A la presente fecha, el proyecto conlleva previsibles daños ambientales. Foto: Cuartoscuro.

Por Roberto Miguel Sánchez Campos*

El Tren Maya es un proyecto carente de estudios de impacto ambiental. Un peligro para el peculiar sistema de cenotes y por el cual organizaciones indígenas y civiles acuden ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Al pensar en la península de Yucatán, la polución del agua se siente ajena, pues el acceso a esta es a través del sistema de cenotes (acuífero subterráneo), no visible. Sin embargo la contaminación del agua subterránea es un tema presente, por ejemplo, se ha señalado que el 60% de los cenotes están contaminados con basura y materia fecal. Ahora surge otra amenaza, el denominado “Tren Maya”.

La península de Yucatán posee un suelo kárstico, caracterizado por ser altamente permeable y susceptible a la acción humana. Además, podemos encontrar el llamado “sistema de cenotes”, principal fuente de agua en la península que forma parte del 32 por ciento de la recarga de agua de todo México y que hasta la presente fecha es parte de la vida y cultura de las comunidades mayas.

Entre los agentes que producen la contaminación, se pueden destacar el pésimo manejo de residuos, por la falta de alcantarillado y el vertimiento directo de aguas negras al acuífero; la agroindustria, producto de los cultivos de soya transgénica y fumigaciones aéreas; el turismo de multitudes y otros megaproyectos. Recientemente, Greenpeace publicó un estudio donde constató la alarmante contaminación que genera la industria porcina. También indica que de las 257 granjas que operan en la Península de Yucatán, solo 22 cuentan con estudios de impacto ambiental, los cuales son fundamental para conocer los daños que se generarán en el ambiente por implementar estos y otros proyectos.

Ahora bien, para comprender por qué el Tren Maya implica una amenaza al sistema de cenotes, es importante entender que el proyecto no se limita a la construcción de vías férreas, sino que incluye la creación de nuevas ciudades, desarrollos turísticos, incremento de 3 a 4 millones de turistas y parques agroindustriales. En ese sentido, el Tren Maya al implicar una mayor contaminación de la ya existente, representa una amenaza al agua, el equilibrio ecológico de la península y la subsistencia de las comunidades. Tanto el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) como la Comisión de Asuntos Frontera Sur de la Cámara de Diputados, han emitido documentos en los cuales se hace constar los efectos negativos que tendrá el Tren Maya sobre el acuífero subterráneo.

A la presente fecha, el proyecto conlleva previsibles daños ambientales. Aún no cuenta con estudios de impacto ambiental que hagan saber la magnitud de los daños, incluso el gobierno ha manifestado la posibilidad de exentar al proyecto de dichos estudios, a pesar de ser una obligación nacional e internacional.

El pasado 16 de mayo, la Asamblea de Defensores del Territorio Maya Múuch Xíinbal y el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible solicitaron a la CIDH medidas cautelares para proteger el sistema de cenotes. De dicho sistema dependen el derecho al agua, a un medio ambiente sano y el territorio de los pueblos mayas de la península.

El Gobierno federal debe realizar un estudio de impacto ambiental en donde se conozcan los riesgos y daños que generaría el Tren Maya al sistema de cenotes, de lo contrario no puede asegurar que no habrán afectaciones, aún menos con un proyecto que trae más de lo mismo. Comunidades mayas hablan y exigen el respeto a su derecho a los cenotes frente a un proyecto que dice beneficiarles, que se erige con la lógica de la otredad, desde arriba, con la imposición de un modelo de “desarrollo” sin preguntar lo que realmente los pueblos quieren. Para la CIDH es una oportunidad para garantizar la preservación del sistema de cenotes y la subsistencia de comunidades mayas.

*Es miembro del equipo de defensa legal de la Asamblea de Defensores del Territorio Maya Múuch Xíinbal.