Foto: EFE

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Ciudad de México 23 de diciembre (SinEmbargo).- ¿Qué es lo que nos hace preferir a algunos animales como comida y a otros no? En una época en la que los hábitos alimenticios son variados, a menudo la elección se trata de un estilo de vida. Sin embargo, lo que no se puede negar es el hecho de que la humanidad clasifica a los animales para que satisfagan ciertos aspectos de la vida diaria. Ahora, un estudio psicológico investigó este fenómeno y afirma que estas elecciones se basan principalmente en las creencias.

Es un tema habitual, cuando se habla de comida, mencionar las costumbres alimenticias de diversos lugares del mundo. Así, bajo una visión “occidentalizada”, se asume que ciertos animales sirven exclusivamente para acompañar al ser humano, mientras que otros no son tan afortunados y terminan en el matadero. de igual forma aquellos que no cumplen al pie de la letra o modifican esta estandarización son tachados inmediatamente como hábitos exóticos.

Así, la psicóloga estadounidense Melanie Joy hace una reflexión sobre las razones por las que nuestra cultura nos permite comer algunos animales sin contemplaciones, mientras –por otra parte– insta a sus miembros a que consideren otras especies como mascotas y, como consecuencia de ello, la idea de causarles sufrimiento nos causa malestar, publicó el diario español ABC.

Joy lo resume de manera más específica en el título del libro Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas, que acaba de ser publicado en español, en donde además de recoger las investigaciones que realizó durante su tesis doctoral, afirma que “comer animales o no hacerlo es una tema de justicia social”.

La psicóloga acuño además el término “carnismo”, con el que denomina y define “el sistema de creencias que nos condiciona a comer unos animales determinados”. de este modo, Joy también sostiene que “en la mayor parte del mundo actual las personas no comen carne porque lo necesitan, sino porque deciden hacerlo. Y las decisiones siempre se derivan de las creencias”.

“El carnismo nos enseña a no pensar, a no sentir nada hacia estos animales. Comer carne se considera un hecho, no una elección”, dice. Y este convencimiento, continúa, se logró gracias a un sistema que justifica el consumo de carne a través de la repetición de lo que la psicóloga denomina las tres “N”. Así, en nuestra civilización comer carne es: normal, natural y necesario.

Foto: EFE

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Mientras tanto, Joy es el ejemplo de esta toma de decisiones. La profesora de psicología y sociología en la Universidad de Massachusetts es vegana, lo que quiere decir que no consume ningún producto de origen animal, desde alimentos, hasta prendas de vestir, además de no asistir a espectáculos en los que se usen animales como circos.

De acuerdo con el diario, 10 mil millones de animales mueren cada año sólo en estados Unidos para el consumo humano, una cifra que se doblaría si en la lista se incluyen las especies animales marinas destinadas a la alimentación. De esta manera, Joy también denuncia en su libro las duras condiciones de trabajo a la que están sometidos muchos de los trabajadores de explotaciones ganaderas y de la industria cárnica en EU, a los que llama “las otras víctimas del carnismo”.

Joy, lleva tres años viajando por el mundo y explicando en foros internacionales qué es el carnismo, y está convencida de que la mayor parte de la gente no es consciente de las condiciones que ella denuncia, y en las que viven los animales destinados a convertirse en alimentos.

Por lo pronto, la autora confía en que su obra contribuya a que la gente reflexione sobre las razones por las qué se come a algunas especies animales y otras no. Así mismo, sostiene que tener información sobre las condiciones en las que viven millones de animales destinados al consumo humano ayudará a que las personas decidan de forma consciente y con libertad.