El Distrito Federal tiene un alma esquizofrénica. De un lado puede ser considerada una de las urbes más modernas e incluso posmodernas del orbe y del otro lado tiene formas de organización clientelar y corporativa que recuerdan no al siglo XIX si no quizá a la época romana o a la Edad Media. Trátese el tema del que se trate, basura, transporte, obra pública, licencias de construcción, todo está secuestrado por mafias, por intereses, que medran en esta fórmula tan autoritaria y tan antigua llamada clientelismo.

Por Ricardo Raphael