“Préstanos a tu hija”, le dijo el hombre sin mediar palabra. Con voz de mando, el sujeto sin identificar añadió: “Es para llevársela al jefe, luego te la regresamos”.

La escena sucedió en una gasolinera de General Terán, Nuevo León, territorio disputado por los Zetas y el Cártel del Golfo, una zona citrícola hasta hace poco muy prospera que ahora vive en el caos sumido en la violencia más atroz.

Una familia radicada en el lugar, compuesta por el matrimonio y su hija de quince años, viajaba en una pick up Ford Lobo. A la entrada del pueblo se detuvieron en una estación de gasolina. Mientras llenaban el tanque, una camioneta con varios hombres a bordo se estacionó al lado para cargar gasolina. El tipo que conducía les miraba fijamente, hasta que se acercó. Del pantalón sacó una arma y se la puso en la cabeza: “No la hagas de pedo. Nos gusta la chamaca. Préstanosla o te mueres”.

Los empleados de la gasolinera me lo cuentan aún con la indignación en el cuerpo. El padre de la chica no sabía qué decir, alcanzó a balbucear un “claro que no”, pero dos hombres sacaban a su hija por la otra puerta. La muchacha gritaba, forcejeaba, nadie la ayudó. Todo sucedió en cuestión de minutos a plena luz del día. El matrimonio denunció el secuestro y la joven ahora forma parte de la fría estadística: es una de las 300 mujeres desaparecidas en Nuevo León.

En tan sólo dos años, 200 mujeres han desaparecido en el municipio de Apodaca, territorio Zeta. La mayoría son jóvenes de entre 15 a 21 años. Algunas de ellas fueron elegidas al azar, otras más, enganchadas a través de amigas. En sólo dos cuadras de una colonia popular de ese municipio, desaparecieron 12 muchachas, la mayoría eran amigas, pero otras fueron secuestradas en las calles o sacadas a punta de pistola de sus propias casas.

Nuevo León es uno de los ocho estados que tienen una Ley para Prevenir y Sancionar la Trata de Personas, pero eso no ha garantiza el combate a este delito que ha desplazado al tráfico de armas colocándose en segundo lugar a nivel mundial. Una cuerno de chivo la pueden vender una o dos veces, pero una mujer la venden 10, 20, 100, 500 veces. Anualmente más de 7 millones de personas son víctimas de trata, el 80 por ciento, mujeres y niñas con ganancias que oscilan entre los 32 mil millones de dólares, según un reciente estudio de la ONU.

México se ha convertido en un paraíso para los tratantes con 10 mil personas traficadas al año, la mayoría con fines de explotación sexual destinadas a Estados Unidos y Canadá. Es un paraíso donde la impunidad sobre este ominoso delito ofende a toda la sociedad. Si antes había siete cárteles, ahora la veintena de grupos del crimen organizado que operan en territorio mexicano han encontrado una veta de oro en el tráfico de mujeres y niñas. Las historias son horribles, las escenas cotidianas. Los narcos y sus cómplices instalados en las instituciones del país, han creado auténticas redes nacionales e internacionales de tráfico de mujeres para convertirlas en esclavas sexuales.

En el epicentro de la guerra contra el narco iniciada por Felipe Calderón, es decir, en los estados fronterizos, el tráfico de mujeres aumenta de manera alarmante ante la atenta mirada cómplice de las autoridades de Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila, Durango, Chihuahua, Sinaloa, Sonora… Son muchos los funcionarios que se benefician del multimillonario negocio.

La reciente aprobación de la ley federal para prevenir la trata de personas será letra muerta si el Estado no hace lo necesario para dotar a las instituciones de instrumentos precisos que combatan este delito. No hay preparación entre policías, ministerios públicos o jueces para atender todas las aristas que rodean el flagelo de la esclavitud del siglo XXI; tampoco prespuestos adecuados para invertirlos en la prevención y sanción.

Los códigos penales de la mayoría de los estados de la República tampoco incluyen leyes especificas sobre trata de personas. Los agentes de migración están claramente coludidos con los grupos del crimen organizado y la Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia contra las Mujeres y Trata de Personas (Fevimtra) es un auténtico fracaso que no ha dado los resultados esperados en sus cuatro años de operación. De los 200 casos denunciados, solo ha conseguido el uno de por ciento de condenas. ¿Para qué sirve la Fevimtra? Se cumple el dicho popular “si quieres enterrar un asunto crea una fiscalía”.

La ley federal contra la trata requiere aún la aprobación del Senado, pero vale la pena mencionar que en México las leyes se aprueban como un requisito para que existan en el papel y no en la práctica. Así sucedió con la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida libre de Violencia anunciada a bombo y platillo por Felipe Calderón, que resultó letra muerta porque el Estado no dotó de recursos suficientes para su implementación y operatividad. Por lo tanto, aquella publicidad oficial que decía “a Patricia no le volverán a pegar”, es pura propaganda, porque no sólo a Patricia la siguen golpeando, sino que la golpearán hasta asesinarla.

El delito ominoso de trata merece ser tomado en cuenta con seriedad y urgencia por todos los poderes. Mientras esto no suceda, miles de niñas y mujeres seguirán siendo presas indefensas de traficantes sin escrúpulos ni compasión. Si el Estado se niega a proteger a las víctimas, nada podrá contra el inmenso poder de los tratantes y sus cómplices.

Todo hay que decirlo: sin demanda no habría trata con fines de explotación sexual. ¿Cuántos de los hombres que están leyendo este artículo han sido consumidores de sexo comercial? Difícilmente obtendré un comentario positivo, pero ojalá alguien se sincere y nos de sus razones para consumir sexo comercial.

Cuando hago esta pregunta en mis conferencias sobre trata, solicitando que levante la mano todo aquel que paga por sexo, la sala permanece en silencio sin ninguna mano en alto. Seguramente porque les da vergüenza aceptar que forman parte del engranaje que engrasa las abominables redes de trata. Cada vez que un hombre consume sexo comercial, está colaborando con este flagelo.

Lo dicho: sin demanda, no habría trata.