Según la leyenda el Conde Drácula solo podría sobrevivir en la oscuridad. No hay filme de vampiros que ahorre la misma escena: la lenta desintegración del monstruo mientras la luz solar lo hiere e incendia. Por esta razón es que en su castillo todas las cortinas debían permanecer corridas. La transparencia de las ventanas significaba una grave amenaza para su existencia.

Esta metáfora viene al caso cuando se intenta explicar lo que le ocurre a los corruptos si se les exhibe en la plaza pública. El efecto de la transparencia sobre la deshonestidad es idéntico al que producen los rayos solares contra la piel del mítico Conde. La carne arde lentamente hasta producir la desintegración y deja olores.

Tal sonido crepitante lo produjo el Instituto Mexicano para la Competitividad este miércoles 15 de mayo, día del maestro, con su reporte El mapa del magisterio de educación básica en México. Algunos de los datos expuestos enojaron inclusive a los más cínicos. Aquí solo unas perlas: 70 maestros tienen un sueldo por encima del que percibe el presidente de la República, (35 veces el ingreso promedio de sus colegas); en el estado de Hidalgo hay mil 441 docentes con más de 100 años de edad, el 10% de los maestros – unos 160 mil – cuentan sin justificación con una plaza doble. Y el etcétera de absurdos continúa.

Los investigadores del IMCO hicieron lo que mejor saben hacer: pedir datos, analizar de la manera más objetiva posible y exponerlos ante la opinión pública. Su trabajo no es obra de una filtración de mala fe, tampoco pretendió ser el arma arrojadiza de una facción política en contra de otra. Es el producto del cruce de distintas bases, entre otras, del Fondo de Aportaciones para la Educación Básica (FAEB), de los registros de las nominas estatales y del inventario de maestros que recientemente levantó el INEGI, por mandato constitucional.

Para seguir con la metáfora, lo único que hizo esta organización fue correr las cortinas en algunos de los cuartos del castillo de Transilvania. Como prueba de su acierto se escucharon a todo volumen los gritos del Conde. El gobierno de Hidalgo fue el primero en  lanzar un poderoso aullido. Dijo que el IMCO no supo leer la información. Que los docentes con más de 100 años no dan clases sino que están jubilados. (¡Vaya usted a creer esta explicación!)

Desde Oaxaca se escuchó otro lamento. Aseguran las autoridades educativas de ese estado que es falso afirmar que un solo profesor gana 600 mil pesos mensuales. Y sin embargo esta información nada tiene de fabricada. Está en los registros públicos de la contabilidad oaxaqueña.

Mientras las autoridades locales se defendían, también los líderes del SNTE se dispusieron para el ataque. No combatieron con argumentos el reporte del IMCO, porque su estrategia de siempre es descalificar al emisor del mensaje. En redes sociales se presentó a esta organización de la sociedad civil como enemiga del magisterio, en vez de obligarse a rendir cuentas por cada una de las afirmaciones que se hacen en el documento.

Quisieran los líderes sindicales y las autoridades heridas por la luz solar que este trago amargo pasara rápido. Se equivocan. El tema educativo es demasiado importante hoy en México como para que el resto de la población lo abandonemos a su suerte dentro del castillo de Transilvania. Más vale que se vayan preparando. Este estudio es apenas el comienzo de muchos otros que con seriedad van a publicarse hasta que nada oculto quede sobre las políticas educativas.

Bienvenidos los quejidos del corrupto siempre y cuando ocurran porque el sol entra por la ventana de su habitación. Ayer descalificaron a otras organizaciones, como Mexicanos Primero. Hoy se fueron contra el IMCO. ¿Cuántas voces creen que podrán acallar si su corrupción es tan grande?

Pocas cosas han cambiado en México durante los últimos años. Sin embargo, el acceso a la información y el ánimo para exigir cuentas son dos de nuestros logros más importantes. ¿Por qué asumirán estos vampiros que no vamos a utilizarlos en su contra cuando se trata del gasto más sensible del Estado mexicano?

Cabe suponer que la información con la que contamos es todavía insuficiente, que tiene deficiencias y que necesita depurarse. Con todo, la exigencia de cuentas va a requerir más y no menos información, más y no menos luz, más y no menos cortinas corridas, menos Drácula y más publicidad de los asuntos que nos afectan a todos.