Esta vez escribiré a esas amigas que nos han abandonado por su pareja, porque sí las recordamos (ya de vez en cuando), tal vez con más indiferencia que otra cosa, pero las recordamos. Ellas se lo han ganado así. Hablo por mi hermana y por mí, porque siempre hemos pertenecido al mismo grupo de amigas, y porque nos sentimos abandonadas al mismo tiempo, entonces son dos voces en este relato, más las voces que se identifiquen. Es importante que sepan lo siguiente: este texto está escrito desde el ojo de la víctima.

Cuando comenzamos una relación, es demasiado fácil sumergirnos en un mundo que nos parece, solo fue hecho para dos. Entonces nos olvidamos de todo lo demás, de todos los demás. Y es un grave error.

Tener una pareja es maravilloso, sí, pero tener amigos también lo es. La cosa es equilibrar.

Todo comienza con una normalidad aparente: la alegría por la felicidad ajena, es decir, estar feliz porque tu amiga es feliz con su nueva pareja. Sin embargo, el desequilibrio está por llegar.

La inclusión de la nueva pareja al grupo de amigos es el primer paso de aceptación. Las amigas somos cabronas y estudiamos la conducta del fulano(a) con cautela para después decirle a la amada amiga lo que percibimos, aunque no le interese.

Aquí comienza lo bueno.

Ilse. Ilse es una mujer excepcional y fue una amiga muy amada por nosotras. Resulta que conoció a Ernesto, su actual pareja, por mí; yo tenía una relación bastante cómoda con Ernesto (porque hablábamos mucho sobre mujeres) y un día lo introduje a Ilse. Al parecer fue amor a primera vista, o eso dicen ellos. Mi amistad con Ernesto se deterioró no sé bien por qué. Al parecer, a él no le gustaba que su novia se juntara con un grupo de mujeres gay porque qué miedo (la percepción del ignorante), entonces, poco a poco, Ilse fue desplazándonos de su vida y viceversa, invariablemente.

Belén. Belén también fue muy amada por nosotras, pero qué se le va a hacer. Ella conoció a su actual novia (Ana) por un grupo de amigas en común. Todo parecía marchar perfecto: nos llevábamos genial con la novia, salíamos juntas, hacíamos fiestas como pretexto para pasar más tiempo juntas, hacíamos deporte juntas, etcétera. Un día descubrimos una mala jugada de Ana y, tratando de proteger a nuestra amiga, le dijimos lo que sabíamos, tal como una confesión al Ministerio Público cuando eres inocente y lo has visto todo. Las afectadas fuimos nosotras porque Ana nos vio como las soplonas, Belén perdonó su deslealtad y comenzó a alejarnos que porque no quería (por ninguna razón) un enfrentamiento entre sus mejores amigas y su novia. Y no había razón, pero la ignorancia cree que todo pende de la violencia y las palabras vulgares, como si los enfrentamientos no se ganaran con argumentos sólidos, entonces nos alejamos. Bien decía mi abuela, “si dejas que te levante la mano una vez, te la levantará siempre”, y sí aplicaba para nuestra amiga, a quien le vieron la cara como si fuera un juego de reciclaje.

Cristina. Cristina comenzó a borrar amigos de Facebook porque a su pareja no le caían del todo bien y porque la celaba excesivamente. Bueno, olviden Facebook, dejó de hablarle a sus amigos más cercanos porque su pareja dictó, cual juez ministerial y sin razón alguna de peso, que se alejara de ellos. ¿Pueden creerlo? Si haces una cosa o la otra, oficialmente eres un idiota.

Elia. Elia se fue despacito y sin parar; cuando quiso volver ya era demasiado tarde.

Vienen las promesas de nuestras amigas las verdugas, porque cuando advierten el desplazo bárbaro hacia nosotras, prometen volver. Y normalmente mienten.

Después, la “burbuja”, ahora mismo explico por qué. Todas las experiencias que se pudieron haber vivido, están difusas o simplemente son parte de algo que nunca fue. Puede que nuestras amadas amigas caigan en la cuenta que se han equivocado, o puede que no, que vivan ciegas para siempre.

Casi como final, la exclusión por nuestra parte (ellas ya lo hicieron antes, recordemos). Comenzamos a excluirlas porque el momento en que las olvidas no sabes desde cuándo se hizo presente. Y, de modo risible, por su parte llega la queja como pésimo uso de la psicología inversa. No, amadas amigas, eso no funciona.

Finalmente, (la mayoría) busca volver porque se les acabó el amor, no porque estén conscientes que han perdido una amistad.

«Quiero que sepas mucho, entre tanto, debes saber que me dolió hondamente tu partida porque te perdiste décadas de amor en nuestra amistad; lo comprendiste y trataste de compensarlo, pero ya era tarde, aunque eso no le quita lo válido. Creí ciegamente (como ciega estabas o estás tú), que podíamos inventar muchos mundos desde que nos conocimos, no contaba con que desaparecieras de mi mapa, y qué poca madre porque rompiste la brújula que usé para buscarte. Amiga, eres muy estúpida porque es otra forma de decirte que ya no te extraño, porque que te defendí, porque me arriesgué por ti, y porque ya no estás. No te cobro algún favor, jamás, solo piensa qué tan resistentes eran mis manos que las quemé por ti. Valora, valora, porque aunque no te cierre la puerta de mi casa, tal vez te quedes esperando en la sala, o en mi propio cuarto, y yo nunca llegue».

Me da pena, más que cualquier otro sentimiento, el saber que en todos los eventos importantes de mi vida, irán como una invitada más (presencial o no) y no como damas de honor.