La vicepresidenta de Mercy For Animals en México, escribe sobre la aprobación de la reforma para castigar la crueldad en los mataderos, luego de que la organización investigara que dentro de ellos, los animales eran asesinados a martillazos, con choques eléctricos o con fuego. Ésta fue posible gracias a la unión de los ciudadanos por juntar firmas, al igual que la que se atestiguó tras el sismo del 19S.

Por Blanka Alfaro, Mercy For Animals

Eran aproximadamente las 10 de la mañana. Estaba sentada en un salón del Congreso de la Unión esperando a que llegaran los Diputados de las Comisiones de Ganadería y de Justicia que votarían la #LeyRastrosSinCrueldad, una reforma destinada a castigar los actos crueles en los mataderos. Me refiero a la crueldad que documentaron los investigadores de Mercy For Animals: trabajadores asesinando a las vacas a martillazos, dándoles dolorosos choques eléctricos en los ojos a los cerdos hasta que se prendían en llamas e invitando a un niño a apuñalar a los animales. Todo esto a pesar de que las vacas y los cerdos estaban conscientes y podían sentir dolor.

En sus investigaciones, documentaron distintos tipos de maltrato. Imagen: Cortesía MFA

Mientras iban llegando los diputados a la votación, recordaba el trabajo y el esfuerzo de tantos mexicanos que habían hecho posible este día. Las pláticas con decenas de diputados sobre lo que habíamos documentado y la enorme cantidad de ciudadanos que les habían pedido que hicieran algo para detener la crueldad y proteger a los animales con una legislación apropiada. Todo había valido la pena.

Ese día tuvimos la grata sorpresa de que las dos comisiones votaron por unanimidad a favor de castigar la crueldad en los mataderos. Esta decisión significaba que la reforma pasaría al pleno de la Cámara para ser votada. Feliz, salí del edificio del Congreso alrededor de las 12:30 p. m. Era la primera vez que una ley que protege exclusivamente a los animales de granja, los más olvidados y maltratados, pasaba ¡y por unanimidad!

Ese día obtuvimos el primer triunfo en este largo proceso de votaciones. ¿Estábamos siendo testigos de un cambio en la consciencia colectiva? Poco sabía en ese momento de lo que nos esperaba a los mexicanos tan sólo 45 minutos después. Era el 19 de septiembre. Estaba en el departamento, sentada en el piso, invadida por un sentimiento de júbilo. De repente sentí que todo se movió y pensé que quizás se trataba del paso de un camión. En unos segundos recordé que ¡en la Roma no pasan camiones! Para ese momento ya había entendido qué sucedía y luchaba por mantenerme de pie y salir para ponerme a salvo. Finalmente llegué al camellón de Álvaro Obregón. Dicen que el terremoto duró un minuto. Para mí fueron horas.

Ese día ocurrió una de las peores tragedias en México. Con incredulidad, vi la devastación mientras caminaba por las calles. Pero también vi a los mexicanos unidos. A esos mexicanos que se resistían a la apatía que consume a tantos, fruto de vivir en un país azotado por la corrupción. Vi la fortaleza de las personas removiendo escombros. Vi a la comunidad de ciclistas convertida en una red de abastecimiento, yendo de casa en casa para pedir cubetas. Vi a un México superando las barreras de la edad o el estatus económico. Y esto me llenó de esperanza. Ese día sentí que la tierra nos había sacudido para sacar a flote lo mejor de nosotros.

El sismo del 19 dejó destrucción, desolación, miles de damnificados y, desafortunadamente, cientos de personas y animales fallecidos. Pero también dejó a un México unido y capaz de apreciar la vida.
Vi cómo los mexicanos dejaron todo de lado para participar en el rescate de personas y animales. Vi a la gente aplaudir y llorar de felicidad cuando rescataron a un loro, a una tortuga y a tantos perros y gatos. En ese momento comprendí que nuestro círculo de solidaridad se había expandido para incluir a los animales. A todos los animales. Y que ésta era una de las razones por las que la reforma que se iba a discutir en el pleno para castigar la crueldad en contra de los animales en los mataderos tenía una gran oportunidad. Entendí que a los mexicanos les importan los animales y quieren construir una sociedad mejor. Y entendí que este deseo persiste a pesar de la corrupción y las tragedias que vivimos.

“No fue una herramienta virtual la que logró que la reforma pasara en la Cámara. Fue un ejército de ciudadanos”. Imagen: Cortesía MFA

El 17 de octubre fue la votación en el pleno de la Cámara. La reforma que castigará la crueldad en los mataderos fue aprobada con 318 votos a favor, 4 en contra y 12 abstenciones. Estamos a mitad del camino para hacerla una realidad. En este recorrido, la participación ciudadana ha sido fundamental y así lo reconocieron los representantes de todos los partidos que hablaron a favor de castigar los actos crueles. Todos felicitaron a los ciudadanos por su participación en el diseño de políticas públicas. Todos mencionaron las 340 mil firmas ciudadanas y los miles de mensajes electrónicos, tuits y llamadas recibieron para pedir que votaran a favor de detener la crueldad. Mientras los escuchaba, no podía dejar de recordar a quienes pusieron en duda esta participación e insinuaron que sólo se trataba de un truco tecnológico.

No fue una herramienta virtual la que logró que la reforma pasara en la Cámara. Fue un ejército de ciudadanos. Un increíble grupo de mexicanos que dejó en claro que el país está listo para mejorar las leyes que protegen a todos los animales. Y ésta fue una lección para los diputados: la protección de los animales es un tema que le interesa a la sociedad y al cual deben prestarle atención. Ya no somos sólo un movimiento social, somos una sociedad en movimiento que no acepta la violencia sin importar quién sea la víctima.

Al escuchar a todos los diputados no puede más que sentirme orgullosa. El día en que se movió la tierra recibí dos lecciones importantes. La primera, que la solidaridad sí existe y no es sólo una palabra que una melodía hizo popular a finales de los años 80. La segunda, que por fin entendimos que este mundo lo compartimos con los animales y que es nuestro deber protegerlos si queremos llamarnos una sociedad civilizada.

La #LeyRastrosSinCrueldad contó con el apoyo de todos los partidos en la Cámara de Diputados. Esas mismas fracciones políticas que no logran ponerse de acuerdo en tantos otros temas, esta vez se juntaron para ser la voz de los animales más olvidados. Y esto se logró gracias a todos los ciudadanos que actuaron. El siguiente paso es la votación en el Senado y de nosotros depende que sea favorable. Recordemos que la historia de México la escribimos los mexicanos.

Firma esta petición para hacer una realidad que se castigue la crueldad en los mataderos. www.Mataderos.MercyForAnimals.mx

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Blanka Alfaro

Desde el 2010 trabaja en la creación de propuestas legislativas para mejorar la protección de los animales en México.Foto: Cortesía de la autora

 

Vicepresidenta de Mercy For Animals en México, organización que ha sido nombrada por Animal Charity Evaluators como una de las más efectivas en la protección de los animales de granja. Especialista en diseño y mercadeo, con una trayectoria en el trabajo con organizaciones nacionales e internacionales de protección a los animales. Blanka es cofundadora del primer santuario para animales de granja en México y ha gestionado el rescate y el traslado de grandes felinos a santuarios en los Estados Unidos. Desde el 2010 ha trabajando en la creación y la gestión política de propuestas legislativas para mejorar la protección de todos los animales en México.