“Se habla de la India como una nueva potencia económica, que crece año tras año un 5 por ciento, que está alineada con el mercado libre, pero nadie se preocupa por la gente que vive fuera de las castas. En la India hay un montón y tienen muchas dificultades para salir adelante con sus sueños. Las castas superiores ejercitan asesinatos, violaciones, crímenes muy violentos contra los sin casta”, dice el fotógrafo tabasqueño, en un reportaje que refrenda su pasión por la gente. “Yo soy un fotógrafo de personas”, dice Bernardo.

Ciudad de México, 28 de mayo (SinEmbargo).- Bernardo Buendía es un fotógrafo de raza. Viene de familia de fotógrafos y como tal se ha preparado en muchos lugares. “Uno pasa por muchas peleas para encontrar la propia voz”, admite “y he fotografiado desde llantas, hasta bodas y lo que más me apasiona es la fotografía callejera, documental, soy un fotógrafo de personas”, podría decirse.

“Yo vengo de familia de fotógrafos. Mi bisabuelo, Jaime Tirado, es de los primeros fotógrafos en Tabasco. Él pretendía hacer un documento social, retratar al Tabasco de su época. Estoy muy influenciado por él”, expresa.

Sebastião Salgado, Robert Capa, todos esos fotógrafos sociales y documentalistas sirvieron de estímulo a Bernardo y transformaron su visión del oficio.

“Totalmente, lo que ves te transforma. Tengo un trabajo o cada vez que me involucro con la gente, terminas teniendo un vínculo afectivo con la gente que te fotografía y eso te cambia por completo”, dice en entrevista con Magazine.

“A cada rato cambias de pensar y también cambias la vida de la gente. Ahora que fui a la India una de estas encomiendas era hacer retratos de toda la comunidad, frente a sus casas y lo que hice fue imprimir cada una de las fotos para regalárselas a la gente. Es gente que nunca ha tenido acceso a la fotografía y el hecho de tener un retrato propio, ya transformó su vida”, añade.

Recuerda que su padre puso un cuarto oscuro en su casa y que su prima Kary Cerda (una muy reconocida fotógrafa y escritora de Tabasco) fue su primera profesora. “Ella me enseñó las bases y desde los 13 años estoy en el laboratorio. La verdad es que soy un gran laboratorista; hice un curso en la Universidad de Tabasco, estudié en San Diego, en Florencia con Michele Pero, un gran fotógrafo y después estudié diseño, al final me fui a Barcelona a hacer la carrera de fotografía como tal”, cuenta Bernardo.

“Nunca he dejado de estudiar y hace un poco hice un curso con Narciso Contreras, el gran fotógrafo ex AP que ganó un Pulitzer, siempre buscando echar para adelante y mejorar mi fotógrafo”, añade.

Anandhan y sus padres. Foto: Bernardo Buendía, cortesía para ilustrar esta nota.

EL TRABAJO CON LA INDIA

La India es para Bernardo un sitio fundamental. Ha cambiado su forma de trabajo y su manera de percibir el mundo. Allí descubrió entre otras cosas que a pesar de que se compara a ese país con México, hay una cosa que diferencia y esa es la gran constancia que tiene el mexicano en salir de su propia situación.

Bernardo estuvo en Londor. “Es una comunidad apartada de todo, son ex nómadas, el gobierno les dio un pedazo de tierra, es gente muy bonita, que te abraza y te incluye, al tiempo que están excluidos de la sociedad”, cuenta Buendía.

“Conozco mi país, conozco en profundidad y conozco muchas comunidades pero nunca he visto la pobreza como en Londor. Ver este contraste en La India es un shock cultural muy fuerte”, añade.

Londor se inunda casi cada año tras el monzón. En el 2015 el 30 por ciento de las familias de Londor perdieron sus casas tras un año del fenómeno meteorológico “El Niño” que dejó un aproximado de 1 billón de dólares en daños tan solo en el área de Tamil Nadu. Foto: Bernardo Buendía, cortesía para ilustrar esta nota.

No es gente que tenga una perspectiva de futuro. El sistema de castas que es un sistema de control social muy fuerte, “pagan por karma lo que hicieron en la vida pasada. Puedes aspirar a tener dinero si quieres, pero las castas superiores te irán regresando a tu lugar. No tienen aspiraciones a crecer. Si son buenos en esta vida, la próxima vez que nazcan estarán en una mejor casta”.

“La gente tiene un lavado de cerebro feroz. Tienen que ser buenos en esta vida y aceptar lo que la vida les dio, porque eso es lo que les toca vivir. No hay aspiraciones, no hay nada, es impresionante porque no tienen el conflicto interno de querer salir adelante, que sí lo tenemos los mexicanos. Te deja boquiabierto la experiencia con ellos. La gente está contenta al fin de cuentas y eso es raro. Te cuesta mucho entenderlo, tardas mucho tiempo en asimilarlo como tal. Tan radicalmente la cultura a la nuestra”, expresa.

La autoconstrucción es una práctica común. Muchas de sus casas están construidas con métodos vernáculos. Van de 15 a 25 m2, tienen un solo cuarto y viven familias de hasta 5 personas en cada casa. Foto: Bernardo Buendía, cortesía para ilustrar esta nota.

EL REPORTAJE DE LA INDIA, UN TEXTO DE BERNARDO BUENDÍA

Anandhan de 45 años, nació en algún lugar del sur de la India en la región de Tamil Nadu. Su familia forma parte de una tribu indígena, antes nómada, llamada Londor. Cuando tenía unos 15 años de edad, el gobierno le otorgó a su comunidad un pedazo apartado de tierra para que pudiera asentarse definitivamente. Al igual que su padre, Anandhan nunca ha tenido un trabajo útil, es alcohólico y su comunidad ha sido prácticamente obligada a mendigar para sobrevivir desde que él tiene memoria. “No hay otra opción”, dice convincentemente, “no estamos en condiciones de hacer ningún trabajo útil, somos Dalits”.

Intocables, Parias, Adivasis, Tribus Catalogadas, Dalits, los sobrenombres se suman a una lista que representa a los más pobres del país, pero no son solo pobres, en la vieja idiosincrasia Hindú, son considerados sub-humanos. Con base en antiguos textos hindúes como el Vernasharma Dharma o Chatuvarna, estos grupos étnicos no tienen casta, por lo tanto, no deberían ser ni siquiera tocados. Están pagando por sus actos de vidas pasadas, sí, su mal karma los ha puesto a sufrir en esta vida por lo que hicieron en sus anteriores. No tienen derecho a aspirar a nada más de lo que son y su condición es hereditaria. Si intentaran salir adelante, es muy probable que integrantes de castas superiores los devuelvan a su lugar con uso flagrante de violencia.

La gente de Londor, como la gran mayoría de las tribus de la India, ha sido aislada por el gobierno, repelida por una gran parte de la sociedad y privada de educación y de trabajos útiles. De acuerdo al Grupo Internacional de Trabajo sobre Asuntos Indígenas, ésta es la historia de al menos el 9 por ciento del total de la población de la India, que se traduce a 117 millones de personas que nadan contra corriente, sobreviviendo una vida con menos de un dólar al día que ingresan mendigando y haciendo trabajos improductivos (muchas veces inhumanos) para el gobierno y corporaciones privadas.

El viejo Kanayan está casi ciego de cataratas. El hombre detrás de él tiene un tumor enorme en el cuello. Los viejos de Londor sufren de varias enfermedades como cáncer, demencia y ceguera. Ninguno de ellos tiene acceso a ningún tipo de asistencia social. Foto: Bernardo Buendía, cortesía para ilustrar esta nota.

A pesar de nuevas enmiendas a la Constitución India y esfuerzos por el gobierno para proveer a estas poblaciones de derechos igualitarios, las viejas formas hindúes de pensar no han abandonado la idiosincrasia del pueblo indio. Asesinatos, violaciones, ataques con acido, secuestro, limpieza manual de deshechos humanos, la Oficina Nacional del Registro de Delitos de la India reporta que se cometen cinco crímenes por hora en contra de Dalits.

Pero, ¿Cómo es que la India se ha escapado del escrutinio internacional sobre estas violaciones tan atroces a los Derechos Humanos?

El mundo habla de la India como una economía emergente que amenaza con convertirse en una superpotencia en los años por venir. Es una economía alineada con el libre mercado y el pensamiento neoliberal, que crece al 5 por ciento anual y cuyo PIB es celebrado en cada rincón del planeta. Lo que no se dice es que una cuarta parte de ese ingreso es propiedad de las 100 personas más ricas del país de 1,300 millones de habitantes, que por supuesto, son de castas superiores.

El sistema de castas de la India es un secreto a voces. A nadie le gusta mencionarlo. A los niños no se les enseña en la escuela. Está implícito en los nombres, la ropa y la ocupación familiar. La democracia y el libre mercado lo han hecho casi invisible, ya que el racismo interno de la India no se trata de color de piel, sino de estatus social.

La calle es fresca de noche. A pesar de que casi todos en Londor tienen casa, prefieren reunirse en la calle o incluso dormir para escapar del insoportable calor. En verano las temperaturas pueden llegar hasta 45º C.
Foto: Bernardo Buendía, cortesía para ilustrar esta nota.