La asociación Cuerpos en Riesgo de Extinción de Argentina ha puesto en marcha una campaña de change.org. El objetivo es pedir a Apple, Google y Amazon que retiren de sus plataformas juegos relacionados con la cirugía estética. En concreto, minijuegos en los que el usuario utiliza el bisturí para engordar los labios o aumentar los pechos.

Por Eduardo Bravo, Yorokobu

Ciudad de México, 26 de febrero (SinEmbargo/ElDiario.es).– Cuerpos en Riesgo de Extinción es el capítulo argentino de Endangered Bodies, una asociación dedicada a generar conciencia y luchar “contra la epidemia del odio corporal”. Su trabajo se centra en la representación de la mujer en la sociedad y otros temas feministas.

Luciana Mollar es miembro de Endangered Bodies Argentina y la impulsora de esta iniciativa. Según ella, “no estamos a favor de juegos que cosifican a la mujer ni que tiene que ser perfectamente bella, sin granitos ni pelos. En casa nos miramos al espejo y sabemos que somos lindos y perfectos. Eso les enseño a mis hijas, que se miren al espejo y se sientan hermosas y poderosas”.

Mollar vivió una infancia marcada por el canon de belleza que establecen los medios de comunicación. “Cuando era chica, mi mamá vivía a dieta. Se quejaba de su panza y nunca disfrutaba de las comidas. Con el paso del tiempo me di cuenta de que era igual”. Tras el nacimiento de su segunda hija, su abdomen no quedó precisamente como muestran las revistas de belleza. A pesar de ello, Mollar afirma que “aprendí a quererme y ese es el mensaje que les doy a mis hijas”.

Las apps se consideran aptas para todas las edades. Imagen: Especial

Algunos programadores argumentan que esas aplicaciones no están destinadas a los niños. Sin embargo, la realidad los desmiente. Juegos como Plastic Surgery Simulator, Simulador de cirugía plástica o Lips Surgery Simulator están calificados por la Pan European Game Information (PEGI) con un 3.

En palabras de la propia institución, el contenido de esos juegos “se considera apto para todos los grupos de edades. Se acepta cierto grado de violencia dentro de un contexto cómico (por lo general, formas de violencia típicas de dibujos animados como Bugs Bunny o Tom y Jerry)”.

Hasta aquí todo bien, siempre que no se consideren esos mensajes estéticos como mensajes de violencia contra el propio cuerpo. El mayor problema viene cuando según la PEGI, en los juegos calificados como PEGI3 “el niño no debería poder relacionar los personajes de la pantalla con personajes de la vida real. Los personajes del juego deben formar parte exclusivamente del ámbito de la fantasía”.

Una cláusula que no se cumple en muchos casos. Aunque los personajes suelen ser “sirenas” o “princesas”, sus rasgos son totalmente humanos. Unos rasgos que, según los programadores, necesitan retoques en labios, nariz y pómulos.

Algunos de los juegos, como Simulador de cirugía plástica, dan una vuelta más de tuerca. Disfrazan su contenido con reclamos del tipo “Disfruta de la emoción de ser una cirujana plástica de Emergencias”, “Toneladas de pacientes heridos necesitan tu ayuda” o “Recupera el aspecto de tus pacientes con tus expertas técnicas de cirugía plástica”. Una labor totalmente loable. Incluso educativa y humanista, si no fuera por un par de detalles: la mayoría de los pacientes son mujeres y difícilmente se pueden considerar operaciones de emergencia un aumento de labios o un retoque de nariz.

Para aquellos que consideren que todo esto son exageraciones, la empresa Angelo Gizzi les propone Liposuction Surgery Simulator. Un juego través del cual los niños de siete años pueden pasar el rato eliminando la grasa de diferentes personajes. Aunque están obesos, el mensaje que se transmite no es el de la alimentación sana, sino el de la magia del bisturí.

La obesidad es una enfermedad que se puede corregir con buena alimentación y ejercicio. Imagen: Especial

La reclamación de Cuerpos en Riesgo de Extinción no es la típica queja de una asociación prohibicionista o mojigata. En Sudamérica, la cirugía estética en menores es un tema muy complicado.

En algunos países, uno de los regalos habituales de la fiesta de 15 es una operación de nariz o de aumento de senos. Que la adolescencia sea una etapa confusa no es problema para que los padres dejen que las niñas pasen por el quirófano. Tampoco lo es que sus senos probablemente crezcan todavía, pues se encuentran en pleno desarrollo.

En junio de 2016, la Cámara de Representantes de Colombia aprobó una ley que prohibe practicar cirugías estéticas a menores. Con ello se quería poner fin a una práctica demasiado extendida. De las más de 300 mil intervenciones que se realizaban al año, un 30 por ciento eran cirugías a menores de edad.

La nueva ley contempla graves sanciones a los médicos que operen a menores, salvo en los casos exceptuados en la norma: reconstrucción, de nariz, de orejas y aquellas que “tengan que ver con el desarrollo de la personalidad”.

El problema será determinar hasta qué punto unos pechos pequeños, una liposucción, unos glúteos poco pronunciados o un aspecto que no encaje con el canon estético al uso tienen que ver con el “desarrollo de la personalidad” de un adolescente en cuyo país se escribió Sin tetas no hay paraíso.

Aunque la polémica está viva en otros países de Latinoamérica, pocos son los que han seguido el ejemplo de Colombia. Argentina, por ejemplo, no ha hecho nada. Tras la alarma social provocada por un estudio que afirmaba que dos de cada diez pacientes que se sometían a cirugía estética en Buenos Aires tenían menos de 20 años, las autoridades se plantearon intervenir.

La diputada kirchnerista Mara Brawer puso en marcha una propuesta de ley para prohibir las operaciones a los menores de 18 años. La ley no se llegó a aprobar durante el gobierno de Cristina Kirchner y no parece que el gobierno macrista esté por la labor de recuperarla. Entre otras razones, por la beligerante respuesta de diferentes sectores sociales.

La mayoría de los pacientes son mujeres y un aumento de labios o un retoque de nariz no son operaciones de emergencia. Imagen: Especial

El diario La Nación llegó a publicar un editorial oponiéndose a que el Estado regulase esos ámbitos de la vida de las personas, aunque fueran menores. Las clínicas protestaron porque consideraban que el Estado no puede estar nunca por encima de la patria potestad. Otras voces reclamaron medidas educativas en lugar de coercitivas.

Mientras tanto, desde AnyBody Argentina hacen lo que pueden por evitar que esos cánones de belleza ficticia calen en las generaciones más jóvenes.

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