Jamás, Nadie (Alfaguara, 2017) es el reciente libro de Beatriz Rivas. La masacre de 303 chinos hace 100 años en Torreón, le sirvió para crear una novela que no sólo muestra el lado más tremendo del mexicano: el racismo, sino que también refleja el sentido de la intolerancia, de no sentir como algo normal que las personas sean diferentes y compartan nuestro aire. Ese odio a lo que es distinto contempla mucha de la obra de Rivas,   para crear una novela que muestra el lado más oscuro de los mexicanos, quienes odian ser víctimas del racismo, pero que son el mismo monstruo que buscan erradicar.

Ciudad de México, 28 de octubre (SinEmbargo).- Cuando entrevistábamos a Beatriz Rivas en 2014, por la novela Dios se fue de viaje, uno de los titulares era “La intolerancia le está ganando a la razón”. Suponiendo que ese sea uno de los pecados más grandes en los que se sume la humanidad de todo el mundo, es algo que obsesiona a la autora de Distancia y de Horas sin diosas, entre otras.

Su pensamiento se une a Bruno Arpaia, quien en la Feria del Zócalo habló de los homo sapiens, que si no hubieran migrado a causa de los problemas meteorológicos que tenían donde estaban, nosotros no seríamos humanos.

Todos los migrantes son humanos y es esta la teoría que va ganando espacio no solo por parte de los defensores de los derechos humanos, sino por el hombre simple y común que un día verá cómo por ejemplo un terremoto lo dejará sin casa, fuera de su ámbito.

Una novela sobre la migración. Foto: Especial

Jamás Nadie narra la vida de She Yan, joven chino de 15 años que, debido a la precaria situación en la que se encuentra Cantón, su pueblo natal, se encamina junto con su familia hacia México, un sitio en el que vive maltrato, hace un siglo y sobre el cual no mucha gente quiere hablarlo.

“Yan vivió el resto de su existencia con el peso del sobreviviente. Un peso invisible pero despiadado”, dice la historia cargada de odio, donde Mía, la hija mexicana de Yan, descubrirá un camino hacia el reencuentro con un pasado doloroso y entrañable que la hará transformarse.

“La intolerancia y el odio no reflejan que los seres humanos nacimos y crecimos siendo nómades. Así seguiremos por toda la historia, hay que ver la historia de los países. El otro día que estuve en Irán ves a toda la gente que pasó por ahí y te pones a pensar que si no hubiéramos migrado seríamos un conjunto de naciones separadas, aisladas, una mezcla de cultura que nos da riqueza como seres humanos”, dice Beatriz en entrevista con Puntos y Comas.

–¿Por qué hay tanto odio contra los migrantes?

–Lamentablemente no sólo es ahora. Creo que hay algo profundo en el ser humano que le tiene rechazo a lo distinto, a lo diferente, hay prejuicios naturales. Así como es natural migrar, también es natural el prejuicio. Tenemos que luchar contra eso, siempre nos hemos sentido amenazados por lo distinto. Habitantes de varias partes del mundo tienen que salir de su pueblo, tratando de preservar hasta su propia vida y llegan a un sueño que se convierte en pesadilla. Llegan a países donde son rechazados, insultados e incluso asesinados, como es el ejemplo de mi novela Jamás Nadie. Muy poca gente conoce el tema de mi novela, porque todos nos hemos autoengañado y nos gusta criticar a los demás, pero no a nosotros mismos.

–¿Cómo fue que empezaste a escribirla, Beatriz?

–Empecé porque vi en un periódico una noticia sobre una exposición de la masacre de chinos en Torreón, corrí al Museo de la Memoria y Tolerancia, la habían sacado, pero me informé mucho sobre ese tema. Hace dos años y medio que inicié la novela y conforme iba escribiendo, pasaba todo lo de Siria, pasaba lo de los migrantes africanos buscando un mundo mejor en las costas europeas, me puse a recortar todas las noticias durante un mes sobre la migración y de pronto me cayó el veinte, tenía que ver con lo que yo estaba haciendo. El capítulo de Torreón era sólo el pretexto para hablar de la intolerancia.

–En esta novela estás más tú, ¿por qué?

–Creo que es porque aterrizo mi novela en México, es algo que siempre he querido. Todas mis otras novelas me encontraba con mis personajes, sin buscarlos, fuera de mi país. Por primera vez me agarró un tema mexicano y me dio mucha emoción, era algo que yo necesitaba mucho. La intolerancia, por otra parte, me indigna y fue importante relacionarlo con México. Escucho insultos discriminatorios todo el tiempo por acá y yo misma muchas veces me encuentro pensando cosas tremendas, que me digo: ¿cómo puedes pensar eso?

–¿Existía la posibilidad de que al escribir Francisco Martín Moreno –su esposo- sobre México tú te vieras un poco intimidada?

–No, siento que escribimos muy distinto. Él toca temas históricos, yo lo que escribo son novelas, algunas basadas en personajes históricos o en hechos, pero que van mucho más allá. Somos muy diferentes y lo que escriba o no mi marido no es algo que me mande a la hora de seleccionar mis temas.

­–Los mexicanos en general son bastante cordiales, por otro lado son racistas. ¿Cómo analizarías este tema?

–Tenemos mucha fama de ser cordiales con los turistas, que no sé si sea parte de lo mismo. Damos la bienvenida a quienes creemos superiores a nosotros, porque además de ser racistas somos malinchistas. No le damos la misma bienvenida a los haitianos, a los cubanos, a los chinos, a los africanos, ¿no? Es parte del racismo. En el Norte, Porfirio Díaz invitó a los europeos a vivir para “blanquear la raza” y como nos rechazaron, le abrieron la puerta a los chinos. Somos una especie contradictoria, recibimos muy bien a los españoles, pero ¿Cómo tratamos a los centroamericanos que pasan por México? Mi novela al final presenta cierta reconciliación. Comienza con una tragedia terrible, pero termina de la reconciliación de Mia con su padre –aunque ya está muerto-, con su pasado y una reconciliación de los mexicanos con los chinos.