“Los mosquitos no tienen grupos de presión y de cabildeo,

pero la industria que contribuye al aumento de las

enfermedades no transmisibles si los tienen”.

Dra. Margaret Chan, directora general

de la Organización Mundial de la Salud

Los mosquitos han sido uno de los principales vectores, es decir, transmisores de epidemias como el dengue, el paludismo (malaria), la fiebre amarilla y la chikungunya, entre otras. La frase de la doctora Margaret Chan, directora general de la Organización Mundial de la Salud en el sentido de que hoy en día las principales epidemias no son transmitidas por los mosquitos sino por las grandes corporaciones, que a diferencia de los insectos, cuentan con cabilderos y millones de dólares, corresponde a una serie de análisis que se han viniendo realizando sobre el papel que estas grandes corporaciones globales están jugando en la difusión de epidemias como la del sobrepeso, la obesidad y la diabetes.

Hoy en día las principales epidemias no son transmitidas por los mosquitos sino por las grandes corporaciones. Imagen: Alianza por la salud alimentaria

Hoy en día las principales epidemias no son transmitidas por los mosquitos sino por las grandes corporaciones. Imagen: Alianza por la salud alimentaria

De hecho, se considera que la epidemia propagada por las corporaciones de las bebidas y la comida chatarra provocará que por primera vez, en siglos, la esperanza de vida entre la población descienda -hijos viviendo menos años que sus padres- revirtiendo la tendencia histórica que se ha presentado en el mundo contemporáneo. Podemos imaginar que así será en México, con una incidencia de 14 por ciento de diabetes en la población mayor de 20 años y con una perspectiva de que uno de cada tres niños nacidos a partir del 2010 desarrollará diabetes a lo largo de su vida.

Una investigación recientemente publicada por la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud encuentra una relación directa entre el aumento del sobrepeso y la obesidad con el aumento en el consumo de alimentos y bebidas ultraprocesados [i], estableciendo que: “las ventas de productos ultraprocesados se relacionan con el aumento del peso y la obesidad en América Latina”, a mayor consumo de estos productos mayores índices de sobrepeso y obesidad. La OPS indica que los mexicanos tenemos el mayor consumo de alimentos y bebidas ultraprocesados en la región con 214 kilogramos al año por persona.

Frente a la evidencia científica sobre la relación entre el consumo de bebidas azucaradas con el sobrepeso, la obesidad y la diabetes, reconocida por los mayores organismos internacionales y las instituciones más prestigiadas, la industria está pagando a científicos estudios “a modo” y financiando organizaciones que aparentan ser independientes con la finalidad de negar la evidencia.

En este sentido, la distinción que se ha establecido formalmente entre las enfermedades transmisibles por vectores, como los mosquitos, y las enfermedades crónicas no transmisibles (cáncer, enfermedades cardiovasculares, diabetes, etcétera) ha sido criticada ya que se considera que las enfermedades llamadas “crónicas no transmisibles” en realidad si están siendo transmitidas por la actuación de las corporaciones que con sus productos y sus estrategias de bloqueo de las políticas públicas esparcen estas epidemias.

Antes que la doctora Chan realizara estas declaraciones varias revistas científicas habían abordado el tema de las corporaciones de alimentos y bebidas,  que junto con las del tabaco y el alcohol, actúan como trasmisores de epidemias. El Journal of Public Health de Oxford dedicó un editorial a señalar a la industria de alimentos y bebidas como el vector corporativo más preocupante que amenaza las políticas de salud pública. El JPH señala que:

“No es sorprendente encontrar que las mayores empresas de alimentos  están utilizando las mismas tácticas de la industria del tabaco para influir en el entorno regulatorio. Al igual que la industria del tabaco, las alimentarias ponen la responsabilidad del problema de salud en las decisiones de los consumidores, se oponen a la intervención gubernamental argumentando que se infringe la libertad individual… usan sus campañas de marketing social para fortalecer su reputación y promover sus marcas, oponiéndose a cualquier política efectiva”.

Declaraciones similares encontramos en otras revistas científicas como The Lancet y Plos, entre otras, así como en la propia Declaración de Bellagio. Esta declaración fue firmada por un destacado grupo de especialistas en nutrición y salud pública de África, Asia, Europa, el Pacífico y las Américas que fueron convocados por la International Obesity Task Force y la International Union of Nutritional Sciences, para tratar las tendencias de la obesidad, las acciones que se están tomando y cuáles son las barreras para implementar las políticas contra la obesidad en Bangladesh, Brasil, Chile, India, México, Singapur, Sudáfrica, Tailandia y las Islas del Pacífico. La Declaración de Bellagio señala que:

“La acción de la gran industria de alimentos y bebidas ha sido la fuerza más significativa encargada de bloquear los esfuerzos para promover políticas de salud alimentaria y reducir la obesidad en muchos lugares del mundo”.

Existen múltiples ejemplos de la estrategia seguida por esta industria para bloquear las políticas para combatir el sobrepeso, la obesidad y la diabetes: desde la oposición declarada contra las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, en especial, en relación al consumo máximo tolerable de azúcar; pasando por el fuerte y multimillonario cabildeo para evitar etiquetados frontales sencillos y útiles para que los consumidores puedan distinguir un producto con altos contenidos de azúcar, grasas y/o sodio; su oposición  a las regulaciones que protegen a los niños de su publicidad y sus productos en las escuelas y su estrategia internacional para evitar que se establezcan medidas fiscales, como impuestos, a sus productos.

En este sentido, la estrategia seguida por la industria refresquera y procesadora de alimentos para combatir por diversos medios las medidas fiscales impuestas a sus productos no saludables en México amenaza con agudizar la epidemia de sobrepeso y obesidad. Están combatiendo la única medida efectiva de política pública en México que ha reducido la tendencia creciente en el consumo de bebidas azucaradas y de algunos productos ultraprocesados con alta densidad calórica.

El estudio realizado por el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), la Universidad de Carolina del Norte y los reportes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) indican una reducción del consumo de bebidas azucaradas. El INSP reporta que bajó el consumo en promedio 6 por ciento durante el 2014, siendo mínima la reducción en los primeros meses y llegando a 12 por ciento en diciembre de 2014. Por su parte, el INEGI difunde que la tendencia en el consumo de estas bebidas venía creciendo anualmente en 3.4 por ciento y que el impuesto cambió esta tendencia, logrando reducir el consumo en 3.8 por ciento. Por lo tanto, puede estimarse que la reducción en el consumo, de acuerdo al INEGI, tomando en cuenta la tendencia anual y la reducción en 2014, fue de alrededor del 7 por ciento. El propio INEGI señala que en el caso de los alimentos con alto contenido calórico, en 2014 se dio una reducción en las ventas de botanas de 5.0 por ciento y en las de chocolates de 1.1 por ciento. Lo anterior contrasta con los incrementos que tuvieron en los años previos a la Reforma, de 4.7 y 3.0 por ciento, respectivamente.

Los impuestos a bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados son la primera medida efectiva impulsada por el gobierno mexicano que logra reducir el consumo de bebidas y de ciertos alimentos ultraprocesados que son la causa central de la epidemia de sobrepeso y obesidad que ha puesto a México en los primeros lugares de estos padecimientos.

El impuesto se puede potenciar asignando parte sustancial de sus recursos a la prevención. El pasado 22 de septiembre apoyamos en el Senado la propuesta de creación de un fideicomiso administrado por un grupo de expertos en salud pública libre de conflicto de interés, que destine los recursos recaudados por este impuesto a la prevención del sobrepeso y la obesidad, así como a la instalación de bebederos y dispensarios de agua de calidad para beber en espacios públicos y escuelas.

Mientras tanto, los mosquitos del siglo XXI revolotean al interior del Congreso con la intención de bloquear las políticas públicas contra esta epidemia de obesidad y diabetes.


[i] Alimentos y bebidas ultraprocesados en América Latina: tendencias, efecto sobre la obesidad e implicaciones para las políticas públicas. 2015. OPS/OMS.