Carlos Alfonso Corral tendrá que esperar aún a ver la reacción del público en la Berlinale del próximo junio o en una sala de cine. Sí ha compartido su película con algunos de sus personajes, ante los que la proyectó hace unas semanas.

Por Gemma Casadevall

Berlín, 1 mar (EFE).- El cineasta mexicano Carlos Alfonso Corral abrió la ronda de cineastas latinoamericanos de la 71 edición de la Berlinale con Dirty Feathers, un documental incluido en la sección Panorama que retrata “la grandeza, a veces oculta, del homeless (sintecho)”.

“Puede que un día te reciban con amor, porque están de buena onda, y que al siguiente no te quieran ni hablar. O te gritan. Todo eso está en mi película”, explicó en entrevista telemática a Efe este cineasta, nacido en 1989 entre El Paso (EU) y Ciudad Juárez (México) y afincado en Los Angeles.

Tan fronterizos como el origen del cineasta son los sentimientos de empatía o rechazo que, admite, pueden cruzarse en el espectador ante su filme, una coproducción estadounidense-mexicana. “En mí domina el amor. Ni la lástima ni el repudio. Pero no a todo el mundo le es igual de fácil este acercamiento sentimental”, admite.

Hay quien únicamente ve en personajes como los que retrata “la suciedad o la sordidez”; sin embargo, lo que mueve a este director es el ansia de transmitir “sus sueños, sus esperanzas y su corazón”, mostrar que “gente sin hogar no significa gente sin dignidad o proyectos”.

Sus personajes son seres como Brandon y Reagan, ambos adictos, embarazada ella de ocho meses; tras haber sido expulsados del albergue por sus reincidentes peleas, se buscan la vida en la calle. O veteranos que duermen bajo un puente, expresos, almas buenas y adolescentes; el eje común es que ninguno tiene un hogar.

“El rodaje me llevó poco tiempo, apenas 11 días, en 2016. De ahí salieron 14 horas de grabación; luego las fui madurando hasta que recién hace unas semanas terminamos el montaje”, explica este realizador ante el estreno de su filme que, por imperativo de la pandemia, se hará en el segmento virtual de la Berlinale.

Entre los homeless de El Paso hay negros, hispanos y “algún blanco”. En ellos se mezclan acentos, del mismo modo que tras ellos se cruzan sonidos de jazz, boleros, rap y algún clásico.

Algunos frecuentan el Opportuny Center, el albergue para sintecho de El Paso. Otros “esquivan todo lo que consideran una autoridad, incluida la caritativa” y prefieren la calle.

“Dirty Feathers” los retrata “como lo que son: gente con los bolsillos vacíos”, que apuran como un tesoro medio cigarrillo y a los que sus conciudadanos que sí tienen casa mirarán con desprecio.

DE LO VIRTUAL A LA EXPERIENCIA COMPARTIDA

Es el primer largometraje de Carlos Alfonso Corral tras los cortos Pie Edad (2008), Guilt Youth Hymns (2010) y Twilight Tracers (2018). Con cintas anteriores estuvo ya en plazas europeas como Cannes y Venecia; aspira ahora a asistir al segmento presencial de la Berlinale, programado para junio.

“Claro que no es lo mismo que nos hablemos por zoom y que presente mi película a personas sentadas ante la computadora a que lo haga en la sala del cine, compartiendo la experiencia”, explica. Su película, de 75 minutos y en riguroso blanco y negro -“es mi forma de expresión”, dice este cineasta, originariamente fotógrafo-, está “imaginada” para ser compartida.

Es un filme surgido tras la muerte de un pariente que vivía en la calle. La pieza fundamental para culminarlo es Roberto Minervini, productor que le ha acompañado en toda su carrera.

Carlos Alfonso Corral tendrá que esperar aún a ver la reacción del público en la Berlinale del próximo junio o en una sala de cine. Sí ha compartido su película con algunos de sus personajes, ante los que la proyectó hace unas semanas.

“Fue hermoso y a la vez triste. Me recibieron con corazón y amor. Pero algunos de ellos ya no estaban ahí, su vida había cambiado, uno había muerto”, cuenta. Brandon y Reagan tuvieron su bebé, pero quedó bajo custodia de las autoridades de protección de menores.

MÉXICO, TAMBIÉN A COMPETICIÓN

Dirty Feathers se incluyó en la sección Panorama, segunda en importancia de la Berlinale tras la oficial a competición. Entre quienes sí lucharán por los Osos está el mexicano Alonso Ruizpalacios, con Una película de policías.

Será el regreso del cineasta a la competición de ese festival europeo, tras haber ganado hace tres años un Oso de Plata al mejor guion con Museo, sobre el expolio artístico en México e interpretada por Gael García Bernal. A medio camino entre el documental y la ficción, Una película de policías denuncia de la corrupción policial en México.