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Sandra Lorenzano

01/08/2021 - 12:03 am

Poetisa es una palabra dulce

Tamara Kamenszain fue ensayista, profesora, periodista cultural, pero sobre todo poeta.

Los libros de Tamara Kamenszain son pequeñas joyas en las que el entretejido entre memoria y lenguaje forma una filigrana siempre sutil y delicada. Foto: Centro Cultural Elena Garro.

Cuando una poeta muere solamente sus palabras tienen sentido. Los demás guardamos silencio. Descanse en paz Tamara Kamenszain (Buenos Aires, 9 de febrero de 1947 – 28 de julio de 2021).

Sólo una pequeña nota biográfica: Fue ensayista, profesora, periodista cultural, pero sobre todo poeta; se la considera parte de la generación de los neobarrocos junto con Arturo Carrera y Néstor Pelongher, si bien su obra se fue decantando hacia una claridad profunda y sugerente. Sus libros son pequeñas joyas en las que el entretejido entre memoria y lenguaje forma una filigrana siempre sutil y delicada.

Entre sus libros de poemas destacan De este lado del Mediterráneo (1973), Los No (1977), La casa grande (1986), Vida de living (1991), Tango bar (1998), El Ghetto (2003), Solos y solas (2005), El eco de mi madre (2010), El libro de los divanes (2015). La novela de la poesía (2012) reúne su obra poética. Pocos días antes de su muerte había aparecido el libro Chicas en tiempos suspendidos (2021). Vale la pena mencionar, entre sus libros de ensayo y crítica: Historias de amor y otros ensayos sobre poesía (2000). La boca del testimonio. Lo que dice la poesía (2006), Una intimidad inofensiva. Los que escriben con lo que hay (2016) y Libros chiquitos (2020). El libro de Tamar (2018) es, por su parte, una bellísima incursión en la narrativa a partir de un pequeño poema que su marido, el también escritor Héctor Libertella, le dejara por debajo de la puerta cuando ya llevaban tiempo separados. Un novelista que escribe su único poema para una poeta que le responde con su única novela.

Tamara, quien se exilió en México durante la dictadura argentina, mantuvo siempre un vínculo de amor y agradecimiento con en este país. Aquí, decía, había abierto los ojos a la diversidad de la literatura latinoamericana, y al feminismo, gracias a las amigas mexicanas. Escribió en su último libro:

Poetisa es una palabra dulce

que dejamos de lado porque nos avergonzaba

y sin embargo y sin embargo

ahora vuelve en un pañuelo

que nuestras antepasadas se ataron

a la garganta de sus líricas roncas.

Los invito a leerla; no hay mejor homenaje para quien tuvo las palabras como pasión y compromiso de vida. Quienes hemos salido transformadas por cada uno de tus libros, te vamos a extrañar, Tamara.

*

Esto no lo conté nunca a ninguno de los analistas:
en el colegio primario judío veíamos todos los años
la misma película de los campos de concentración nazi
esa donde unos cadáveres vivos cavan la fosa
después tiran adentro los huesitos de sus muertos
y después todavía son obligados
a empujarse a sí mismos suicidados por otros
que los fusilan para que de tan livianos caigan
sin comerla ni beberla.
No sé pero todavía hoy cuando un taxista dice
algo sobre los judíos me callo
no vaya a ser que por el espejo retrovisor descubra
que yo también estoy al borde de esa fosa.
Por eso no opino por eso me escondo
detrás de la primera persona.

 

*

Para armar un libro hay que hacer
como las modistas que cosen
siempre del lado de adentro
y cuando dan vuelta la tela esas costuras
que ellas trabajaron confiadas
desaparecen para dejar ver
un aceptable
lado de afuera.

 

*

Sentada al borde de la memoria de ella
me archivo como puedo en ese olvido que la trabaja
entre nosotras las palabras se acortan
ella no habla yo dejo de decir lo que decía
la dejo que no diga para no avergonzarla
juntas vamos armando un presente que no dura
en ese instante precoz mi madre se queda sola
porque yo como los tontos elijo seguir de largo
creo que a futuro todo me espera
mientras nadie a ella le da esperanzas
así separadas nos vamos juntando
la que oyó mi nacimiento me sienta en el borde
para hacerme escuchar por ella el anticipo de su muerte
vienen y van nuestros pasados compartidos
van y vienen nuestros futuros distanciándose
ella no sabe lo que yo no sé me pregunta ¿yo qué hago?
le contesto comé vestite dormí caminá sentate
el chirrido de su robot le hace caso por hoy
a ese minimalismo que habrá que reprogramar mañana.

“¿Sucederá que vea
extenderse el desierto
hasta que también le falte
la caridad feroz de los recuerdos?”
se pregunta Ungaretti en El cuaderno del viejo
mientras mi vieja se aleja encorvada
hacia el desierto público de su desmemoria
desde la cabecera de la cama doble la interrogan dos retratos
pero ella no encuentra la contraseña
quiero guiarla pero se le suelta la lengua
es tu mamá es tu papá
¿te acordás cómo se llamaban?
Avanza protegida por lo que no dice su amnesia
y me pierde a mí en otro idioma
nos encuentran sueltas nuestras maternidades adoptivas
soy ahora por ella la hija que crece sin remedio
para dejarla decrecer tranquila entre mis brazos
así juntas nos vamos separando
trabajamos hasta el borde un abismo de sonrisas
porque hay otras fotos
y ella bien puede no acordarse de mí pero no importa
entre mi nacimiento y su muerte la de la alegría fotogénica
ésa que me legó generosamente un parecido
todavía está viva y nada le impide
seguir siendo mi madre.

 

*

¿Ya hablé de la muerte?
murió mi hermano
murieron mis padres
murió el padre de mis hijos
tantos amigos murieron
y dije y digo que no están más.
¿Eso es hablar de la muerte?
Dejé anotado que se fueron
Les dediqué libros los nombré
por sus nombres me anoticié
de que nadie me contestaba.
¿Eso es hablar de la muerte?
Ensayé todo lo que pude
insistí con estribillos ajenos
“debajo estoy yo” “debajo estoy yo”
pero Pizarnik ya había nacido
enterrada Alejandra Alejandra
se hizo llamar desde chica
y eso sí que es hablar de la muerte.
Yo solamente la cito
porque nací en una generación
y eso no es hablar de la muerte
si el cuerpo camina solo
plegarse con otros al paso del tiempo
es un deporte literario:
“La muerte y la vida estaban
En un cuaderno a rayas”.

 

  

Sandra Lorenzano
Es “argen-mex” por destino y convicción (nació en Buenos Aires, pero vive en México desde 1976). Narradora, poeta y ensayista, ha sido miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Actualmente se desempeña como Directora de Cultura y Comunicación Social de la Coordinación para la Igualdad de Género (UNAM). Creó y condujo durante seis años el programa de radio “En busca del cuento perdido” (Horizonte/IMER), así como los programas de televisión "Las otras voces" (TV UNAM) y "Pasiones y obsesiones. Secretos del oficio de escribir" (Rompeviento TV). Ha publicado las novelas Saudades (FCE), Fuga en mi menor (Tusquets), La estirpe del silencio (Seix Barral), y El día que no fue (Alfaguara, 2019), así como los poemarios Vestigios (Pre-Textos) y Herencia (Vaso Roto, 2019), y varios libros de ensayo.
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