Andrés Sepúlveda en la portada de Bloomberg Businessweek.

Andrés Sepúlveda en la portada de Bloomberg Businessweek.

Ciertas o no, las revelaciones del presunto hacker colombiano, Andrés Sepúlveda, sobre su participación en labores de espionaje y campañas negras en países de América Latina, entre éstos México, colocó en la agenda el papel de las redes sociales en los procesos electorales, la manera en cómo influyen o no en la elección de un gobernante y en el ejercicio del poder.

Justo cuando leía el reportaje de los periodistas Jordan Robertson, Michael Riley y Andrew Willis, con la colaboración de Carlos Manuel Rodríguez y Matthew Bristow, en Bloomberg Businessweek, en Twitter aparecía como tema de tendencia en México #AlejandroGobernador. ¿De quién se trataba? Ni más ni menos que del controvertido candidato del PRI a la gubernatura de Oaxaca, Alejandro Murat.

El Trending Topic o TT alcanzado por el candidato fue artificial. Bastó ver los comentarios repetidos y otra vez de cientos de supuestos simpatizantes para advertir que estábamos frente a una campaña comunicacional creada con bots o perfiles falsos. Es cierto, también había uno que otro militante convencido de que Murat “es el mejor candidato”, pero predominaban cuentas creadas hace tan sólo algunos días y la repetición de frases como “Cómo decir que no al cambio verdadero, @alejandromurat a mejorar #Oaxaca”.

Algo similar estaba sucediendo con el candidato, también del PRI, al gobierno de Hidalgo, Omar Fayad, quien también cuenta con un ejército de simpatizantes y bots para alabar y retuitear cada frase de campaña del candidato. Las expresiones de apoyo se repiten una y otra vez: “Es grato verlo conociendo de primera mano las necesidades de la población”, “Siempre al pendiente de la gente. Felicidades”, “El mejor proyecto para las familias hidalguenses”, etc.

El reportaje de Bloomberg Businessweek refiere que el PRI contrató los servicios de Sepúlveda, a través Juan José Rendón, experto en marketing político (quien ya anunció que demandará a la publicación), para intervenir sistemas de comunicación del PRD y del PAN con el fin de obtener información sobre sus campañas, crear perfiles falsos en redes sociales para denostar a opositores políticos y realizar otras actividades ilegales y no éticas para llevar a Enrique Peña Nieto a la presidencia en 2012.

Al comparar lo que sucedió en el 2012 con las campañas electorales de 2015 y lo que se ha visto en vísperas a la elección de 12 gobernadores el próximo 5 de junio, no se aprecian grandes diferencias. Por eso puedan establecerse algunas características entre el espionaje (vía hackers), el uso de las redes sociales y lo que viviremos en las campañas políticas 2016 y, claro, las federales de 2018:

Intercepciones telefónicas. Como afirma el destacado investigador del IIS de la UNAM, el doctor Raúl Trejo Delarbre (La Crónica, 4 de abril 2016), la intercepción telefónica y de las comunicaciones informáticas es una práctica muy extendida. “Es un delito que cometen partidos políticos, empresas e instituciones muy variadas”. Y tiene razón. ¿Cuántas filtraciones de llamadas telefónicas, correos electrónicos o diálogos en WhatsApp vendrán en el proceso electoral que inició esta semana? Difícil estimarlo, pero no hay que descartar esta estrategia ante la ya característica impunidad de estos delitos.

Perfiles falsos. El mismo doctor Trejo Delarbre también se refiere a una práctica casi generalizada al servicio de nuestra clase política: la creación de perfiles falsos en las redes sociales para apoyar a partidos políticos y candidatos, pero también para denostar a los opositores. Afirma Trejo Delarbre que “no hay evidencias de que tenga efectos en las decisiones electorales”. Es posible que así sea, pero lo que no puede descartarse es la posibilidad de influir en el establecimiento de agendas ciudadanas y de los medios de comunicación, la manipulación de las tendencias temáticas y en algún momento en la definición del voto, sobre todo de los desinformados, a partir de una maquinaria comunicacional apoyada en rumores o información falsa.

Distorsión del debate democrático. Con la contratación de cientos o miles de perfiles falsos, el diálogo, la conversación, la comunicación, el debate democrático en las redes sociales se distorsiona. Acostumbrados al aplauso fácil y al acarreo, muchos prominentes integrantes de la clase política no terminan de comprender que no deben operar de la misma manera en Twitter, Facebook o Youtube. Tampoco como lo hacen en entrevistas a modo, con periodistas a modo, en los medios de comunicación.

De esta manera, frente a la crítica o preguntas incómodas de usuarios verdaderos en redes sociales, echan a andar su maquinaria digital para inhibir, presionar y en su caso acallar las voces que piensan algo distinto sobre el candidato o el partido político. La correlación es sin embargo dispar: uno frente a cientos o miles, lo que desincentiva la participación ciudadana y el intercambio de ideas o propuestas, al tiempo que promueve la autocensura y el monopolio de un solo discurso.

Campañas negativas. Aunque la legislación electoral establece que “en la propaganda política o electoral que difundan los partidos deberán abstenerse de expresiones que denigren a las instituciones y a los propios partidos, o que calumnien a las personas”, damos por hecho que las campañas negativas continuarán, particularmente en las redes sociales. La ausencia de regulación en Internet facilita esta estrategia comunicacional, eficaz en algunos casos, pero contraproducente en otros, con el apoyo de miles de perfiles falsos. Quizás, como dice el doctor Trejo, no defina una elección, pero vaya que sí puede llegar a influir en la opinión pública o en la percepción sobre cierto candidato o partido político.

Ética ¿ética? Al menos en lo que se ha visto en diversas campañas políticas, esta palabra, “ética”, no se aplica en infinidad de estrategias comunicacionales en redes sociales. Pero tampoco parece existir en el ejercicio del poder. Lo que reveló Bloomberg Businessweek de alguna manera ya estaba documentado.

En su ponencia “Tendencias y retos del derecho a saber en los medios digitales”, presentada durante un coloquio organizado por la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal en septiembre de 2015, el periodista y académico Alejandro Cárdenas recupera el trabajo de la escritora Erin Gallagher, quien sostiene que los llamados “Peñabots”, las cuentas creadas para apoyar al hoy presidente, Enrique Peña Nieto, en internet durante su campaña en las elecciones de 2012, “hoy se dedican a bloquear protestas en redes sociales y eliminar tendencias”. Se identificaron más de 75 mil cuentas automatizadas en Twitter “para combatir las críticas al gobierno de México”.

¿Qué tan cercana a la realidad habrá sido la participación del hacker Sepúlveda en la creación de este ejército digital? Es lo menos. El ejército sigue ahí y por lo visto sigue actuando. Los reporteros de Bloomberg Businessweek recuperaron para sus lectores, y qué bien que así haya sucedido, una versión de esa historia, hasta ahora no totalmente conocida.

@telecomymedios