Carlos Urani Montiel Contreras, maestro en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez y cofundador de Juaritos Literario, habla sobre la importancia de investigar y difundir la literatura. 

Ciudad Juárez, Chihuahua, 1 de junio (SinEmbargo).- Amalia, Alejandra, Urani, integrantes de Juaritos Literario, recorren las principales arterías de Juárez, en Chihuahua, para difundir la cultura. Su objetivo es preservar el patrimonio escrito sobre la ciudad fronteriza.

Los jóvenes que integran el proyecto de investigación literaria van a los sitios que aparecen en novelas y poemas. Y ahí, bajo el sol lapidario que golpea a México y Estados Unidos, hablan ante una multitud.

En entrevista para SinEmbargo, Carlos Urani Montiel Contreras, maestro en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez y cofundador del proyecto, habla sobre la importancia de investigar y difundir la literatura.

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–Cuéntanos sobre lo que hace Juaritos Literario.

–Nos referimos al proyecto como Juaritos Literario con cariño. Es un proyecto de investigación que se llama Cartografía Literaria de Ciudad Juárez, que también es el título de nuestro más reciente libro, en el cual se concreta la iniciativa del proyecto, desde la conceptualización del objeto de estudio hasta la metodología. Los resultados son las propias rutas literarias que hacemos. Cada ruta literaria, además de cumplir con las exigencias que requiere un circuito, tiene una investigación de fondo para que la interacción con los caminantes sea amena y que esté bien informada y documentada. Nos preocupan los tours que se hacen en Ciudad Juárez y tienen fuentes que no son confiables.

Nuestro proyecto tiene 3 años y medio, casi cuatro. La primera salida que encontramos fue en un blog. Tenemos el sitio en internet, juaritosliterario.com, donde escribimos las reseñas sobre nuestros objetos de estudio. Las preguntas que nos hacemos son cómo es que llegó el libro a nosotros, dónde se escribe, quién lo publica, si se puede conseguir… Una característica de la literatura juarense es que no se puede encontrar. Están en bibliotecas, en archivos. Muchos de los libros vienen del otro lado de la frontera. La biblioteca de Austin, en Texas, y toda la franja hasta Arizona, gracias a un sistema de préstamo bibliotecario. A veces esas peripecias también las contamos en las reseñas, después ya viene nuestra opinión: qué es lo que sentimos al leer el libro. Nuestra formación es filológica. Tratamos de dar cuerpo, sentido y utilizar algunos conceptos teóricos en cada una de las reseñas. Al final tiene que ver con la experiencia urbana de la lectura. El criterio principal para seleccionar un libro, es que Ciudad Juárez aparezca mencionado, ya sea de forma general o específica, como poner el nombre de la calle, la avenida, el sitio, los puentes, las maquilas. Nosotros tratamos de verificar si la imagen construida en el libro corresponde o no con la imagen que tienen los habitantes de Ciudad Juárez.

Cada una de estas reseñas es escrita por los miembros del colectivo. Éramos tres en un principio y escribíamos cada 3 o 4 días, y de pronto ya no teníamos tiempo para seguir escribiendo, entonces hicimos la convocatoria abierta para que cualquier persona pudiera escribir. Somos profesores y tenemos estudiantes que desean pasar sus materias con puntos extra, eso ha funcionado mucho: actualmente hay más de 50 reseñistas en el blog.

Yo no soy juarense. Desde hace siete años resido en la frontera. Hay lugares que he conocido a partir de los libros.

La literatura en las calles. Foto: Juaritos Literario.

La frontera de las letras. Foto: Juaritos Literario.

–¿Cuántos forman parte del colectivo?

–El colectivo siempre ha sido de tres personas. Al principio estaba Antonio Rubio. Él actualmente es maestro en Estudios Literarios y escribe poesía. En algún momento él decidió dar prioridad a su vida como creador que como académico. Él decidió dejar el proyecto y entró Alejandra Gómez, maestra en Literatura por parte del Colegio de San Luis. Amalia Rodríguez es maestra en Estudios Literarios. El libro está escrito por Amalia, Antonio y yo. Es un libro que terminamos el año pasado. La última de nuestras rutas, de los Fundadores, todavía no está incluida en el texto.

–Cuéntanos sobre el libro y las rutas.

–El libro está dividido en tres capítulos. En el primero hablamos del patrimonio literario de la frontera. Por estar en el borde del país, se tiene mucha influencia y contacto con lo que se produce en Estados Unidos. Esto le pasa a Tijuana y a Ciudad Juárez. Lo cierto es que a veces hay cosas muy artificiales. ¿A qué me refiero? Al burro pintado de blanco para aparentar que es una cebra. Una de las avenidas más importantes de Juárez es Las Américas. Entra alguien de Estados Unidos para acá y hay una pirámide simulando las culturas prehispánicas que están en el centro del país… De pronto se cree que el patrimonio de las fronteras no existe o se mueve mucho. Entonces en un principio nos dedicamos a preguntarnos si existe la literatura juarense y qué entendíamos por literatura juarense. Nosotros trabajamos con ese patrimonio intangible y le tratamos de dar dimensión, una dimensión asequible y material. El primer capítulo es sobre el patrimonio literario de Ciudad Juárez. El segundo capítulo es un cuadro conceptual en el que encontramos cuatro diferentes cuestiones a partir de las recurrencias de las mismas obras: coordenadas específicas (que uno puede ir al mapa y encontrar el lugar); después siguen los lugares insignia, a los que llamamos así por ser sitios que pueden ser mencionados pero pueden ser cualquiera, por ejemplo, la maquila (hay muchos personajes que salen de la maquila en la obras literarias y al autor no le interesa decir cuál maquila es); también están los elementos simbólicos, es cuando los autores utilizan ciertas imágenes para representar otras, y los procesos de cambio. Finalmente, el capítulo tres contiene las rutas literarias. Son cinco rutas literarias las que hemos realizado. Ahí viene la justificación para realizarlas y viene explicada cada una de las paradas. Queremos que la gente que lea nuestro libro, tenga la posibilidad de acercarse a las rutas y que las realicen por sí mismos. Cada ruta va a acompañada por un mapa.

Una de las rutas. Gráfico: Juaritos Literario.

–¿Cuál es la importancia de un proyecto como este en Ciudad Juárez?

–En un principio tuvimos la inquietud de que el trabajo académico, el que se realiza atrás del escritorio, no trasciende. Por eso pensamos que teníamos que ponerlo en las calles. El proyecto es una iniciativa de difusión de la lectura. Queremos que el ciudadano lea y se acerque a los libros. El índice en Chihuahua, en ese aspecto, el de la lectura, es el más bajo en toda la República. Además, con el tiempo hemos visto a gente que se siente identificada con su Ciudad… Una vez le preguntaron a un juarense que qué era lo más bonito de Ciudad Juárez y este dijo que El Paso, Texas. No hay una identificación, no hay un arraigo, no hay identidad. Bueno, no es que no haya, pero no es tan fuerte como en la Ciudad de México. Los encargados de difundir la literatura desatienden lo regional. Hemos tratado que en la Universidad de Ciudad Juárez haya una materia sobre la literatura del norte, como ocurre en las otras ciudades de la franja fronteriza. Los estudiantes de Juárez no conocen su literatura. El trabajo sí está destinado a un público abierto, no formado en la academia, pero también tiene la idea de formar a los estudiantes. Ese es el objetivo social del proyecto.

–¿Por qué dejar la Ciudad de México para venir acá?

–La dejé tiempo atrás. La dejé durante el doctorado. Obtuve una beca por parte del Gobierno de Ontario, hace como 12, 13 años. Terminé la licenciatura en la UAM Iztapalapa, estudié Letras Prehispánicas. Cuando terminé me fui a Canadá. Después solicité una beca al Conacyt. Las becas del Conacyt traen en letras chiquitas que tienes que regresar al país. Volví a la Ciudad de México y empecé a buscar trabajo. Después de tantos años fuera del país, ya no tenía cuarto… La única convocatoria que estaba abierta en ese tiempo, era la de Ciudad Juárez. Metí papeles. Cuando resulto seleccionado, se peleaba mi plaza entre dos profesores, entonces me pidieron que viniera a Juárez. La imagen de Juárez es muy negativa, por eso mi familia me dijo que no viniera. El foco de la violencia estaba acá, en el norte, pero yo necesitaba trabajo. Yo soy del Estado de México y me pareció que algunos lugares en mi barrio son más peligrosos. Nunca me sentí amenazado. Me pareció un buen sitio para trabajar.

–¿Cómo ha sido enfrentarte a Ciudad Juárez?

–No he tenido ningún problema. El calor es lo más difícil de soportar. Creo que sí existe el antichilanguismo. Lo he estado investigando. A veces sí se siente a nivel laboral. No les gusta que estudié literatura local. Aquí hay muchos que la estudian y la hacen, y creo que hay un conflicto de interés ahí.

–Nos gustaría saber tu opinión sobre los cambios en el país. ¿Hacia dónde va México?

–Nunca he votado. Estuve a punto de hacerlo hace un año, pues escuchaba seguido los discursos de López Obrador, pero hacia el cierre de campaña, creo que a él le dio miedo perder de nuevo y comenzó a meter en sus filas a gente que no debería estar, del ámbito artístico y político. Ahora me da miedo ver cómo el teatro quedó desfavorecido. Hay incertidumbre sobre qué va a pasar con muestras estatales. La cultura ha sido vapuleada. Es difícil decir qué va a pasar. Celebro la alternancia. Ya era tiempo de que salieran el PRI y el PAN, pero no veo un diseño de Gobierno que favorezca a las entidades artísticas.

Las letras de Ciudad Juárez en la calle. Foto: Juaritos Literario.