El anuncio del presidente Peña para combatir el conflicto de interés y a la corrupción que tienen ahogado al país no sólo involucra por sí mismo un conflicto de interés, al nombrar a una persona cercana a él y a miembros de su gabinete, representa una captura de la Secretaría de la Función Pública. Lo anterior lo podemos afirmar desde el momento que esta acción no pone en manos independientes la vigilancia del qué hacer de los funcionarios públicos ni tampoco realiza las reformas para una política efectiva de combate al conflicto de interés y la corrupción. Pone la SFP en manos de un subalterno, del grupo en el poder. Podrá decirse que ese nombramiento corresponde al presidente y así es, sin embargo, por la función que debe desempeñar el secretario de la Función Pública lo que se espera es que ese cargo lo desempeñe alguien independiente de los grupos en el poder. Y esto toma mayor relevancia con la exhibición nacional e internacional de los políticos mexicanos como una de las mayores expresiones de la corrupción y el conflicto de interés. El nombramiento es un mensaje claro de que el grupo que detenta la presidencia no será tocado. Pero el mensaje no queda sólo ahí se extiende a una protección de la corrupción en el sector político más amplio.

Los mensajes del presidente en el sentido de su decisión de combatir la corrupción so dejan de ser más que la lectura del guión de ocasión. Si hay un partido político jerárquico, que se cuadra a las órdenes superiores, es el PRI. Es este partido el que continuamente ha bloqueado las iniciativas que en el congreso se han dirigido a enfrentar el conflicto de interés y la corrupción, desde la propuesta ciudadana de ley de telecomunicaciones hasta la de un Sistema Nacional Anticorrupción presentado, en origen, por organizaciones sociales.

Una vez más, de manera muy preocupante, el anuncio de Peña es una muestra más de que no acaban de entender que no entienden, que no entienden que México no es Atlacomulco, que no es el Estado de México. Las propuestas del gobierno de Peña son de “engañabobos” (por no decirlo de otra manera), pero gran parte de la sociedad ya no está en esa condición de manipulable, los que pretenden engañar de esta manera si lo son ya que no entienden que el país ya no está para engaños. Esto funcionaba en tierras mexiquenses con los medios controlados pero no a escala del país y con las redes sociales y medios independientes, aunque sean pocos. ¿Se pretendía con el anuncio de Peña mejorar la imagen del país en el exterior?, basta ver las respuestas en la prensa extranjera para darse cuenta que provocó lo contrario. ¿Se pretendía engañar a la población profundamente desinformada de nuestro país a través de medios como Televisa?, estos mecanismos ya han perdido mucha eficiencia, desde 1988 se demostró.

La pregunta es a qué apuesta el gobierno federal y la clase política dejando que la crisis política y social se agudice, viniendo detrás la económica, dejando intocable la corrupción y la impunidad que son las dos caras del rostro político mexicano. Sólo puedo pensar en dos hipótesis:

1.- no saben a qué apuestan y están llevando al país a un estado de mayor deterioro y descomposición política y social porque no entienden y son incapaces o,

2.-  detrás hay una mente bastante perversa, cimentada en lo que se ha llamado la doctrina del shock, que busca conscientemente empujar al país a un estado más crítico para poder imponer medidas autoritarias y una mayor entrega de los recursos a la economía global, llevar el neoliberalismo al extremo y a la desregulación total, lograr que las reformas no queden en el papel y se impongan en la realidad.

Noami Klein explica la segunda, que la doctrina del shock fue implementada en varias naciones del mundo por el grupo fundado por Milton Friedman y la Escuela de Chicago. De acuerdo a la autora, la doctrina plantea la necesidad de aprovechar o de provocar situaciones de shock social, de crisis, de desastre, de incertidumbre y miedo, con el fin de que la población sienta la necesidad de la imposición de un orden abriendo así las posibilidades para la instauración de medidas que en otro contexto serían impopulares. Las medidas neoliberales, en estos escenarios, no enfrentan resistencias o éstas son débiles, como lo demuestran muchos casos.

Se explica que la doctrina del shock fue aplicada como parte de la estrategia para derrocar a Salvador Allende e implementar las medidas neoliberales impulsadas por Pinochet, y  que ha sido aprovechada en varias naciones del este europeo, otras naciones latinoamericanas y africanas hasta en situaciones de desastre más recientes, tras el Huracán Katrina y el tsunami de Indonesia.

La doctrina del shock no debe ser pensada únicamente como una estrategia de política nacional. Pensemos que es una lógica similar la que enfrenta un gobierno como el mexicano frente a movimientos regionales y específicos, como el de los maestros en Guerrero.  Cuando el gobierno no tiene legitimidad para enfrentar un movimiento social específico, deja que este crezca, vaya al extremo en sus manifestaciones y lleve al hartazgo a una parte importante de la población, logrando así el gobierno el apoyo que requiere para imponerse. Claro, para eso se requiere que el movimiento social vaya por el camino de la confrontación violenta. La vía radical de la no violencia no permite esto, no genera en los terceros el miedo con el cual el Estado se justifica.

Tanto si el gobierno actúa de esta manera porque no entiende y es incapaz o porque hay una intención de llevar la crisis a un estadio mayor para imponerse de manera más autoritaria, sólo agudizaría la situación y se destaparía la violencia. Me inclino por pensar que se trata de lo primero, sin embargo, hay mentes perversas que han estado en el poder y que en un proceso de degeneración más aguda podrían llegar a impulsar esta estrategia sin que los actores estuvieran conscientes de hacia dónde mueven el escenario. Es decir, algo así como que el director y los productores conocieran el guión y los actores principales sólo fueran ejecutando las escenas tal como se las dictan, sin conocer el desenlace final de la obra.

La pregunta es si podremos salir de nuestro papel de espectadores en esta obra que tiene visos de tragedia y en la cual no hay puertas de emergencia, por lo menos, esa es la realidad para la mayoría de nosotros. Sabemos que hay otros que ya tienen su dinero y su cama en el extranjero, por si la obra ya nos les gusta y sus actores dejan de ser protagonistas.