Actor y director de The Revenant se dedican elogios mutuos y hablan de la maravilla de haber trabajado juntos. Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

Actor y director de The Revenant se dedican elogios mutuos y hablan de la maravilla de haber trabajado juntos. Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

Una caótica y multitudinaria conferencia de prensa mostró al actor y al director de The Revenant más consustanciados que nunca. El cineasta mexicano no habló de política y defendió su filme: “No es sólo la fotografía”, dijo.

Ciudad de México, 27 de enero (SinEmbargo).- En un lujoso hotel de Paseo de la Reforma –eufemismo de cliché del que solemos echar mano los periodistas para no nombrar la marca Four Seasons- la tarde cae a plomo.

En la avenida, pertrechados con escudos y armas largas, los policías de la ciudad que antes se llamaba Distrito Federal, esperan con más o menos paciencia la marcha de protesta del día.

La de la tarde coincide con la conferencia de prensa del actor estadounidense Leonardo DiCaprio y el cineasta mexicano Alejandro González Iñárritu -figuras estelares del reciente filme The Revenant– y es para crecordar la desaparición de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, a 16 meses del crimen “coral” que puso a esta nación patas para arriba.

The Revenant o El Renacido –tal su nombre en español- se estrenó en México el pasado 21 de enero y al público parece haberle gustado.

De los tres directores mexicanos más exitosos de la industria a nivel internacional  (Alejandro González Iñárritu, Guillermo Del Toro y Alfonso Cuarón), el “Negro” es quien establece la mejor marca en su fin de semana de estreno, lista que anteriormente lideraba Cuarón con Gravedad ($74.1 MDP en su primer fin de semana).

Con un ingreso en taquilla de $89,033,947, The Revenant fue la primera del fin de semana, sobrepasando a películas como La Chica Danesa, Alvin y las Ardillas: Aventura Sobre Ruedas y Punto de quiebre, informa la distribuidora 20th Century Fox.

INICIA EL CAOS

20th Century Fox es la empresa que ha organizado la conferencia de prensa del “talento” –sí, dicen “talento” a los directores, actores, fotógrafos de un filme- y algo aquí se ha salido de las manos o de otro modo no se entiende la lógica de llenar un espacio al triple de su capacidad real con presuntos periodistas de medios interesados en hablar del reciente filme del cineasta mexicano más exitoso del séptimo arte contemporáneo.

Se entiende, eso sí, que la presencia de un actor tan famoso en el mundo como Leonardo DiCaprio genere tanta atención mediática, pero algo no está funcionando como debería.

En la entrada del hotel, adonde los periodistas fueron citados a las 1530 horas, está cerrado el paso. Hay que dar vuelta por la calle Hamburgo e ingresar al recinto de la conferencia por la cocina, como personajes de una película de Sherlock Holmes.

Un hombre con cara de aburrido exige la copia de la invitación a la conferencia y pide quedarse con la identificación oficial. Le explico con toda amabilidad que no lo quiero cargar con la responsabilidad de que cuide mi documento mexicano. Si lo pierdo, sería un gran dolor de cabeza y muy engorroso hacer uno nuevo.

Paso sin dejar el documento, frente a la sorpresa genuina de mis colegas que aceptan con enjundia que está mal que alguien “secuestre” los documentos personales de una persona que va a trabajar a una conferencia de prensa, pero que igual permiten que se les sean retenidos.

En los pasillos “secretos” del lujoso hotel de Reforma, mesas de menúes sin terminar, hieleras con agua y algunos cubitos desmoronados en el centro, servilletas mal dobladas, cocineros que se asoman curiosos ante el desfile de personas extrañas que se pierden entre escaleras imposibles, sin guía, buscando el salón donde estrellas tan célebres tendrán el ansiado encuentro con la prensa local e internacional.

Inglés, español, español, inglés...y así. Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

Inglés, español, español, inglés…y así. Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

FINALMENTE, EL SALÓN

Finalmente, el salón de la conferencia. Hay como mínimo 300 personas. ¿Son todos periodistas? ¿Están realmente interesados en hablar de la película The Revenant? Al aparecer Leonardo DiCaprio, sobriamente vestido de color café, la ovación es estruendosa.

Pienso en todas las veces que en los debates entre colegas, siempre sale la queja de los periodistas de softnews –de espectáculos, cultura y deportes- que no suelen ser valorados por los que se dedican a las noticias duras.

Sin embargo, ¿cómo defender un oficio donde el periodista deja de hacer su trabajo para mostrarse como un fan caza-autógrafos y dar clamores y saltitos de alegría porque al fin ven de cerca a su estrella favorita?

Ver de cerca también es un eufemismo. Algo no se organizó bien aquí. De otro modo es inexplicable cómo los fotógrafos profesionales –pocos- y los que se han llevado el selfie stick para capturar la imagen del recordado protagonista de Titanic logran encaramarse al frente del salón y tapar toda visión posible de la conferencia.

Desesperada, la persona de prensa de 20th Century Fox pide “respeto” y quiere dejar claro que la conferencia durará el tiempo estipulado. Si no nos alineamos, si no nos calmamos, perderemos tiempo para las preguntas.

E inician las preguntas. La primera es de una joven que quiere regalarle una botella de tequila al director y al actor (¿una para los dos o una para cada uno?), pero no se lo permiten.

Contra esa convención tácita de que todos deben hablar el idioma del lugar, muchos quieren demostrar qué tan bien aprovecharon sus clases de inglés en el kinder, así que ahí lo vemos a DiCaprio, sacándose y poniéndose el aparatito traductor del oído como en un gif de terror.

Los que preguntan tienen complejo de embajadores diplomáticos e inician su discurso con un “Bienvenido a México” que tiene un tufillo colonialismo al revés que da vergüenza ajena.

La mayoría que puede preguntar –se entregaron paletas con números a los primeros en llegar- sabe que esa es la única oportunidad que tendrá para hacerlo. Y por eso hace dos preguntas. Pero es una trampa fácil y ni Leo ni Alejandro caen en ella. A lo largo de los 40 minutos que durará la conferencia, sólo uno de los dos responderá la pregunta hacia él dirigida.

El Oscar. El Oscar. Hasta que DiCaprio dice: -No más Oscar.

Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

Leo no parece estar muy interesado en la estatuilla, ¿será? Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

Un periodista con vocación de semiólogo del cine pregunta por el vaho que empaña la lente de la cámara en el filme.

No pregunta por el valor de la vida de un hombre. No pregunta sobre el valor del dinero. Ni el peso de la traición en un filme que, basado en el libro de Michael Punke, parece ser la sustancia de la nueva película de Iñárritu.

Alejandro muestra su satisfacción por las 12 postulaciones al Oscar que ha recibido The Revenant. Se trata –dice- de un reconocimiento de la gente del cine, un abrazo de cariño y calor que recibe con mucho gusto.

Nadie le pregunta al creador mexicano, considerado un gran director de actores, qué sintió cuando Michael Keaton, el aclamado protagonista de Birdman, no ganó el Oscar y si piensa como el crítico Jorge Ayala Blanco que se trató de una omisión histórica.

Leonardo DiCaprio hace esfuerzos por destacar con toda la sinceridad del mundo que realmente no le importa la estatuilla dorada y en cambio alaba la posibilidad que ha tenido de filmar en condiciones extremas al mando de Alejandro González Iñárritu.

Algunos medios tendrán la posibilidad de entrevistar en pequeños círculos de periodistas al cineasta mexicano. Previo a la conferencia de prensa, fue repartido un comunicado donde la distribuidora se deslinda de las entrevistas personales que dará Iñárritu y remarca –en color amarillo- que los medios fueron elegidos por él y no por la empresa que ha puesto la película en nuestras salas de cine.

Soñaba con filmar a las órdenes de Alejandro y lo logró. Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

Soñaba con filmar a las órdenes de Alejandro y lo logró. Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

Alejandro González Iñárritu no ha elegido a SinEmbargo para una entrevista, a pesar de que es uno de los medios de comunicación más leídos en México. No podremos preguntarle cuál es el mecanismo que ha impedido –como pasó el año pasado con el baterista Antonio Sánchez, que hizo la música en Birdman– que el genial Ryuichi Sakamoto pudiera aspirar a un Oscar en la entrega que se llevará a cabo el próximo 28 de febrero en Los Ángeles.

No podremos preguntarle si se siente parte de una tradición cinematográfica caracterizada por la protesta contra el sistema y qué siente frente a los tres años que faltan en un sexenio que parece haber languidecido y dado todo de sí en la primera parte del mandato de Enrique Peña Nieto.

Ni de política ni de cine. La multitud convocada en el lujoso hotel de Paseo de la Reforma parece más interesada en sacarse una fotografía que compruebe que estuvo ahí, cerca de la gloria de Leonardo DiCaprio, cerca de la gloria de Alejandro González Iñárritu.

Al fin, un periodista que parece profesional le pregunta al director por su relación con Emmanuel El Chivo Lubezki, cuya fotografía en The Revenant le ganó elogios en todo el mundo y parece encaminarlo al tercer Oscar consecutivo en su categoría.

Iñárritu se emociona y da una declaración interesante, acaso la única de esta tumultuosa y banal conferencia de prensa.

Recibe con cariño el reconocimiento del industria y celebra las 12 postulaciones al Oscar de su película. Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

Recibe con cariño el reconocimiento del industria y celebra las 12 postulaciones al Oscar de su película. Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

“Evidentemente, el Chivo Lubezki es un maestro de la luz y trabajar con él ha sido todo un privilegio para mí. El cine es un arte complejo, cuyo proceso es realmente complicado y la fotografía es un elemento del cine”, afirma Iñárritu en un intento porque su película no quede sólo reducida a un efecto técnico.

“La fotografía en el cine debe reflejar lo que existe y capturar un instante en 24 cuadros por segundo constituye una complejidad extraordinaria. Implica que todos los elementos que va a capturar la cámara deban estar a punto. Es un trabajo de mucha colaboración en el que están involucrados cientos de personas para que podamos encontrar ese lenguaje, ese ritmo, ese movimiento”, explicó, para luego decir que su película es algo más que la fotografía.

La última pregunta fue de una periodista del periódico argentino Clarín que indujo su cuestionamiento hacia la posibilidad de que tanto el director y el actor hablaran bien de su país, donde se filmó gran parte de The Revenant.

Iñárritu elogió el bife y el chimichurri.

No tuve chance de sacarme una fotografía con Leonardo DiCaprio. Me hubiera conformado aunque sea una postal con el oso. Eso. ¿Dónde estaba el oso?

Afuera, en el Paseo de la Reforma, transcurría la marcha de los familiares de desaparecidos por Ayotzinapa. Desplegaban pancartas rojas y blancas. Aparición con vida, pedían.