La rectora Sara Foto:

Sara Ladrón de Guevara (al centro), rectora de la Universidad Veracruzana, encabezó el pasado 10 de marzo una megamarcha para exigir al Gobierno de Javier Duarte que pague por todo lo que debe. Foto: BlogExpediente

Si en estos momentos hay una mujer poderosa en Veracruz esa es Sara Ladrón de Guevara González, y lo es por las mejores razones y no por las que la mayoría de los supuestos líderes políticos en esa entidad acostumbran: impunidad, corrupción, amiguismo, chantaje, fraude, peculado, asesinatos, violación a derechos humanos…

La Rectora de la Universidad Veracruzana, de 52 años cumplidos el 14 de enero pasado, es hoy una figura que se agranda ante el desastre de la administración de Javier Duarte de Ochoa, para muchos el peor Gobernador que ha tenido esa entidad en toda su historia…. y mire que decir eso no es poca cosa: por ese puesto han pasado ya 73 mandatarios.

En cinco años y tres meses, desde que el priista tomó las riendas del Gobierno local, no ha pasado una sola semana en que no sea noticia por escándalos relacionados directamente con la ineficiencia, con la falta de capacidad y con una prepotencia que, encima, no acepta críticas. Ahora, además de todos los males resultado de la impunidad respecto a la aplicación de la justicia, se suman los cuestionamientos de desvíos de recursos en prácticamente todos los renglones de la administración estatal.

Y mientras diversas voces se levantan exigiendo la renuncia del Gobernador Duarte de Ochoa, y legisladores de oposición a nivel federal han conformado un frente para pedir la aplicación de un juicio político en su contra, la doctora Ladrón de Guevara González y la comunidad de la UV están dando una batalla extraordinaria, si se considera el territorio totalmente hostil para la protesta y las libertades que es hoy Veracruz.

Sarita –como la llaman no sólo sus amigos sino toda la legión universitaria– encabeza a esa casa de estudios desde el 2 de septiembre de 2013 y, de acuerdo con los plazos oficiales, ahí permanecerá hasta el 31 de agosto de 2017; es decir, más allá de cuando Javier Duarte deje el poder, el próximo 30 de noviembre… si es que su salida del Palacio de Gobierno de Xalapa no se adelanta.

La lucha que encabeza Sara, Sarita, por la autonomía de la Universidad y por la exigencia de que Duarte le pague a la institución más de 2 mil 300 millones de pesos de recursos locales pendientes, y más de 400 millones de recursos federales que tampoco les han sido entregados, entre otros muchos pendientes, no ha sido fácil, considerando que el Gobernador mantenía un control férreo de todos los hilos operativos en el estado… y decimos “controlaba” porque ahora su poder se diluye a cada minuto que pasa y, por fin, la sociedad veracruzana, con los estudiantes de la UV al frente, han decidido tomar un papel protagónico y ser al fin un real contrapeso.

Y es que esa lucha no es reciente. Se ha venido agudizando desde que en agosto de 2015, la Rectora decidió enfrentar la falta de pagos del Gobernador con acciones radicales, como el no prestarle las instalaciones de la casa de estudios para realizar eventos de los cacareados Juegos Centroamericanos y del Caribe, entre otras medidas, lo que, de acuerdo con fuentes del Palacio de Gobierno citadas en columnas locales, provocó la ira de Duarte de Ochoa.

Sara, Sarita, sin embargo, no se amilanó. Y ahora, luego de la mega marcha del pasado 10 de marzo, ha mostrado que el reclamo de la UV no sólo es justo en términos administrativos y legales, sino también íntegro desde el punto de vista moral, pues se trata de defender y dar viabilidad a una de las instituciones académicas públicas más importantes del país, y por la que el Gobierno de Duarte ha mostrado un profundo desprecio.

Su discurso del 10 de marzo pasado no sólo sintetiza la crisis en esa Universidad sino la de Veracruz e incluso la de todo el país, convertido por estos días en un enjambre de corrupción, que es protegida además desde las instituciones del Estado.

“Nos deben el derecho a soñar. Nos deben la esperanza en un mejor futuro. Nos deben la confianza en las instituciones. Nos deben una juventud sin miedos. Nos deben a los desaparecidos. Nos deben la paz de los violentados y las de sus familias. Nos deben recursos que son obligaciones por que no son de ellos, fueron otorgados por el pueblo. Nos deben los derechos de nuestros jubilados. Nos deben las libertades y las capacidades críticas generadas por el conocimiento. Nos deben mayor cobertura en educación superior. Nos deben mayor acceso a la educación de las clases más desfavorecidos, muy particularmente de nuestros grupos originarios. Nos deben el respeto a la diversidad, de etnia, de color, de género, de diferencias políticas o religiosas. Nos deben la seguridad del cumplimiento de nuestras metas. Nos deben la certeza de nuestros trabajos. Nos deben los sueños de nuestros jóvenes. Nos deben los impuestos que nos han sido descontados y no enterados a Hacienda. Nos deben lo que ha sido asignado y convenido. Nos deben los valores éticos de fraternidad y de compromiso”, dijo Sara, Sarita, ante miles de estudiantes que colmaron la Plaza Lerdo, ahí justo donde se encuentra el Palacio de Gobierno.

Ahora, como una figura pública en ascenso, alrededor de Sara, Sarita, revolotean zopilotes del PRI y del PAN-PRI, la buscan para apoyarla, para solidarizarse, para tomarse la foto a su lado… Y la razón es clara: las campañas por la gubernatura están a la vuelta de la esquina.

Lo que queda es esperar que Sara, Sarita, siga adelante en la defensa de la dignidad universitaria. Que no sucumba ante esas quimeras, que no se deje engullir por esas fauces babeantes… Que no se nos raje, pues.

¡Buena semana, y nos vemos el próximo martes!