Sondeos y comentarios de analistas serían prácticamente unánimes en considerar que Alejandro Encinas fue el más claro ganador de la intensa ronda de debates sostenidos entre los contenientes al gobierno del Estado de México. No obstante, las encuestas de intención de voto arrojan pocos cambios en la posición de los candidatos y en todo caso un avance en la distancia que mantiene Eruviel Ávila, abanderado del PRI, quien siguió ganando potenciales votos aunque claramente no fue el vencedor de esos encuentros. La experiencia del Edomex impone una pregunta: ¿sirven de algo los debates electorales? Sin embargo analiza esta aparente esquizofrenia entre los debates electoral y la intención real del voto.

El gráfico de la encuesta diaria de Gabinete de Comunicación Estratégica, ofrece una buena oportunidad de contrastar la intención de voto de la población del Edomex con las incidencias del debate entre los candidatos (ver nota final sobre la confiabilidad de esta encuesta). El impacto es prácticamente nulo.

Como se advierte en la gráfica 1, “el primer debate”, aunque extraoficial, se realizó en el programa punto de partida de Denise Maerker el 19 de mayo. Llegaron ese día a Televisa con intenciones de voto equivalentes a 47 a favor de Eruviel, 21 de Encinas y 18 de Bravo Mena. En los siguientes dos días la tendencia fue la misma, aunque a partir del tercer día el priista comenzó a ascender lentamente y el panista a desmoronarse. En ambos casos parecía más el resultado del pésimo arranque de campaña de Bravo Mena y la maquinaria aplanadora de Eruviel, que del desempeño frente a las cámaras de Punto de Partida.

Tres semanas más tarde en el primer debate oficial, el 8 de junio, las cosas no fueron distintas. Para entonces Bravo Mena ya había caído hasta un 13 por ciento, y Eruviel se había instalado ligeramente por encima del 52 por ciento. Ya no se movería. A pesar de “las chapitas”, del mal desempeño de Bravo Mena y del bueno de Encinas según sondeos posteriores (el diario Reforma, incluso, hizo un foro de balance esa misma noche que arrojó ese saldo) las tendencias prácticamente seguirán congeladas durante los siguientes días. Poco más de 700 mil personas vieron este debate, según los raitings de Ibope, aunque no se precisa cuántos de ellos serían votantes potenciales del Estado de México. Pese a que Encinas queda como claro ganador en opinión de muchos, su peso proporcional en las encuestas no mejora en absoluto.

El “tercer debate” tampoco haría diferencias. El 15 de junio se reunieron en torno a Joaquín López Dóriga en el Canal de las Estrellas. Casi dos millones de personas vieron a un Eruviel sin chapitas, a un Encinas documentado y calmo, y a un Bravo Mena emotivo y muy fajador, pero el resultado fue el mismo: nada. Las tendencias de intención de voto no se movieron un ápice.

 

Los debates y la democracia

Desde hace tiempo se discute en todo el mundo democrático sobre el impacto real de los debates electorales. Las conclusiones no difieren mucho de las que se desprenden del caso del Edomex. El mejor estudio al respecto fue escrito por James Stimson (el libro Tides of Consent) y reporta que los supuestos “puntos de inflexión” en los que habría cambiado el resultado electoral debido a un debate son leyendas urbanas. Stimson analiza 50 años de debates electorales en Estados Unidos y afirma que en ningún caso hicieron diferencia. Incluida la legendaria confrontación entre John F. Kennedy y Richard Nixon, en el que el demócrata supuestamente habría ganado gracias a su atractivo personal y al desaliño del republicano, con barba de “las 5 de la tarde”. Patrañas dice Stimson. Salieron con la misma mínima diferencia que con la que habían entrado.

Los expertos señalan que mucho más importante que el debate es “el debate sobre el debate”. Es decir, lo que los expertos, medios de comunicación y líderes de opinión difunden sobre el desempeño de los contendientes. Son ellos los que determinan al ganador y, en esa medida, influyen en la opinión del votante.

Pero incluso tal impacto es muy pequeño. En realidad los debates son realizados en fechas muy cercanas al día de la elección. Para ese entonces las campañas y precampañas ya han hecho su trabajo y las intenciones de votos ya han sido asumidas. El caso del Edomex ofrece un buen ejemplo al respecto. Las precampañas prácticamente ya habían decidido primero, segundo y tercer lugar. La diferencia entre las encuestas del 16 de mayo y las del 21 de junio simplemente dan cuenta de un leve crecimiento de Eruviel, un estancamiento de Encinas y la caída de Bravo Mena. En otras palabras, lo importante para una elección sucede mucho antes de los debates.

En resumen, una contienda tendría que ser microscópicamente reñida para que un debate pudiera hacer mella.  Por lo general, el candidato que va de líder en las encuestas enfrenta a los debates de manera muy conservadora; su estrategia de comunicación está diseñada simplemente para no perder puntos, o perder el mínimo posible.

Los debates tendrían que darse mucho más temprano en la contienda, para ser realmente impactantes. Pero incluso así, se trata de espectáculos más atractivos para los periodistas y la clase política que para el votante real. Los pocos ciudadanos que realmente siguen un debate son los que ya tienen comprometido su voto y desean, simplemente, ver como lo hace “su gallo”. El debate de este miércoles 22 no ha sido la diferencia.

Nota metodológica. Se ha escogido la encuesta de Gabinete de Comunicación Estratégica, publicada en Milenio, por ser diaria. Sin embargo es asombrosamente similar a las lecturas mensuales presentadas por El Universal y Reforma.