A Miroslava Breach Velducea, corresponsal del periódico La Jornada y El Norte de Juárez, periodista de larga y reconocida trayectoria, no la mató solo el crimen organizado y sus vínculos con políticos, también la mataron la impunidad y la inacción del estado de derecho. Foto: Facebook.

                                                                           A Miros y sus hijos

Esta es la prueba de fuego para Javier Corral, un hombre que llegó al poder gracias a la esperanza y la ilusión de los ciudadanos por un cambio en el quehacer político. Pues bien, llegó la hora que demuestre que ese cambio prometido es verdadero.

Son extrañas las trampas del destino. Jamás pensamos que la vida de una valiente periodista y la del Gobernador del cambio de Chihuahua, iban a estar vinculadas, pero lo están.

El mensaje que dejaron los asesinos de nuestra compañera no deja lugar a dudas. Este crimen horrendo que nos lastima a todos y nos consterna, tiene firma, nombres y apellidos. Y Corral lo sabe.

El mensaje de su verdugo es claro: “Por lengua larga. Siguen allegados al Gobernador y al gober: El 80”. Analicemos este mensaje. Corral dijo en conferencia de prensa que se trata de las “mafias del crimen organizado” y de “la administración anterior”.

Sin embargo, hay que leer bien. El mensaje escrito en una cartulina tiene una palabra clave “siguen”. ¿Qué quiere decir siguen? Que allí en el gobierno de Corral algo anda mal, que allí en la administración del supuesto cambio no se han generado todos los cambios esperados. ¿Quiénes son esos allegados al Gobernador? Queremos nombres y apellidos.

¿Realmente Corral ha erradicado esas “mafias del crimen organizado” a las que se refiere dentro de la administración anterior de César Duarte? ¿O es que siguen infiltrados en las instituciones que él dirige?

Sabemos que no es un trabajo fácil, pero Corral ocupó su cargo hace cinco meses y los cambios que deberían haber sido inmediatos no han llegado. Así de claro. ¿Qué espera para meter a la cárcel a César Duarte Jáquez, su corrupto antecesor? Ya pasaron cinco meses. Allí está el grueso expediente de sus delitos, allí está la denuncia del modelo de delincuencia organizada creada por el ex Gobernador para saquear Chihuahua, allí esta todo… Entonces, ¿en qué quedamos?…

A Miroslava Breach Velducea, corresponsal del periódico La Jornada y El Norte de Juárez, periodista de larga y reconocida trayectoria, no la mató solo el crimen organizado y sus vínculos con políticos, también la mataron la impunidad y la inacción del estado de derecho. No es un simple asesinato, no es solo un “narcocrimen”, se trata de una ejecución extrajudicial.

Aquí no importa si el autor intelectual, el material y sus cómplices, pertenecen a la anterior administración. Está claro que esa anterior administración corrupta y delincuencial, sigue controlando algunos estamentos de la administración de Javier Corral y esta claro que él no ha sido capaz de sanear su gobierno.

¿Hasta donde está infiltrado el cártel de Juárez? Evidentemente, Carlos Arturo Quintana “El 80”, lo sabe. Él ha sido el gran corruptor de políticos y funcionarios del estado de Chihuahua. Y el mensaje en el lugar del asesinato de Miroslava es una de las líneas de investigación.

Pero las “líneas” de investigación deben incluir también a los cómplices políticos, empresarios, funcionarios y policías de “El 80”. ¿Está seguro Corral que todos esos cómplices no pertenecen a su gobierno? ¿Realmente ha desmontado la red de impunidad que incluye la fiscalía de Chihuahua y su Poder Judicial con 60 jueces bajo consigna y más de 13 magistrados impuestos por el corrupto César Duarte Jáquez?

Las preguntas siguen: ¿Qué pasó con los 250 elementos de la Secretaría de Seguridad que fungían como escoltas de César Duarte, su familia y su gabinete? ¿Por qué ratificó a parte de la red de corrupción de César Duarte particularmente en Desarrollo Rural, Salud y en la Fiscalía? Es público y notorio que muchos elementos de la administración anterior siguen operando en su gobierno.

Javier Corral no puede ni debe mentirnos. Su administración debe marcar un antes y un después. A estas alturas, ese antes y después debería notarse, debería marcar la diferencia. ¿Qué espera entonces para darnos los resultados de la investigación sobre el asesinato de nuestra compañera? ¿Qué espera entonces para desvelar todas las complicidades que involucran inevitablemente a su propio gobierno?

Es evidente que los cambios no puede hacerlos de la noche a la mañana, pero si lleva cinco meses en el cargo y se da tiempo para jugar al golf, también debe dedicarse a “limpiar” su administración desde el primero, hasta el último servidor público.

Los últimos reportajes de Mirsolava incluían denuncias por violaciones a los derechos humanos contra familias de la sierra de Chihuahua donde siguen operando grupos de narcotraficantes identificados con nombre y organización, también escribió asuntos de corrupción gubernamental en municipios y en la administración de César Duarte y sus vínculos con narcotraficantes.

Sus investigaciones recientes estaban destinadas a desvelar toda una operación de lavado de dinero procedente del narcotráfico para la perforación ilícita de pozos de agua y la compara de equipos de alta tecnología para riego por parte de nueve alcaldes de distintos municipios de Chihuahua.

Miroslava no se andaba por las ramas. Era una periodista seria y rigurosa, valiente y directa. Sin ambages, señalaba en La Jornada con nombres y apellidos a los delincuentes. La indignación que inunda nuestro trabajo por los abusos contra grupos vulnerables, le hizo exhibir la podredumbre que rodea las instituciones del gobierno de Chihuahua y sus vínculos con el narcotráfico.

Miroslava arriesgó su vida, porque en este país decir la verdad se paga con la muerte. Carmen Lira, extraordinaria directora de La Jornada, siempre nos ha cuidado con amorosa dedicación y nos insiste: “No se arriesguen”, “tengan cuidado”, “piensen en sus hijos”, “ningún reportaje vale la vida de uno de ustedes”… Y Miros así lo hizo, se cuidaba, tomaba sus precauciones, pero sin perder su ojo critico e independiente que irremediablemente le llevaron a publicar la verdad.

Denunció el asesinato de familias completas y el desplazamiento forzado de miles de campesinos e indígenas de la sierra Tarahumara, en los límites con Sonora y Sinaloa. Señaló a la banda de “Los Salazares” comandada por Crispín Salazar Zamorano que opera en la sierra y el territorio que controla en San Rafael, Bachichivo, Guazaparez, Temoris, Chínipas, Milpillas, La Lobera, Las Chicanas y El Huhicochi cerca de Álamos, Sonora.

Miroslava denunció la nueva geografía del terror que domina el estado gobernado por Javier Corral, un estado que no es más que un narcoestado, un estado aún dominado por el narco y la narcopolítica donde en 12 de los 22 municipios serranos se cometieron mil 442 asesinatos entre 2005-2010, una cifra que aumentó a mil 700 de 2011 a 2015.

Miroslava ejercía el mejor periodismo, ese que se compromete con la verdad, ese que ensucia los zapatos y que exige ir al lugar de los hechos, ese periodismo que toca el pulso de la gente y que le da voz a los sin voz.

Miroslava no ejercía el periodismo de escritorio tan común en esta época. Se negaba a reproducir la versión oficial porque su independencia y profesionalidad le impedían quedarse con el mensaje de los poderes fácticos, incluido el poder del narcotráfico.

Su periodismo de investigación era un referente. Contrastaba, indagaba, proporcionaba datos duros, testimonios, fotografías que sustentaban sus textos. Fue así como denunció como el crimen organizado impuso candidato a ediles en Chihuahua. Y lo dijo claramente: el crimen organizado infiltró las listas de el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y del Partido Acción Nacional (PAN) al que pertenece César Duarte.

En sus reportajes reveló que en Bachíniva, en el noroeste del estado, pistoleros de Arturo Quintana “El 80” impusieron a la candidata del PRI, Silvia Mariscal Estada, suegra del líder criminal que controla desde hace seis años esa zona de Chihuahua. Y que el mismo capo patrocinó la candidatura de Ramón Alonso Enríquez Mendoza.

La lista de los narcopolíticos sigue. Miroslava publicó que Juan Miguel Salazar Ochoa del PRI era el candidato en Chínipas, hijo de Joel Salazar Zamorano y sobrino del capo Crispín Slazar Zamorano, heredero del control del grupo criminal “Los Salazares”.

Miroslava se adelantó a sus asesinos. Allí está la información Gobernador Javier Corral, allí está identificado con nombres y apellidos las líneas de investigación, allí está todo. ¿Qué más quiere? ¿Por qué aún no ha detenido a los autores intelectuales y al pistolero que asesinó cruelmente a nuestra compañera?

Con un nudo en la garganta exigimos justicia Gobernador Corral. Se lo exigimos llorando de rabia, impotencia, indignación y profundo dolor por este terrible asesinato. A Miros le han arrebatado la vida por informar la verdad. No caben cortapisas. Ella nunca las tuvo. No caben medias tintas, ni medias verdades. No cabe la espera indefinida. Ella merece a cambio la verdad de las balas que cegaron su vida.

Miros, compañera: veo tu sonrisa, tu alegría, tu amor de madre; leo tus textos llenos de una indestructible vocación periodística, tu entrega a la verdad y solo puedo decirte que el mejor homenaje que podemos hacerte es negarnos al silencio, a la simulación, a la censura, a la impunidad. El mejor tributo que podemos hacerte es seguir trabajando en aras de la verdad, comprometidos con cambiar la ominosa realidad de nuestro país. Seguiremos tu valioso ejemplo. Tu memoria, tu legado, tu vida, será honrada en cada uno de los periodistas libres de México.

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