La joven artista Sarah Small es hipnótica y reflexiva, ha desarrollado una obra donde lo disonante se vuelve armonía y lo inquietante se multiplica. Vale la pena descubrirla y para quienes ya la conocen, dejarse seducir por su más reciente realización: un retablo vivo con 120 actores a flor de piel. Concierto asombroso de voces desnudas que visten nuestros miedos, desesperación, deseos, sed de amor. “Yo fotografío fuerza, caos e intimidad”, dice la artista.

Por Alberto Ruy-Sánchez