través de este enlace proporcionado por la Conabio. En la última sección se presenta una serie de indicadores que pueden ser retomados por investigadores y estudiantes para medir lo que pasa en las zonas costeras actualmente, a mediano y a largo plazo.