Grupos de odio se han trasladado a plataformas de medios sociales y a aplicaciones cifradas, mientras que otros han sido vetados de las principales plataformas de medios sociales.

Por Aaron Morrison

Estados Unidos, 01 febrero (AP).- Durante uno de los años más políticamente divisivos en la historia reciente de Estados Unidos, el número de grupos de odio activos en Estados Unidos se redujo, ya que los extremistas de ultraderecha se refugiaron más en redes en internet, reflejando una dispersión difícil de rastrear en los grupos neonazis y de nacionalistas blancos.

En su reporte anual, que se publicará el lunes, el Southern Poverty Law Center dijo haber identificado 838 grupos de odio activos en todo Estados Unidos en 2020. Es un descenso respecto a los 940 documentados en 2019 y el récord de mil 020 en 2018, señaló el grupo, que monitorea a milicias antigubernamentales, la xenofobia y el racismo.

“Es importante comprender que el número de grupos de odio es tan sólo un indicador para medir el nivel de odio y racismo en Estados Unidos, y que el declive en grupos no debe interpretarse como una reducción en las creencias de prejuicios y las acciones motivadas por el odio”, indicó el reporte.

Muchos grupos de odio se han trasladado a plataformas de medios sociales y a aplicaciones cifradas, mientras que otros han sido vetados de las principales plataformas de medios sociales.

Aun así, señaló la organización, las plataformas permiten que los individuos interaccionen con grupos de odio y contrarios al Gobierno sin hacerse miembros, manteniendo conexiones con personas de ideas similares y participando en acciones como el asalto del mes pasado al Capitolio de Estados Unidos.

Las organizaciones nacionalistas blancas, una subcategoría de los grupos de odio incluidos en el reporte, se redujeron el año pasado en más de cien. Esos grupos habían registrado un enorme crecimiento en los dos años previos, impulsados por la campaña y la presidencia de Donald Trump, indicó el documento.

El número de grupos de odio contra migrantes, musulmanes y la comunidad LGTBQ se ha mantenido estable en su mayor parte, aunque las interacciones presenciales se vieron trabada por la pandemia del coronavirus.

En conclusión, indicó la directora general y presidenta del SPLC, Margaret Huang, el nivel de odio y prejuicios en Estados Unidos no ha disminuido.

“Lo que es importante es que empecemos a reflexionar sobre todos los motivos por los que esos grupos han persistido durante tanto tiempo y han podido ganar tanta influencia sobre la Casa Blanca anterior, como para que en la práctica se sientan reforzados”, dijo Huang a AP.

El mes pasado, cuando el Gobierno del Presidente, Joe Biden, empezó a instalarse, el Departamento de Seguridad Nacional emitió un primer aviso de terrorismo interno en respuesta a una creciente amenaza de extremistas en Estados Unidos, incluidas milicias contrarias al gobierno y supremacistas blancos. Los extremistas forman un movimiento más amplio y disperso de personas que rechazan las instituciones democráticas y el multiculturalismo, dijo Huang.

El reporte del SPLC se publicaba casi un mes después de que una turba, en su mayoría blanca y formada por partidarios de Trump y miembros de grupos de ultraderecha, irrumpiera con violencia en el Capitolio federal. Al menos cinco muertes se han relacionado con el asalto, incluida la de un policía del Capitolio. Algunos miembros de la turba ondearon banderas confederadas o llevaban ropas con símbolos neonazis.

Las autoridades federales han detenido a más de 160 personas y buscan a cientos más por delitos penales relacionados con el asalto del 6 de enero. También se ha vinculado a unos 30 acusados con un grupo o movimiento, según un análisis de AP sobre documentos judiciales.

Eso incluye a siete acusado vinculados a QAnon, un movimiento conspirativo de internet que ha pasado hace poco de grupo minoritario a influyente fuerza en la política conservadora convencional; seis asociados a los Proud Boys, un grupo misógino, antiinmigrante y antisemita vinculado al supremacista blanco; cuatro asociados a los Oath Keepers, un grupo paramilitar que recluta militares, policías y personal de emergencias en activo o retirados; cuatro vinculados a los Three Percenters, una milicia antigubernamental, y dos líderes de “Super Happy Fun America”, un grupo asociado a nacionalistas blancos conocidos por organizar el llamado desfile del “orgullo hetero” en el centro de Boston en 2019.

Críticos de Trump de ambos partidos le han acusado de incitar el ataque al Capitolio, que algunos grupos de ultraderecha consideraron un éxito y emplean como herramienta de reclutamiento para ganar miembros, según el SPLC.

El último año de mandato de Trump, marcado por una gran convulsión nacional en torno al racismo sistemático, también alimentó teorías conspirativas racistas y la ideología nacionalista blanca, llevándolas al discurso político convencional, señaló el grupo.

Un sondeo del SPLC realizado en agosto reveló que el 29 por ciento de los encuestados dijeron conocer personalmente a alguien que creía que los blancos eran una raza superior. Además, el 51 por ciento de los estadounidenses pensaba que los saqueos y actos vandálicos registrados en todo el país en torno a las manifestaciones de Black Lives Matter eran un problema mayor que el uso excesivo de la fuerza por parte de la policía.

Las protestas por la muerte de George Floyd el pasado mayo a manos de la policía de Minneapolis provocaron un esfuerzo por convertir las elecciones de noviembre en un referendo sobre el supremacismo blanco. Enterrada entre las afirmaciones sin base de Trump sobre un fraude electoral generalizado estaba la realidad de que la participación de votantes negros e hispanos había jugado un papel clave en la victoria de Biden y la vicepresidenta Kamala Harris, la primera mujer y la primera persona de raíces negras y del sur de Asia que ocupa el cargo.

Durante su discurso inaugural, Biden hizo una firme repulsa del supremacismo blanco y el terrorismo interno, algo inusual para esa clase de discurso.

El SPLC hizo varias recomendaciones al nuevo gobierno en su último reporte. Pidió establecer oficinas en el Departamento de Seguridad Nacional, el Departamento de Justicia y el FBI para monitorear, investigar y procesar casos de terrorismo interno. También instó a mejorar el sistema de recogida de datos, formación y prevención de los departamentos federales de crímenes de odio, así como a introducir leyes federales que financien programas para prevenir el extremismo violento en lugar de modelos punitivos.

Las personas que apoyan el odio y la discriminación no siempre son miembros identificables de grupos de ultraderecha. Pero eso no significa que no puedan cometer actos violentos, dijo Christian Picciolini, antiguo extremista de ultraderecha y fundador del Free Radicals Project, un grupo que ayuda a la gente a desvincularse de organizaciones de odio.

Tampoco significa que no puedan abandonar el extremismo, señaló.

“Necesitamos tener una especie de aproximación doble para frenar lo que está ocurriendo ahora, pero también asegurarnos de que no estamos creando un problema para nosotros en el futuro, para comprender cómo se extiende la propaganda que está reclutando a esta gente”, dijo Picciolini.

“Ahora mismo, está en un formato muy de autoservicio en internet”, añadió. “Afrontamos un enorme problema”.