La niña Paulette vivía en el fraccionamiento a ubicado en Paseo del Ciervo 11 en la colonia Hacienda del Ciervo. Foto: Cuartoscuro.

+ Falta de ética de productora Dynamo

        + Guionistas comodinos

– Sí, yo sé dónde se encuentra Paulette, y solamente se los diré si me ayudan, de forma legal, para que yo no tenga ningún problema con la justicia… tengo el temor de irme a la cárcel…estoy desesperado…

Esta frase. Esta confesión rotunda, inapelable, que hizo Mauricio Gebara, padre de la niña Paulette Gebara Farah, cuando su hija aún estaba desaparecida, es la parte más importante y fundamental para entender, hasta ahora, el caso Paulette. Es la piedra angular de este episodio dramático que se ha vuelto a revivir y que viene incluido en mi libro Paulette. Lo que no se dijo. (Editorial Santillana/Aguilar. Página 29. Martín Moreno. 2010). Vamos: sin esta revelación, la desaparición de la menor no podría comprenderse ni mucho dimensionarse: sus propios padres fueron los responsables de desaparecer a la niña. Ese es el hecho consumado.

La confesión de Mauricio fue pública gracias a mi libro. Ningún(a) periodista logró descubrirla, comprobarla o documentarla, ni tampoco aclarar el caso, como sí se hizo en las páginas de mi libro, por el cual recibí amenazas y hostigamientos, pero que nunca dudé en publicar, respaldado siempre por la valentía de mi editor, César Ramos, y las cabezas de la editorial en ese entonces: Fernando Esteves, Patricia Mazón y Carlos Ramírez Vilela. México se enteró que los papás de la niña habían sido los culpables de la desaparición de Paulette, gracias exclusivamente a ese libro. (Así lo confirmó la madre, Lisette –“él lo planeó todo”-, confesión incluida en la página 32).

Jamás pudieron desmentirme. El entonces Procurador de Justicia del Estado de México y exfiscal del caso Paulette, Alfredo Castillo, me envió, a través de una tercera persona, una invitación para reunirnos. “Sí, nos reuniremos, pero en la Ciudad de México, en un restaurante concurrido y con la presencia de un testigo de calidad. Yo a Toluca no voy por carretera. No quiero que se me cierre un tráiler”, le respondí con el emisario. Castillo ya no insistió.

Pues bien. Esa confesión de Mauricio –“yo sé dónde se encuentra Paulette”–, que, insisto, es el corazón de la historia. La confesión absoluta, aclaratoria, fue fusilada, tal cual, dentro de la serie Historia de un crimen. La búsqueda. Inspirada en hechos reales, sin darle el crédito correspondiente a mi libro. No la sacaron de otra parte, ya que la confesión de origen solo está dentro de mi investigación. Otros medios –en trabajos periodísticos o entrevistas con el autor– pudieron también haber reproducido extractos, pero siempre citaron como fuente a mí libro. La serie no lo hizo.

Pero no solo eso: los productores y guionista de la serie –que se transmite a través de la plataforma Netflix– también se fusilaron diversas informaciones contenidas en mi libro, y que detallo más adelante.

Así, la productora “Dynamo” (Productores Ejecutivos: Andrés Calderón, Juan Uruchurtu y Santiago Limón), y los guionistas Santiago Limón, Fabián Archondo y Silvia Jiménez, se fusilaron de mi libro los pasajes principales que dan sustento a la serie, como la confesión de Mauricio, o que la muerte de la niña había ocurrido entre tres y cinco días antes de haber sido hallada al pie de su cama (su cadáver fue encontrado hasta el décimo día de denunciada su desaparición), entre otras escenas, y no tuvieron la ética de citar la fuente original que, aunque era serie, está basada en hechos reales, como la misma serie lo anuncia.

Para acabar pronto: sin las escenas basadas en el libro, la serie hubiera carecido de sentido por la relevancia que tenía la información extraída de Paulette, lo que no se dijo.

Qué fácil para la productora “Dynamo” y para Limón, Archondo y Jiménez, sentarse comodinos detrás de un escritorio y sin pudor, explotar la obra literaria de cualquier periodista que trabaja, investiga, recibe amenazas y hostigamientos, comprueba, escribe y publica, y que, con la mano en la cintura, comienzan a “escribir” un guion emanado del trabajo ajeno. No se vale. De verdad no se vale.

Es cuestión de ética, señores de “Dynamo” y guionistas.

ÉTICA.

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Aquí, las pruebas de las escenas de la serie basadas en mi libro:

1. Capítulo 1. Minuto 15´31. Escena: cuando un perito se lleva la sábana de la cama de Paulette. Página del libro: 19.
2. Capítulo 2. Minuto 22´. Escena: se encuentra mariguana en la camioneta de Amanda de la Rosa. Página del libro: 52.
3. Capítulo 2. Minuto 35´. Escena: “El procurador ya tiene un culpable”. Página del libro: 40.
4. Capítulo 3. Minuto 27´. Escena: confesión de Mauricio Gebara. Página del libro: 29.
5. Capítulo 4. Minuto 1´05. Escena: “Todo parece indicar que la niña llevaba muerta entre 3 y 5 días”. Página del libro: 93.
6. Capítulo 4. Minuto 31´. Escena: nuevamente se menciona que Paulette había muerto entre 3 y 5 días antes. Página del libro: 93.
7. Capítulo 5. Minuto 1´15. Escena: la sábana se la llevó un guardaespaldas de Castillo. Página del libro: 19. (Escolta Olinsser Castillo).
8. Capítulo 3. Minuto 24´30. Escena: Procurador Alberto Bazbaz se coloca bata y guantes para entrar a la recámara de Paulette. Página del libro: 68.
9. Capítulo 5. Segundo 40. Escena: Bazbaz manda llamar al FBI. Página del libro: 69.
10. Capítulo 5. Minuto 18´10. Escena: nuevamente se menciona que Paulette había muerto entre 3 y 5 días antes. Página del libro: 93.
11. Capítulo 6. Minuto: 15´. Escena: nuevamente se menciona la confesión de Mauricio Gebara. Página del libro: 29.
12. Capítulo 6. Minuto 23´34. Escena: nuevamente se menciona la confesión de Mauricio Gebara. Página del libro: 29.

Hasta aquí, los fusiles de la serie extraídos de mi libro.

                    *****

Como se comprueba, sin la información de mi libro, la serie Historia de un crimen. La Búsqueda, inspirada en hechos reales, no hubiera tenido estructura ni forma. Habría sido, simplemente, una serie extraviada y sin esencia.

Sin la confesión de Mauricio Gebara, la serie habría sido una gallina descabezada. Sin rumbo. Por algo la mencionan hasta en tres ocasiones dentro de la serie: por su innegable relevancia.

Varios colegas han utilizado la información de mi libro para hablar del caso Paulette, pero siempre han tenido el profesionalismo de citar la fuente original. La serie citada, no lo hizo.

Pudieran decir –como periodista y autor del libro, he consultado a abogados especializados en el tema– que no están obligados a citar la fuente original de sus episodios al ser una serie la que presentan.

(Sin embargo, en el libro, la editorial advierte: “Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en o transmitida por un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia o por cualquier otro, sin el permiso previo, por escrito, de la editorial”).

Sirva esta columna como antecedente para que se respete el trabajo de los periodistas que, si bien es nuestro trabajo, investigan, comprueban, escriben y se arriesgan publicando los abusos de poder en México, mientras otros llegan y sin ética alguna se fusilan su trabajo sin cuidado ni pudor. Que para trabajos futuros concretamente sobre el caso Paulette, incluidos documentales, se tome en cuenta que sin citar a mi libro, es prácticamente imposible contar y comprender esta historia. Este caso no se explica ni se entiende, de hecho, sin el libro Paulette, lo que no se dijo.

Es –insisto– cuestión de ética, señores de la productora Dynamo y guionistas Santiago Limón, Silvia Jiménez y Fabián Archondo, haber citado la fuente original de los fragmentos de mi libro a los que recurrieron para construir su serie.

ÉTICA, señores.

TW @_martinmoreno

FB / Martin Moreno

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