Hay quienes creen que eso que se llama “promoción de la lectura” (o “mediación”, o “animación”, o el nombre que ustedes quieran darle) debe estar en manos únicamente de instituciones educativas o culturales, o de personas con buena voluntad y cierto gusto por los libros (pero escaso o nulo reconocimiento social).

Otros pensamos que nos incumbe a todos aquellos que hemos hecho de la literatura el centro de nuestra vida. El reto de contagiar la pasión por la lectura (para decirlo en términos de Gabriel Zaid) sería, desde esta otra perspectiva, parte inherente de nuestro ir por la vida. ¿Cómo podría ser de otra manera? Por eso no dejan de sorprenderme, por ejemplo, los profesores de las carreras de Letras que sólo hablan de SUS temas (¿qué tendrían que ver Bajtin, o los problemas de la sintaxis castellana, o el Cantar de Mío Cid, con este contagio?, se preguntan). O los escritores que sólo hablan públicamente de SUS libros, imparten conferencias sobre SU escritura y –si acaso– condescendientemente nos dan tres o cuatro títulos de sus autores favoritos.

“¿De qué sirve que yo cuente qué escritor me gusta? –dijo en una reunión literaria el argentino Washington Cucurto, narrador y editor de Eloísa Cartonera–. Deberíamos estar discutiendo maneras de acercar la literatura a la gente”, y provocó más de una cara de desprecio e incomodidad.[1] No hubiera sido demasiado distinta la reacción en México.

¿Quiénes sino todos nosotros, los enamorados de la palabra, podemos contagiar mejor este amor? En fin…

Quizás porque ése ha sido uno de los retos de mi vida, celebro que haya llegado a mis manos un libro que leí con el mismo entusiasmo que despierta en mí una buena novela. Y, como me sucede con las buenas novelas, prácticamente no lo solté hasta que lo terminé algunas horas después de haberlo comenzado. Me refiero a Gente y cuentos. ¿A quién pertenece la literatura?, libro publicado por el Fondo de Cultura Económica, con prólogo de Ricardo Piglia, y cuyo subtítulo es el sugerente: Las comunidades encuentran su voz a través de los cuentos.[2]

Publicado en inglés en 2009 y en nuestro idioma en 2011, se trata del delicioso y profundo testimonio de Sarah Hirschman, creadora del proyecto “Gente y cuentos / People and stories”. Déjenme que comparta con ustedes algunas de las razones de mi entusiasmo.

Sarah Hisrchman nació en Lituania, pero siendo pequeña migró con sus padres primero a París, donde fue discípula de Simone de Beauvoir, y luego a Estados Unidos. Fanática de la lectura, descubrió que la literatura podía ser más que un ejercicio para “elegidos”, después de tomar un seminario con Paulo Freire en 1969, mientras estudiaba en la Universidad de Harvard. “Freire estaba convencido de que la gente podía adquirir un conocimiento nuevo sólo si éste se convertía en algo relacionado de manera significativa con su vida cotidiana.” (p. 40) Por eso iniciaba sus sesiones de alfabetización con conversaciones sobre temas que fueran de interés para quienes estaban aprendiendo a leer, favoreciendo desde allí la crítica y la reflexión.

Hirschman se preguntó entonces si la literatura podría tener el mismo efecto “de liberación y empoderamiento” (p. 22). Para responder a su pregunta pensó en organizar  reuniones de lectura en un barrio pobre de Cambridge, Massachusetts. Las primeras invitadas fueron jóvenes madres latinas, y el idioma elegido, el español que Sarah había aprendido durante los años que vivió en Colombia.  Dio inicio así el proyecto “Gente y cuentos”.

“Siempre me gustó leer, desde mi primera infancia. Y siempre recibí de la lectura una sensación de bienestar. En un momento quise compartir todo eso con personas que no habían tenido la oportunidad de leer libros. Esa fue una de las razones por las cuales comencé con el proyecto. La otra, tal vez, fue más egoísta: quería poder relacionarme con gente que no fuera de mi círculo inmediato, pensé que compartiendo el placer de una obra literaria podríamos comunicarnos mejor”, contó esta mujer en una entrevista realizada meses antes de su muerte.[3]

En un comienzo, el proyecto no fue bien recibido por sus colegas, quienes argüían que la “alta literatura” no le serviría para acercarse a personas con pocos estudios. La pregunta que da título al libro –¿A quién pertenece la literatura?– incomodó, por supuesto, a los “dueños” del saber. Esos anquilosados y poderosos personajes del campo cultural que tan bien describió Ángel Rama en su libro La ciudad letrada. “¿Cómo puede una mente ignorante, que no ha leído mucho, comprender y hablar de escritores sofisticados?”, la cuestionaban.

Pero tampoco los otros discípulos de Paulo Freire la apoyaron, pues objetaban el uso de obras de ficción demasiado complejas para grupos cuyos intereses parecían ajenos a la literatura.

Utópica y populista eran dos de los tantos epítetos que le endilgaban. Pero ella siguió adelante con la propuesta. “La confianza en el poder de la literatura para abrirse a nuevas lecturas, y la fe en la capacidad de las personas para inspirarse en su experiencia de vida y entrar en el mundo de la ficción han estado siempre en la base de este proyecto” (pp. 30-31)

Con más de treinta años de existencia, con programas en inglés y en español, con cientos de coordinadores que continúan su obra en Estados Unidos, Francia, Colombia y Argentina, “Gente y cuentos” demuestra cada día la fuerza y riqueza de la idea fundamental de Sarah Hirschman.

En el libro hace un recuento de las distintas etapas por las que pasó su reflexión, y en consecuencia el proyecto mismo, así como de los retos y dificultades a los que se ha enfrentado. Pero quizás lo más disfrutable sea la cantidad de anécdotas y recuerdos que salpican el relato, donde los protagonistas son aquellos que han encontrado su voz a través de los cuentos, y a los que aún hoy muchos preferirían seguir manteniendo alejados de la mejor literatura.

 

Junio de 2012

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[2] Sarah Hirschman, Gente y cuentos. ¿A quién pertenece la literatura? Las comunidades encuentran su voz a través de los cuentos, Prólogo de Ricardo Piglia, Fondo de Cultura Económica, Col. Espacios para la Lectura, Buenos Aires, 2011.