Si se quiere, el mundo es un espejo. El cierre del 2012 en la India estuvo marcado por el caso de Amantar, mujer de 23 años de edad violada y asesinada en Nueva Delhi. La muerte de la joven provocó movilizaciones en aquella nación asiática, que ahora discute en voz alta un fenómeno que allá, como en México, se alimenta del silencio y la indiferencia social para perpetuarse.

Casi en idéntica fecha de la tragedia de Amantar, en el valle de México se vivió un caso de violación múltiple que poco o nada conmocionó en nuestro país. A continuación, parte de la nota que el 19 de diciembre publicó Reforma al respecto:

“Lidia toma fuerza para contar su historia, pero no hay llanto ni dudas en su relato, pues quiere dar ejemplo a su familia y seguir adelante.
“El 30 de noviembre, la joven de 25 años de edad, cuyo verdadero nombre ha sido cambiado por seguridad, fue secuestrada junto con otros 20 pasajeros de un autobús en Toluca, por seis jóvenes.
“Eran alrededor de las 20:45 horas cuando, fingiendo ser pasajeros, seis individuos abordaron el autobús. (…) No llevaban capuchas ni gorras; uno de ellos parecía portar un arma de fuego, pero el resto empuñaba cuchillos. A simple vista, aseguró Lidia, ninguno tendría más de 25 años de edad y olían a thinner.
“Quitaron el letrero del camión y apagaron las luces, pero sin temor a equivocarme puedo decir que eran unos escuincles”, relató la joven.
“Tras despojarlos a todos de sus pertenencias, mientras el autobús circulaba por calles solitarias y sin que nadie en el exterior se diera cuenta de lo que pasaba, los delincuentes separaron a las mujeres de los hombres.
“A estos últimos los golpearon. Todo era risas y el vehículo se llenaba de nubes de humo por los cigarros. A las mujeres las revisaron una a una y separaron a seis, entre ellas, Lidia.
“Durante las siguientes horas fueron violadas en el pasillo de la unidad o en alguno de los asientos”.

En otra nota sobre esa violación múltiple, esta de El Universal, se menciona que 40 empresas de transporte “ya habían denunciado ante autoridades de la SSC y la PGJEM que diariamente se estaban presentando 160 robos (cuatro casos por cada empresa), además de ‘secuestros exprés’, como una nueva modalidad y dos intentos de violación”.

Las violadas en este evento sufrieron aún más. La prensa consignó que al llegar a la oficina del Ministerio Público el trato que recibieron fue despótico: “Como que no sienten el dolor ajeno, no sé si creen que estamos exagerando, pero ¿cómo puedo exagerar que me atacaron varios tipos, que me obligaron a hacer cosas, que no sé si estoy infectada de algo? Lo único que pido es que haya justicia”, dijo una de las víctimas citada en otra nota de Reforma.

Dos especialistas consultadas ayer coincidieron en explicar que México “está atorado” en el tema de la violación: no nos gusta hablar de ello, no le queremos entrar. Las cifras que se tienen, de unos 15 mil casos al año, son consideradas bajísimas, muy lejanas a la realidad.

El estudio Feminicidio en México. Aproximación, tendencias y cambios, 1985-2009, publicado el año pasado por la ONU, el Inmujeres y la Cámara de Diputados, se destaca que “un fenómeno particularmente perturbador es la prevalencia de violaciones sexuales. A diferencia de las muertes violentas, en las que el subregistro estaría relacionado con el no hallazgo de los cadáveres, en el caso de la violación depende de las denuncias levantadas ante el Ministerio Público, de manera que los problemas de la información derivan, en primer lugar, de la falta de denuncia de los hechos”.

Consultada al respecto, Regina Tamés, de GIRE, me comentó que “en general en México no nos conmocionan estos casos de violaciones. Para empezar casi nadie denuncia, y es entendible porque cuando denuncian les va súper mal. La situación se vuelve en contra de la víctima. La burocracia que hemos construido para tratar a las víctimas no ha tenido ningún impacto en garantizarles que no habrá nueva victimización”.

Por su parte, Laura Carrera me explicó que en la violación tenemos la misma problemática que en otros renglones de la violencia: distintos niveles e instancias de gobierno reportan cada uno por su lado estadísticas no homologadas en torno a la violación. “¿Cuántos casos de violación no existen? Pues no sabemos. No hay registros enteramente confiables. Tanto porque muchos no se denuncian, como porque no nos hemos organizado para armar esas bases de datos. Estamos atorados en este tema”.

“La gente no le entra al tema”, agrega Tamés, quien opina que sociedad y gobierno que las cosas no van a cambiar mucho si se intenta “construir todo para dar respuesta a algo de lo que no se habla”.

El Estado de México y el Distrito Federal son las entidades donde más violaciones hay (con 2,990 y 1,344 casos, respectivamente), pero si las medimos por cada 100 mil habitantes Quintana Roo, Chihuahua, Tabasco, Baja California, Morelos y Baja California Sur están peor que el Edomex.

El mundo puede ser un espejo para mirar problemáticas de otros y reconocer las propias. O puede ser un paisaje del que no aprendamos nada. En la India ya reaccionaron. En el Valle de México violaron a seis en un autobús, en un evento que fue todo menos aislado, y todos como si nada. Corrijo. Casi todos como si nada, porque si algo faltara para indignarse con la historia reconstruida por Reforma, hay que agregar que “Lidia”, la mujer que contó su experiencia al reportero Antonio Nieto, “ya había sido violada en marzo por un taxista que aún está prófugo”.