Washington, 22 jun (EFE).- Dieciocho años después de su llegada a Estados Unidos y cuatro después de ganar el premio Pulitzer, el periodista filipino José Antonio Vargas decidió confesar hoy lo que lleva ocultando todo este tiempo: que es un inmigrante sin papeles.

“Estoy cansado de huir. Estoy agotado. Ya no quiero esa vida”, escribe Vargas en un extenso artículo que hoy publica el diario New York Times, titulado “Mi vida como un inmigrante indocumentado”.

Vargas, que compartió el Pulitzer en 2007 por su cobertura del tiroteo en la Universidad de Virginia Tech ese año, se ha labrado una meteórica carrera como periodista gracias a documentos personales falsos, según confiesa en el artículo.

Un carné de conducir obtenido gracias a elaboradas mentiras le permitió entrar como becario en el “Washington Post” en 2003, y continuar su carrera más tarde en el “Huffington Post”.

“Ese permiso caducaba el día de mi 30 cumpleaños, el 3 de febrero de 2011. Tenía ocho años para lograr éxito profesional, y confiar en que algún tipo de reforma migratoria se aprobara mientras tanto y me permitiera quedarme. Parecía que tenía todo el tiempo del mundo”, relata el periodista.

A principios de este año, cuando la fecha se acercaba, logró un nuevo permiso de conducir del estado de Washington, válido hasta 2016.

“Esto me daba cinco años más de identificación aceptable, pero también cinco más de miedo, de mentir a gente a la que respeto y a instituciones que confían en mí, de huir de quien soy”, dice Vargas, que reconoce que esa fue la razón por la que dejó el año pasado el “Huffington Post”, y no por escribir un libro, como había dicho.

La historia de Vargas como indocumentado comenzó en 1993, cuando su madre le llevó al aeropuerto de Manila, le presentó a un desconocido y le dijo que se trataba de su tío.

“Si alguien preguntaba por qué iba a América, tenía que decir que iba a ir a Disneylandia”, recuerda.

En realidad, se dirigía a Mountain View, cerca de San Francisco (California) para vivir con sus abuelos, con la promesa, que nunca se cumplió, de que su madre se encontraría con él en unos meses.

El joven Vargas no se dio cuenta de su situación ilegal hasta cuatro años más tarde, cuando trató de sacarse el carné de conducir y un agente de California le dijo que su “tarjeta verde”, que otorga el permiso de residencia, era falsa.

“Entonces decidí que nunca debía dar a nadie una razón para dudar de que era estadounidense. Me convencí a mí mismo de que si trabajaba lo suficiente, si conseguía suficientes cosas, se me recompensaría con la ciudadanía. Sentía que podía ganármela”, indica.

Y en la superficie, reconoce que ha creado una buena vida, que ha vivido el “sueño americano”.

“Pero sigo siendo un inmigrante indocumentado. Y eso significa vivir en una realidad diferente. Significa pasar cada día con miedo de ser descubierto. Significa no contar casi nunca a nadie, ni siquiera en aquellos más cercanos, quién soy realmente”, agrega.

“Cuanto más conseguía, más asustado y deprimido me volvía. Estaba orgulloso de mi trabajo, pero siempre había una nube negra sobre él, y sobre mí”, apunta Vargas.

En una entrevista con la cadena ABC, el periodista aseguró hoy que decidió contar la verdad “para luchar por los derechos de los inmigrantes y por el Dream Act”, un proyecto de ley estancado en el Congreso que legalizaría a los jóvenes que llegaron a EE.UU. con menos de 16 años y desean estudiar o ingresar en el Ejército.

“Veía en la televisión a esos estudiantes marchando desde Miami hasta Washington, y pensaba: José, tienes que hacer algo”, afirma.

Vargas, que lanzó una página web titulada “Define ‘estadounidense'”, es consciente de que podría ser deportado.

“No sé cuáles serán las consecuencias de contar mi historia”, admite. “Pero sé, en el fondo de mi corazón, que soy estadounidense”. EFE