Los días del tiempo
Por: Pedro Ángel Palou - febrero 25 de 2013 - 0:00
Los días del tiempo, LOS ESPECIALISTAS - 5 comentarios
En un día del hombre/están los días del tiempo, escribió Borges para celebrar la novela de Joyce, Ulysses, frase que ahora yo utilizo para encabezar estas reflexiones sobre vida, sociedad y política que forman mis trabajos y mis días. Puesto que soy escritor buena parte de mis desvelos tienen que ver con la literatura, aunque no viva solo de palabras. El hecho de encontrarme desde hace ya unos años fuera de México le otorga a mi mirada una cierta cualidad estrábica. Soy un tipo de bizco, pues uno de mis ojos está siempre puesto en mi tierra y el otro me sirve para ver dónde piso de este lado del Río Bravo. Las fronteras –las físicas y las culturales– son nómadas, se mueven con nosotros, se convierten en horizonte. Así pues, en un mundo que tanto se parece a una Torre de Babel –comprimido el espacio y ampliado o al menos vuelto veloz el tiempo–, el ejercicio crítico (la mirada despiadada, pero empática, humana demasiado humana) es fundamental para saber qué significa seguir vivos.
Soy un migrante, doy clases, busco mi Green Card. Soy un expatriado, pues vivo mi país por lo pronto desde fuera, sin nostalgia pero con preocupación. Amanezco con la noticia de que han baleado otra vez a cuatro en California, y que vuelve a ser un adolescente desequilibrado pero también leo que el Niño Verde está en el Torito, que sus guardaespaldas intentaron sobornar con dos mil pesos a los policías, que ha protagonizado algunos de sus clásicos ataques de prepotencia. En ambos lados de la borrosa frontera que es mi cicatriz las cosas que leo o veo parecen, entonces, estructurales, no son síntomas del mal: son el mal mismo. Este país –Estados Unidos– está profundamente desequilibrado, como quienes se disfrazan de Batman y atacan a la multitud de un cine. Vive en disonancia cognoscitiva perpetua. El Presidente manda a Biden a encabezar una urgente revisión de la Segunda Enmienda (que promueve el derecho del estadounidense al uso personal de armas) pero aparece tirando en su casa de campo, con una escopeta larga y su portavoz se apresta a decir que se trata del nuevo pasatiempo de Obama, uno que incluso comparte con sus esporádicos huéspedes en Campo David.
Y del otro lado, igual. La corrupción de los políticos y la partidocracia como males endémicos de un sistema de gobierno que requiere una revisión más que a fondo. El IFAI (nuestro ya vilipendiado garante de la transparencia) muestra más que opacidades y sus comisionados se enfrascan en una opereta de quinta con tuiterazos mientras una de sus miembros es capaz de pedir información sobre sus compañeros haciéndose pasar por otra. El gerente de un partido, –¿o un negocio familiar?– cuya única virtud es aliarse con quien gane las elecciones pasa de la borrachera a la prepotencia y piensa que una simple disculpa o un reconocimiento de su falta –¡Me equivoqué!– perdonan su verdadero problema: no representar a nadie en un mundo electoral al revés.
Aquí y allá, pues, el problema como siempre es el doble discurso, ¡tan rentable! Tiro la piedra y escondo la mano. Digo una cosa y actúo exactamente de forma contraria sin implicación alguna. Ni pierdo electores, ni se desvanece la supuesta bondad de mis propuestas públicas. No sólo en México un Partido Verde puede promover la pena de muerte. No sólo en Estados Unidos un Presidente pacifista puede dispararle a patos de metal para entretenerse y uf, desestresarse.
¿Y con qué armas, entonces, enfrentarse a ese discurso doble y desnudarlo, labor del verdadero periodista? Como extrañamos tanto a Carlos Monsiváis, creo que vale la pena citarlo en esta primera colaboración en Sin Embargo MX: “Entre el frenesí libertario y la clandestinidad, los periodistas están muy conscientes de su papel fundamental en la vida pública. Son el enlace interno de un país, el apoyo indispensable o el golpe mortal y por eso los mejores de entre ellos multiplican su actividad seguros de que el periodismo no es un oficio sino una misión política y patriótica, como lo demuestra la exigencia múltiple de El Siglo XIX en 1850: libertad absoluta de pensamiento, libertad absoluta de conciencia, libertad de la palabra, libertad de la correspondencia, libertad de imprenta, libertad de cultos, libertad de industria, libertad de contratos, libertad de testar, libertad de casarse, libertad de defenderse y llevar armas, libertad de reunión y asociación”.
Estos compromisos –del periodista decimonónico liberal que tanto ponderaba Monsiváis– son los mismos que encarna este joven pero ya maduro diario digital al que ahora con orgullo me sumo. Sin embargo no propone sólo el adversativo, el pero, sino que utiliza esa estrategia, la de la pausa retórica que viene en la “coma” después de la adversación para proponer otro modo de actuar. No sólo el de la libertad de la expresión y de conciencia, sino la posibilidad de intervenir de lleno en la construcción de un país más justo y menos capaz de seguir siendo secuestrado por sus políticos, sus partidos, sus jueces, sus televisoras, sus redes de pederastas, sus gobernadores caciquiles, sus turbias componendas y sus negocios sucios. Un país de los ciudadanos, donde el estado de derecho implique el derecho al estado de todos. A eso nos comprometemos desde la palabra, otra forma de acción.
Como pedía Rosario Castellanos, debe haber otro modo de ser humano y libre.









5 Comentarios en "Los días del tiempo"
Que gran noticia, poder leerlo aquí. Su reflexión me conmueve y me duele al mismo tiempo. Coincido totalmente, busquemos la manera de ser ese otro ser humano en libertad, pero con un profundo respeto por el otro, sea quien sea.
¡Bienvenido! Y sí, cómo extrañamos todos a Monsiváis… y a Granados Chapa…. y a Germán Dehesa, por mencionar a los recientemente idos. Buendía, Ibargüengoitia, Paz, Fuentes… tan distintos, tan iguales, tan sabios a su modo.
Hay que llenar esos huecos. Nos urge.
En hora Buena Pedro !! Muchos tus días y tus palabras que nos hagan pensar y tomar conciencia crítica de lo que somos y queremos ser, GRACIAS SIEMPRE Amigo-Maestro.
Yo no puse eso de tu comentario esta pendiente de moderación ,no sé porque aparecio
Bienvenido señor Palou.