Pekín, 22 jun (EFE).- La oficina de Seguridad Laboral de Mongolia Interior ha cerrado 205 minas no carboníferas y ha suspendido las operaciones de otras 136 para mejorar los controles en la región autónoma china, escenario de fuertes protestas por parte de pastores que acusan a las mineras de causar daños medioambientales.

“La campaña apunta a promover la minería segura y proteger la vida de los operarios”, dijeron hoy fuentes gubernamentales citadas por la agencia oficial Xinhua.

Los portavoces evitaron dar detalles sobre los motivos de las sanciones a las empresas, aunque en China es común el cierre de minas por carecer de los permisos correspondientes o por negligencia en la seguridad laboral, según Xinhua.

La medida llega semanas después de multitudinarias manifestaciones desatadas por la muerte de dos pastores locales a manos de trabajadores mineros a los que los primeros intentaron bloquear el paso y detener su trabajo.

La región autónoma de Mongolia Interior acoge las mayores reservas de carbón del país, con un total de 741.400 millones de toneladas.

El desarrollo carbonífero en la zona ha impulsado la actividad económica, pero a la vez suscitado graves problemas medioambientales.

Informes oficiales de expertos advierten que la sobreexplotación podría dañar la vulnerable ecología de Mongolia Interior, y debilitar su rol como barrera natural para prevenir tormentas de arena y la expansión de la desertificación en el norte de China.

Esto ha generado fuertes enfrentamientos durante las últimas semanas entre pastores de la etnia mongol, que resisten el avance de la minería sobre la región por su impacto ambiental, y trabajadores de las empresas desplazados a la zona.

En mayo pasado dos pastores de la etnia mongol murieron a manos de mineros del carbón chinos, lo cual desató dos semanas de protestas reprimidas por la policía local causando al menos 18 heridos, algunos de gravedad.

La población de etnia mongol de Mongolia Interior, unos seis millones, suma menos del total de habitantes de la región, con 24 millones, y considera que su estilo de vida tradicional se ve amenazado por la proliferación de proyectos mineros en su región.