La posición de negación del CNA solo devela la preocupación desesperada que tienen por proteger sus intereses y sus multimillonarias ganancias a costa de la salud de las personas y del ambiente. Foto: Ilse Huesca, Cuartoscuro.

Por Viridiana Lázaro*

La estrategia del Consejo Nacional Agropecuario (CNA) para intentar anular el decreto presidencial que prohíbe el maíz transgénico y la sustitución progresiva del glifosato para 2024 resulta grave y reveladora pero no inusual, pues es bien sabido que la agroindustria busca salvaguardar sus intereses económicos a pesar de todo. En dicha estrategia se incluye una robusta campaña de marketing y comunicación, que más bien sería un intento de engañar a la población mexicana sobre las implicaciones que tiene el maíz transgénico y el herbicida glifosato a la salud y al ambiente, pues recordemos que este plaguicida fue considerado como probable cancerígeno por el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC) de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Pero eso no es todo, el CNA también ha considerado interponer 10 amparos. En total la ejecución de su estrategia suma la exorbitante cantidad de 12 millones de pesos mexicanos.

Es enervante que aún existiendo evidencia científica en más de mil 108 estudios científicos y otros repositorios de información que muestran los daños al ambiente y la salud  de las personas se siga promoviendo el uso del glifosato.

El CNA se niega a sustituir el glifosato, tal como lo ha declarado en diversas ocasiones. Aunque existe evidencia científica y la experiencia de diversos productores a pequeña, mediana y gran escala de que existen alternativas al glifosato y a otros plaguicidas altamente peligrosos, que les resultan viables, tanto económicamente, culturalmente, socialmente y sin dañar su salud ni la del ambiente, como por ejemplo:

El manejo integrado de plagas, que es la combinación de diferentes técnicas para alcanzar un equilibrio y evitar la aparición descontrolada de hierbas o insectos. Entre algunas de las técnicas se encuentran los policultivos que resultan ser una estrategia efectiva de manejo de “malezas” a largo plazo, además eleva el rendimiento total del cultivo hasta 25%. Proporciona una mayor flexibilidad para controlar las malezas debido a: la competencia por luz, agua y nutrientes (por ejemplo: el sombreado del suelo por el follaje de cultivos de cobertura como la calabaza); los procesos de alelopatía, en los que la secreción de sustancias químicas por las plantas afectan o inhiben el crecimiento a otras planta, entre otros efectos benéficos para la cosecha.

Otra opción es sembrar coberturas vegetales vivas de hábitos rastreros. Existen distintas especies de leguminosas que han probado tener alta efectividad para el control de arvenses. También se pueden utilizar bioinsumos e incluso recurrir al deshierbe manual, con tracción animal, o incluso con maquinaria ligera.

Por lo que la posición de negación del CNA solo devela la preocupación desesperada que tienen por proteger sus intereses y sus multimillonarias ganancias a costa de la salud de las personas y del ambiente. Prefieren mantener un modelo industrializado dependiente de los agroquímicos y transgénicos, aunque representan un riesgo enorme para la salud y el ambiente, pues se pone en riesgo la diversidad de variedades nativas conservadas en los campos que resultan fundamentales para la producción de alimentos en nuestro país, que son fundamentales para gozar de soberanía y autosuficiencia alimentaria.

Esta negación a transitar hacia prácticas más sustentables, como la agroecología ponen de manifiesto el desinterés por proteger a los pequeños y medianos productores pues al final, son ellos quienes sufren los costos del cambio climático que se ven reflejados, por ejemplo, en sequías e inundaciones extremas y que además se ve agravado con estas técnicas de agricultura industrial.

Estamos rebasando los límites planetarios y por eso es momento de cambiar. En agricultura, el verdadero progreso son la revaloración del trabajo campesino e indígena, el desarrollo y mejoramiento de las técnicas agrícolas sustentables, las prácticas agroecológicas para la protección de la agrobiodiversidad, la conservación de la fertilidad del suelo, el desarrollo de modelos locales, basados en las variedades tradicionales y los agroecosistemas.

Por tal motivo el decreto presidencial que prohíbe el maíz transgénico y el glifosato para 2024 publicado el 31 de diciembre del 2020 es un gran paso que nos acerca cada vez más a gozar de soberanía y autosuficiencia alimentaria en México. Se debe mantener e implementar urgentemente dando acompañamiento a las agricultoras y agricultores para que puedan realizar la transición a la agroecología de manera adecuada.

*Especialista en agricultura y cambio climático