México está iniciando un proceso electoral que será clave para definir nuestro futuro de mediano plazo. El 7 de junio se elegirán 9 gobernadores, autoridades locales en 17 estados y 500 diputados federales. Las tensiones internas de los partidos y la propia competencia electoral entre las fuerzas políticas lógicamente se intensificarán, y en medio de todo ello corremos el riesgo de que se dejen de lado los temas de trascendencia para el avance de México.

Por ello, necesitamos un verdadero compromiso por parte de los partidos políticos, de cara a los ciudadanos, de impedir que las campañas electorales frenen el trabajo legislativo y ejecutivo en los estados en que se votará por nuevas autoridades, como muchas veces ha sucedido.

Tenemos aún pendientes de enorme trascendencia, como el tratamiento legislativo de las iniciativas en materia de seguridad y justicia, y la creación del sistema nacional anticorrupción; temas urgentes que no pueden posponerse hasta pasadas las elecciones.

Debe también aprobarse la Ley General de Transparencia, la Ley de Obras Públicas y Servicios relacionados y también la creación de una unidad de cuenta que desvincule al salario mínimo de multas, cuotas, tarifas y recargos.

El llamado a los legisladores es que este periodo ordinario termine con los resultados que necesita México. Cualquier retraso en la aprobación de esas leyes tan importantes, frenará nuestro desarrollo democrático, económico y social como nación.

Sin embargo, en estas elecciones, mucho más importante que el accionar de los partidos será el rol que juguemos los ciudadanos. En la exigencia, en el seguimiento y vigilancia de que se cumplan los compromisos, será clave el protagonismo de los mexicanos de a pie.

Porque mucho más allá de los partidos políticos, las autoridades electas y los funcionarios públicos, son los ciudadanos, exigentes, responsables e informados, los que pueden protagonizar el inicio de una evolución del sistema político, para que realmente responda a las necesidades del México que todos queremos construir.

En las democracias modernas, los ciudadanos van dejando de lado el rol pasivo que se limita al voto en las urnas; y se involucran cada vez más en los asuntos públicos. Las nuevas tecnologías nos permiten, más que nunca, estar informados, organizarnos, debatir y participar en nuestras comunidades. Nunca antes en la historia tuvimos tantas herramientas a nuestro alcance para transformarnos en una sociedad más democrática.

Durante estos meses, los mexicanos estaremos atentos y vigilantes de las campañas y de los candidatos. La exigencia de transparencia, de honestidad y de trayectorias sin claroscuros será cada vez más fuerte. Y si los partidos y candidatos asumen su parte en dar una respuesta clara a la sociedad, el beneficio será para el sistema democrático en su conjunto.

Tiene que quedarnos claro: los procesos electorales pertenecen a la sociedad en su conjunto. No son ni pueden ser propiedad exclusiva de los partidos y de las autoridades; por el contrario, son el momento que demanda mayor involucramiento y participación de los ciudadanos.

Son la ocasión para el debate, la propuesta y los compromisos de rendición de cuentas por parte de quienes buscan el voto popular; y a la vez el momento de proponer, expresar acuerdos y desacuerdos, exigir, demandar y levantar la voz por parte de los votantes.

Juan Pablo Castañón Castañón

Presidente Nacional de Coparmex

@jpcastanon