Háblame de viajes, de fines de semana en la cama y en la sala, de bailar hasta el amanecer. Reprocha siempre todos mis errores, no me tomes nunca de la mano. Demanda todo mi espacio y todo mi tiempo. Mata a todas mis musas.

Vuélvete protagonista de mis fantasías. Hospédate en los espejos de los baños de los bares que frecuento. Exígeme que mate dragones por tener el honor de trepar por tu cabello para poder besarte…

Ciudad de México, 1 de febrero (SinEmbargo).- Amárrame a las patas de tu cama, asegúrate de que no coma, a menos que sea de tu mano. Muéstrame algo más doloroso que el olvido. Usa los tacones del domingo, cualquier día de la semana y déjame escuchar el sonido que hacen cuando te alejas. No regreses hasta mañana y no me digas dónde estás, para que tu ausencia represente también el deseo de terminar con mi existencia.

Enuncia decenas de promesas, háblame de pagar juntos rentas e hipotecas, de viajes, de fines de semana en la cama y en la sala, de bailar hasta el amanecer, de mis dietas absurdas, de aquella fiesta de tu infancia que jamás olvidarás porque, desde que usaste aquel vestido, jamás te has sentido princesa de nuevo. Exígeme un castillo y que mate dragones por tener el honor de trepar por tu cabello para poder besarte.

Repite mil veces eso del tren que se nos está pasando, recuérdame el número en el que va esta cuenta regresiva, haz que sienta pánico de no llegar a tiempo a tu vientre. Dame una bofetada. Señálame el inicio del camino hasta tus nalgas: guíame al laberinto de pecas de tu boca hasta tu coño. Deja que me pierda hasta que me encuentre a mí mismo.

Hazme aullar mientras levantas tu falda hasta el mismo cielo y bajas tus calzones hasta el mismo infierno. Ensucia tus dedos con los orgasmos que te provoco y mételos en mi boca, como si el deseo no entendiera de anatomía. Como si mi lengua ya no tuviera un lugar favorito para lamerte o tu cuerpo no conociera la palabra “límite”.

Rapta mis palabras y pide un rescate que yo jamás pueda pagar. Mata a cada una de mis musas. A todas. Vuélvete protagonista de mis fantasías. Hospédate en los espejos de los baños de los bares que frecuento, porque sólo ahí soy capaz de sostener firme la mirada. Exige souvenirs de cada visita a mi piel. Encárgate de que mi boca no pueda pronunciar tu nombre, si no soy capaz de amarte. Que mi lengua se entorpezca cada vez que intente decir “te amo”, cuando en realidad quiera decir “te necesito”.

Domíname. Conviérteme en poeta. Lárgate sin explicación alguna y vuélvete un dolor interno que, con el paso de los días, se vuelve más intenso. Ámame profundamente y deséame para siempre. Moja mi camisa con tu perfume y encadena mis labios a tu boca, mis manos a tu espalda, que tus ojos sean estrellas fugaces que se queden atrapados para siempre en los míos.

Muerde con rabia mis pezones y deja que el dolor no sepa cuál es su destino, si doler cuando te alejas o cuando te acercas. Reprocha siempre todos mis errores, no me tomes nunca de la mano. Demanda todo mi espacio y todo mi tiempo. Entierra tus tacones en mi pecho y que cada paso que des cuando te alejes represente una nueva herida. No me quieras nunca, pero no me odies mientras aprendes a quererme.