La caída de los ingresos petroleros en el actual sexenio, como componente central del presupuesto público federal, enciende alarmas, pues de acuerdo con el investigador Alejandro Limón, el Gobierno de Enrique Peña Nieto no ha ampliado la base fiscal y su único camino para compensarlos es recurrir a más deuda. Los ingresos derivados de la exportación de hidrocarburos se derrumbaron, primero, por la caída en la producción de Pemex, derivada de la falta de inversión y las malas gestiones, además del derrumbe de los precios del petróleo desde finales de 2013. De acuerdo con la Auditoría Superior de la Federación, el monto de los ingresos petroleros pasó de 34.3 por ciento en 2012, a 13.5 por ciento en el presente año.

Ciudad de México, 24 de noviembre (SinEmbargo).– Al contexto de incertidumbre económica que vive México por la elección de Estados Unidos y el triunfo del republicano Donald Trump, se suma la caída en los ingresos del petróleo que, hasta 2014, nutrían aún hasta un tercio del gasto público.

Ahora, sin embargo, de acuerdo con la Auditoría Superior de la Federación (ASF), el 34.3 por ciento que estos ingresos representaban en 2012 se convirtió en un 13.5 por ciento en 2016; mientras que la participación de estos recursos en el presupuesto de la Nación, agrega el órgano fiscalizador, también cayó de 29.3 por ciento a 7.6 por ciento este año.

De acuerdo con información de la propia Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), en el periodo de 2000 a 2011 los ingresos petroleros representaron en promedio casi 34 por ciento de los ingresos presupuestarios del sector público. En 2006, por ejemplo, los ingresos petroleros repuntaron a 38 por ciento del total; en 2008 significaron 36.9 por ciento, y en 2011 representaron 33.7 por ciento de los ingresos totales.

El elevado peso de los ingresos petroleros significa que un poco más del 30% de los ingresos totales federales, fuera de la deuda, tuvieron como fuente la venta de petróleo; o también, una sola entidad del Estado, en este caso Petróleos Mexicanos, aportaba más de la tercera parte de los ingresos públicos federales, con los que se financian no sólo todos los órdenes de gobierno en los niveles federal, estatal y municipal, sino la economía en su conjunto.

Si bien la “despetrolización” de las finanzas nacionales se planteó como un objetivo de la Reforma Energética, la ASF establece que la reducción de los ingresos derivados de los hidrocarburos se debe a la caída en los precios internacionales del crudo y, en el contexto doméstico, a una disminución en la producción de Petróleos Mexicanos (Pemex).

“En 2010, el precio promedio de la mezcla mexicana de petróleo crudo de exportación fue de 72.5 dólares por barril, y al primer semestre de 2016 fue de 29.4 dólares por barril. Por otra parte, el volumen de comercialización del petróleo en promedio fue de 1,360.5 miles de barriles diarios en 2010, y al primer semestre de 2016 de 1,134.0 miles de barriles diarios”, dice la ASF en el Análisis del Informe de Avance de Gestión Financiera 2016.

El mismo documento plantea que, debido a que los ingresos totales presupuestarios del sector público se mantuvieron en el mismo nivel desde 2008, la caída en los recursos generados por el petróleo no ha sido solventada por otro tipo de recursos.

“Entre las limitaciones estructurales de las finanzas públicas se destaca que, de 2010 a 2014, los ingresos petroleros pasaron de representar 32.6 por ciento en promedio del total a 18.7 por ciento en 2015 y 13.5 por ciento en el primer semestre de 2016, mientras que los ingresos presupuestarios fueron de 23.3 por ciento del PIB en 2008 y de 23.5 por ciento en 2015”, dice la ASF.

“Lo anterior, en conjunto con el débil crecimiento económico, significa que los ingresos tributarios no petroleros han sido insuficientes para financiar el nivel que ha alcanzado el gasto público, y los fondos de estabilización también han mostrado limitaciones en el cumplimiento de sus objetivos. Por otro lado, las coberturas para proteger los ingresos petroleros, si bien han cumplido su propósito, se estima que podrían incrementar su costo si persiste la volatilidad e incertidumbre en este mercado, por lo que será prudente evaluar sus perspectivas en ese complejo escenario”, agrega el reporte de la ASF, difundido en agosto pasado.

De acuerdo con Alejandro Limón Portillo, integrante del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), la caída de los ingresos petroleros es “preocupante” debido a los motivos –caída de precios y de producción– y al lugar que ocupan en los recursos del Gobierno federal.

“Es preocupante, porque históricamente ha sido la fuente principal de ingresos, y ahora que no se tienen, en algunos casos se ha recurrido a la deuda para suplirlos”, plantea Limón Portillo.

Datos de Pemex muestran que la producción de la antes empresa paraestatal se encuentra en sus niveles más bajos desde 2009: de dos millones 601 mil barriles diarios de crudo en ese año, a dos millones 88 mil en noviembre de este año; y de siete millones 31 mil pies cúbicos de gas diarios, a sólo cinco millones 604 este mes.

Estos datos de producción, agrega Limón Portillo, son los más bajos desde al menos 2003, y la expectativa es que continúen deprimidos hasta 2019, cuando empiece la explotación del bloque de Trión, el primero ubicado en aguas profundas del Golfo de México y que entrará en licitación en diciembre próximo.

Y será sólo entonces, dice el investigador, que podría esperarse también un aumento en los ingresos petroleros.

“De hecho, en Pemex no estima un alza en su producción sino hasta el 2019, lo cual indica que están avalando la caída. Y he ahí la preocupación, porque hasta ese año se seguirá con un producción baja, y aún no sabemos cómo estarán los precios”, dice Alejandro Limón.

En octubre pasado, Limón Portillo difundió un análisis sobre la caída en los ingresos petroleros y mostró cómo éstos, desde 2015, se componen también por los recursos que lleguen al nuevo Fondo Mexicano del Petróleo para la Estabilización y el Desarrollo, introducido por la Reforma Energética y que tiene como objeto administrar y distribuir lo que generen las licitaciones de las Rondas de esta modificación constitucional.

Pero estos recursos, dice Limón en el documento, no han llegado a la meta trazada por la Reforma.

“El objetivo es que, una vez realizados los pagos derivados de las asignaciones/contratos y de las transferencias ordinarias (que deberían alcanzar el 4.7 por ciento del Producto Interno Bruto), el Fondo Mexicano del Petróleo pueda almacenar los recursos sobrantes en la reserva del fondo, con el fin de generar ahorro de largo plazo. Sin embargo, las estadísticas publicadas por el FMP muestran que, a agosto del año en curso, se ha completado el 42.9 por ciento del objetivo planeado para el 2016; es decir, en una tercera parte del año se tendría que recaudar más del doble para cumplir el objetivo”.

LOS RIESGOS DEL ABANDONO

Desde marzo pasado, Pemex plantó en un informe que entregó a la Bolsa Mexicana de Valores que, por la caída en los precios internacionales del crudo y en su producción, la reducción de las ventas totales de la empresa para ese momento se habían desplomado un 28 por ciento, sus costos de operación habían aumentado un 19 por ciento y, en total, acumulaba pérdidas por 552 mil millones de pesos en 2015; casi el doble de las registradas en 2014.

A estas disminuciones se sumó también un recorte de 100 mil millones de pesos anunciado el pasado 17 de febrero por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP); medida que, de acuerdo con lo que anunció entonces el director general de Pemex, José Antonio González Anaya, se enfrentará con una reducción de 46 mil 800 millones de pesos en Exploración y Producción (PEP), su principal fuente de ingresos.

Esta disminución, plantea Limón, se dio también en la empresa Subsidiaria de Transformación Industrial, que dejó de producir gasolina dejando cada vez más proporción del mercado a la importación de las mismas.

“El hecho de que tengan menos recursos indica también que se puede refinar menos petróleo, por lo que, ahora, el 61 por ciento de la gasolina en México ya es importada”, explicó.

“En 2014, el porcentaje importado era de 47.5 y, en 2015, de 54.2 por ciento; es decir que, conforme se le asignan menos recursos a Pemex, se importa más gasolina, lo que nos deja vulnerables por el tipo de cambio”, agregó el investigador.