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Diego Petersen Farah

01/10/2021 - 12:02 am

Revocación, ratificación, representación

López Obrador lo que busca es que lo vuelvan a votar para llegar a la sucesión presidencial en pleno poder, con el respaldo popular ratificado y generar una sucesión lo más conveniente posible a sus intereses.

El fortalecimiento de la figura presidencial en el año cuatro tiene como objetivo la continuación de la visión de Gobierno. Foto: Margarito Pérez, Cuartoscuro.

Hacer un ejercicio de revocación de mandato sin que exista una causa justificada es, en el mejor de los casos, un acto político para fortalecer al Presidente cuando no de autoafirmación del ego. Lo más probable es que sea una mezcla de ambos: López Obrador lo que busca es que lo vuelvan a votar para llegar a la sucesión presidencial en pleno poder, con el respaldo popular ratificado y generar una sucesión lo más conveniente posible a sus intereses.

La oposición se ha debatido sobre si participar o no en el ejercicio al que el Presiente ya le puso fecha, independientemente de los que decidan las autoridades competentes, en este caso el INE. Quien argumenta a favor de la participación ve en este ejercicio revocatorio la posibilidad de mandar un mensaje de rechazo al Presidente y mostrar hasta donde podría llegar la oposición si se mantiene unida, si la opción es binaria. Otra parte de la oposición argumenta que participar en el ejercicio revocatorio es hacer el juego al Presidente, entrar al terreno que él quiere. No saltar a la cancha y dejar solo a Morena y sus aliados en este ejercicio subiría al Presidente y su partido a la báscula; lo que sea que pesen, sus fortalezas y debilidades, quedará al desnudo ese día.

El fortalecimiento de la figura presidencial en el año cuatro tiene como objetivo la continuación de la visión de Gobierno, eso que el Presidente en su grandilocuencia llama un “nuevo régimen”. Los grandes enemigos de López Obrador ven en ello una intención de reelegirse; los menos mal pensado creen que se trata es de la construcción de un Maximato reloaded, una especie de régimen político sintetizado magistralmente en la frase “aquí vive el Presidente, pero el que manda vive enfrente”.

La afirmación de López Obrador de “no necesito estar porque Claudia me representa” abona a esta hipótesis. En nadie se ve a sí mismo el Presidente como en Claudia Sheinbaum y nadie entre las corcholatas representa la continuidad, no solo de la visión de Gobierno sino del mismo Presidente, como ella. Las cotidianas adulaciones y muestras de favoritismo hacia la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México son al mismo tiempo la fortaleza y la debilidad de Claudia. No solo la ponen adelante en la carrera presidencial también la colocan en el centro de la diana, en la mira de todos los políticos en edad de merecer que saben que es ella la candidata a vencer y por tanto la persona a golpear (el “escándalo” de la beca de su hija es una muestra palpable de ello). Cada día más será difícil para la Jefa de Gobierno tomar distancia de las políticas del Presidente.

¿La revocación del 22 es un ejercicio de músculo para la ratificación por interpósita persona del 24? Nadie duda que el Presiente lo desee, entre otras cosas porque todos los presidente poderosos lo han intentado –Lázaro Cárdenas, Miguel Alemán, Luis Echeverría, Carlos Salinas– pero en nueve décadas ninguno lo ha logrado.

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