No sé usted, pero yo no tengo ningún inconveniente en que un funcionario público tenga un Ferrari de más de cuatro millones de pesos. En fin, no tengo inconveniente porque no soy envidioso por naturaleza. Si el carro, en efecto, lo compró antes de ser funcionario público, todavía tengo menos inconveniente y puedo gestionar mejor la envidia que me provoca. Lo que en realidad me produce problema es la ostentación que este funcionario público, al parecer, hizo. Porque esto de tener un Ferrari en Tabasco para utilizarlo entre Nacajuca y Villahermosa pues no es un problema de ser rico o ser pobre, es un problema de moderación.

Por Ricardo Raphael