No cabe duda que la suegra importa. Y mucho. Nos recomiendan a los hombres fijarnos en la madre de la futura esposa antes proponerle matrimonio pues, dicen, será parecida a ella cuando envejezca. Bobadas como éstas he escuchado desde que tengo razón, y es que la suegra es personaje favorito de muchos varones a la hora de gastar bromas con los amigos, y también entre la familia, claro está, cuando ella anda ausente.

Tengo sin embargo conmigo una prueba “científica” de que la suegra es fundamental. No me refiero a la suegra del marido, sino a la de la esposa. Resulta que en México, si el señor de la casa da permiso a su mujer de salir a trabajar es porque su mamá lo hizo cuando él era joven.

En efecto, si el marido tuvo una madre trabajadora es altamente probable que deje a su propia esposa salir a buscar un empleo sin reclamos graves. En cambio, si ese mismo varón vio a su mamá quedarse en casa para cuidar a los hijos, los perros, los pecesitos y el resto de la prole, entonces tal marido tenderá a preferir que su mujercita haga igual que su progenitora.

Este es hallazgo que obtuvieron los investigadores Raymundo Campos y Roberto Vélez-Grajales y que publicaron en la revista de estudios sobre desarrollo de Oxford, el pasado mes de mayo. Analizando la Encuesta de Movilidad Social (CEEY, 2013) constataron, en efecto, que la biografía laboral de la madre del jefe de familia incrementa las probabilidades para que su nuera tenga libertad para trabajar.

Otro descubrimiento que se deriva del anterior es la manera como la historia de la abuela paterna influye en el señor de la casa cuando éste asigna recursos para el estudio de sus hijos. Si la abuela trabajó es común que el padre sea parejo a la hora de invertir en la educación de su descendencia. En cambio, si la abuela paterna se quedó en casa, entonces el padre optará por beneficiar a los varones sobre sus niñas.

Con esta pieza de investigación académica se confirma aquello de que en una cama matrimonial nunca hay dos sino seis personas. Los abuelos pesan.

Mucha incomodidad me provocan estas conclusiones. Nada que tenga que ver con el excelente trabajo de los investigadores, sino con el razonamiento que podría derivarse de éste.

El hallazgo implica que en México todavía son muchas las mujeres que deben pedir permiso al marido para salir a trabajar. O puesto en otros términos, que adolecen de suficiente soberanía como para que la biografía de su suegra sea irrelevante.

También exhibe cuán apreciada es la visita del señor Edipo en los hogares mexicanos. ¡Si mamita trabajó, pues mi esposa también puede. Pero si yo la vi como se sacrificó por todos sus hijos (y el canijo de mi padre), pues ídem con mi esposa La chata!

Que para eso es MI mujer, la madre de MIS hijos, la representación de MIS deseos, la esposa del hijo de MI madre que tanto quiero y admiro YO.

Siempre será pregunta importante porqué ella escogió un señor así, con tantos MIS, Me, Conmigo, en su lenguaje. Ella no tenía obligación de fijarse a detalle en la biografía laboral de su suegra porque, habrá supuesto, el señor con el que se casó era ya un adulto libre de cordones umbilicales.

Pero se equivocó. En México nos casamos en más de un sentido con la suegra. Y que nadie crea que es porque ella se entromete; el problema es que los hombres nos deslizamos a la comparación fácil con la madre propia porque hay preguntas que nunca nos hicimos o no supimos responder.

El drama escala cuando resulta que la trayectoria laboral de la abuela paterna termina determinando si la nieta contará con apoyo para acudir a la escuela. O, como también el estudio en cuestión demuestra, ese mismo hecho definirá si a la nieta se le pide que ponga la mesa para que sus hermanos se sienten a comer, o si debe salir a trabajar a temprana edad para que los varoncitos de la casa puedan hacer la preparatoria.

Aquí vale la pena trazar la raya. Una cosa es que la esposa no haya sabido escoger a su suegra y otra es que su hija termine pagando los platos rotos de esa elección, suya y sobre toda del marido que prefirió.